Las aguas subterráneas y peligroso descenso

Debido al aumento de la demanda de agua para consumo humano y para la producción agrícola, el volumen de las aguas subterráneas de todo el mundo se encuentra en preocupante descenso. Los ecosistemas fluviales están amenazados por la menor cantidad de lluvias, el calentamiento global y, a largo plazo, por el crecimiento demográfico.

Una tercera parte de la población mundial depende de las aguas subterráneas para el abastecimiento de este elemento tan esencial. Las aguas subterráneas son, además, la fuente de agua dulce más grande del mundo. Reciben el agua de las lluvias que se filtran a través del suelo. A partir de ahí, llega al material rocoso y, después, a los arroyos, lagos y océanos. Su peligroso descenso está amenazando a los ecosistemas fluviales de todo el mundo.

Desde la década de los sesenta las temperaturas han aumentado de manera paulatina y global. Una situación que ha hecho crecer la demanda mundial de agua tanto para las necesidades del ser humano como para plantas y animales. Y, por tanto, también ha aumentado el uso del agua subterránea en las capas freáticas.

La necesidad de las aguas subterráneas

El agua subterránea es el recurso de agua dulce más grande del mundo y es de vital importancia para el riego. Por lo tanto, es vital para la seguridad alimentaria mundial. El bombeo insostenible de aguas subterráneas ya excede la recarga de las precipitaciones y los ríos. Esto provoca caídas sustanciales en los niveles de las aguas subterráneas y pérdidas de aguas subterráneas por su almacenamiento, especialmente en regiones de regadío intensivo.

Cuando bajan los niveles de las aguas subterráneas, las descargas de las aguas subterráneas a los arroyos disminuyen. Entonces, se invierten en la dirección o incluso se detienen por completo, lo que disminuye el flujo de los arroyos. Esto tiene efectos potencialmente devastadores en los ecosistemas acuáticos. Vinculamos las disminuciones en los niveles de agua subterránea que resultan del bombeo con las disminuciones en el caudal de los arroyos a nivel mundial. Estimamos dónde y cuándo los caudales de arroyos ambientalmente críticos, que se requieren para mantener ecosistemas saludables, ya no se mantendrán.

Estimamos que, para el año 2050, se alcanzarán los límites de caudal ambiental para aproximadamente el 42% al 79% de las cuencas hidrográficas. Hablamos de cuencas en las que hay bombeo de agua subterránea. Esto ocurrirá generalmente antes de que se experimenten pérdidas sustanciales en el almacenamiento de aguas subterráneas. Solo se necesita una pequeña disminución en el nivel del agua subterránea para afectar el flujo de los arroyos. Esto hace que nuestras estimaciones sean inciertas. 

Imágenes del estudio

A partir de imágenes obtenidas de observaciones con satélites, la NASA ha demostrado una caída en los niveles freáticos a lo largo del mundo. Desde China, Estados Unidos e India, pasando por regiones de todos los continentes. Una situación que desde hace años diferentes estudios ya habían analizado y anticipado.

A esas imágenes se añade un estudio publicado en la revista ‘Nature’ y realizado por el Instituto de Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente de Friburgo. En él, se establecen unos niveles muchos más graves que las estimaciones previas sobre el descenso de las aguas subterráneas.

Según este estudio, en los últimos diez años las cuencas fluviales descendieron entre un 17% y un 21%. Una cifra que para el año 2050 se prevé que aumente considerablemente a entre un 42% y 79%. Una situación especialmente preocupante cuando se producen estaciones con bajas precipitaciones, dado que durante ellas muchas regiones dependen del abastecimiento de las aguas subterráneas.

El papel de la crisis climática

Pero aquellas áreas en las que los suministros de agua subterránea se han mantenido en niveles más o menos constantes también se encuentran en peligro. Los ríos no pueden mantener a largo plazo esos ecosistemas fluviales. La crisis climática está propiciando menos precipitaciones, lo que conduce a un menor caudal de los ríos.

A esta situación se debe añadir la previsión de un crecimiento de población a nivel mundial. Un crecimiento que, evidentemente, demandará más aguas subterráneas para consumo humano y para la producción de alimentos. Una muestra más de la necesidad de atender la crisis climática y sus consecuencias.