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Cómo el CO2 está acidificando las aguas de los mares y océanos

Además de desestabilizar el clima, las emisiones de dióxido de carbono tienen un grave y fuerte impacto en los océanos. Helena González nos cuenta en este vídeo cómo el CO2 acidifica mares y océanos, destruyendo la vida marina, y qué podemos hacer para frenar este proceso.

Helena González comienza el vídeo contándonos una divertida anécdota que le ocurrió a ella misma para explicarnos los efectos devastadores del CO2  que producen una acidificación de las aguas de los océanos y destruyen los ecosistemas marinos.

Acudió a la costa a hacer snórquel y ella esperaba un mundo lleno de color, cientos de corales, conchas, peces… y se encontró con un “páramo” gris y sin apenas vida. El director de la escuela de esnorquel le dijo que la culpa era de los habitantes de la Tierra, ya que todo ese páramo medio muerto se debía a la acidificación de los océanos. La acidificación de los océanos es la consecuencia de las emisiones de CO2 que los humanos expulsamos a la atmósfera.

Según Helena y muchos otros científicos, estamos acidificando las aguas; es decir, bajando su PH, debido al CO2 que entre todos emitimos. El llamado “gas de efecto invernadero”. Según Helena, estamos llenando la atmósfera de CO2 a niveles desorbitados. “El CO2 no solo se queda en la atmósfera, si no que tiene la propiedad de disolverse en el agua. En las aguas de los mares, de los océanos”.

La acidificación de las aguas de nuestros mares y océanos

La acidificación del océano es una consecuencia significativa y dañina del exceso de dióxido de carbono en la atmósfera que no vemos ni sentimos porque sus efectos ocurren bajo el agua.

Al menos una cuarta parte del dióxido de carbono (CO2) liberado al quemar carbón, petróleo y gas no permanece en el aire, sino que se disuelve en el océano. Desde el comienzo de la era industrial, el océano ha absorbido alrededor de 525 mil millones de toneladas de CO2 de la atmósfera.

Al principio, los científicos pensaron que esto podría ser algo bueno porque deja menos dióxido de carbono en el aire para calentar el planeta. Pero en la última década, se dieron cuenta de que este calentamiento más lento se produjo a costa de cambiar la química del océano. Cuando el dióxido de carbono se disuelve en el agua de mar, el agua se vuelve más ácida y el pH del océano disminuye.

Los fatales descubrimientos en el Pacífico

En 2005, millones de larvas de ostras cultivadas en criaderos en el noroeste del Pacífico comenzaron a morir misteriosamente. Volvió a suceder en 2006. Y nuevamente en 2007 y 2008. Oceanógrafos y científicos pesqueros corrieron para comprender qué había detrás de la catástrofe. ¿Fueron infecciones bacterianas? ¿O algo más siniestro?

En 2008, después de que murieran miles de millones de larvas de mariscos, tenían su respuesta. Las aguas del Océano Pacífico se habían vuelto corrosivamente ácidas. Los cambios fueron demasiado sutiles para que los nadadores y los navegantes los notaran, pero para las ostras eran letales. Muchas larvas de ostras nunca llegaron a la edad adulta. Una industria de 110 millones de dólares estaba al borde del colapso. El problema tenía su origen en el agua, por supuesto. Su pH había bajado demasiado, pero la causa principal está en los vientos que soplan sobre el Océano Pacífico. Un cambio en los patrones del viento había hecho a un lado las aguas superficiales, permitiendo que el agua ácida de las profundidades llegara a la orilla.

Los océanos absorben cantidades masivas de CO2 —aproximadamente una cuarta parte de nuestro exceso de emisiones— y a medida que bombeamos más gas de efecto invernadero a la atmósfera, estamos reduciendo cada vez más el pH del agua del océano. Hoy en día, las aguas del océano son hasta un 30% más ácidas que en la época preindustrial.

El futuro de los océanos

Lo que sí sabemos es que las cosas se verán diferentes y no podemos predecir con detalle cómo se verán. Algunos organismos sobrevivirán o incluso prosperarán en condiciones más ácidas, mientras que otros tendrán dificultades para adaptarse e incluso pueden extinguirse. Más allá de la pérdida de biodiversidad, la acidificación afectará la pesca y la acuicultura, amenazando la seguridad alimentaria de millones de personas, así como el turismo y otras economías relacionadas con el mar.

ACERCA DEL AUTOR

Helena González

ACERCA DEL AUTOR

Helena González

Helena González es bióloga y miembro del grupo de comunicaciones científicas Big Van.