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Y el agua se hizo cerveza

26/02/2015 - Blog - Irene Lapuente
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Hace bastantes años viví en Irlanda del Norte. Este rincón del mundo es realmente un lugar muy interesante que, pienso, no puede dejar indiferente a nadie.


Se ha escrito y se ha hablado mucho sobre Irlanda del Sur, pero no se nombra con tanta frecuencia la del Norte, tal vez porque se mezclan tantos sentimientos y tanto miedo, que uno no sabe por dónde empezar. Aun así, si alguien quiere acercarse a lo que fue esa realidad, no puede perderse la obra de Sorj Chalandon, Retour à Killybegs. ¡Imprescindible!

Pero volvamos al tema que quería compartir hoy, y que no me invada la nostalgia. Si algo caracteriza a Irlanda, norte y sur, es su pasión por la cerveza. Todos conocemos la famosa Guiness, lo que tal vez no sabemos es que allí los médicos la recomiendan como fuente de hierro para aquellos que tienen anemia. Al escucharlo yo esbocé una amplia sonrisa, pero en realidad esta sugerencia no debería ser considerada tan sorprendente.



Originalmente, la cerveza se concibió como un alimento, no como una bebida de celebración social, y éste ofrecía algunas ventajas destacables. Por un lado, permitía un uso comedido de un ingrediente no tan fácil de conseguir en sus orígenes: la cebada. Podíamos decir que la cerveza substituía al pan y que con menos gramos se obtenía más brebaje. De hecho, algunas cervezas se hacían remojando panes fermentados. En esos casos, la cerveza se bebía absorbiendo el líquido a través de una caña para evitar encontrarse con grumos de pan. Por otro lado, la fermentación producía alcohol, que desinfectaba el agua, asegurando de ese modo que el agua que se ingería quedaba libre de contaminación bacteriana.

Y es que aunque no lo parezca el agua es muy importante para la cerveza. A diferencia de otras bebidas como por ejemplo el vino, la cerveza se hace a partir de un cereal, la cebada, que no contiene agua, ni azúcar; dos ingredientes necesarios para la fermentación. Así que para elaborar cerveza hay que seguir todo un proceso que empieza sumergiendo el cereal en agua. 



Entre el 85 y el 92% de la cerveza es agua. Cada tipo de cerveza requiere de una calidad diferente de agua: aguas duras con mucha cal, aguas de baja mineralización… Si cambiamos el agua, cambiamos nuestro trago.

Entonces, ¿por qué cuando vamos de cañitas acabamos deshidratados y si no controlamos bien nuestro consumo incluso con desagradables síntomas de resaca al día siguiente? Porque aunque la cerveza sea una fuente de proteínas, fibra y agua; diurética, antifebril y digestiva, no podemos olvidar que es una bebida alcohólica. Y si bien el agua, nos hidrata, el alcohol nos deshidrata y nos da dolor de cabeza.



Por eso, como decían los anuncios protagonizados por Stevie Wonder cuando yo era pequeña “Si bebes, no conduzcas” y “Bebe con moderación”  para que cada sorbo sea una fiesta y cada despertar una alegría.

¡Brindemos por el agua, la cerveza y las cabezas frescas!

 

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Sobre el autor

Fundadora y directora de la Mandarina de Newton, una empresa comprometida con la cultura científico-tecnológica. Es Física de formación, cuenta con varios postgrados en comunicación y pedagogía y titulación en danza clásica. Por eso sus áreas de expertise son: el método científico, el design thinking y los procesos creativos.

 

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