Microrrelatos 2015
Rompiendo la rutina
La tala
Padre e hijo rogaron al cielo volviera por fin la lluvia.
Revolución
La revolución no llegó en el momento en que se inventó la sustancia que impedía mentir; la revolución estalló cuando se hizo obligatoria su ingestión para poder sobrevivir.
Así, se erradicaron de un plumazo la corrupción, la infidelidad y la religión. Pero también el humor; o, al menos, éste se reformuló, de modo que no tardó en aparecer la sustancia que impedía a la anterior cumplir con su función.
La primera se bebía con agua y el organismo la absorbía sin gran complicación.
La segunda se mezclaba en la sangre, inyectándose en vena y provocando una tremenda adicción.
Las jaulitas
Miró, desolado, las jaulitas. Otros dos se le habían muerto esa noche. Se le acababa el tiempo, solo le habían dado unas semanas más, si no conseguía ningún avance le quitarían la beca. Otra vez estaría en la casilla de salida. Desanimado, decidió ir a comprar algo de comer, se quitó la bata y apagó la luz. Con el laboratorio a oscuras, vio un resplandor en las jaulitas. Se precipitó en la oscuridad hacia ellas y contempló, ¡Por fin! el fruto de tantos años de trabajo. Mordisquitos sonrió, orgulloso. Había conseguido crear un humano fluorescente.
La campana
Un día de excursión
Acampamos en la orilla de una charca de aguas tranquilas. Mis primos mayores se zambullen, se lo pasan pipa. Los miro, me tiro de cara.
El agua me trata con tanto cariño como mi abuela, me pellizca, me abraza, me zarandea, me babea, me lleva al fondo, me eleva.
Mis primos a lo suyo, los veo tibios. Dos tragos de hidrógeno y uno de oxígeno, para respirar un poquito. El agua me sacude a la tierra. Estoy fuera. Pero mis primos también, he dejado la charca seca.
Miro al cielo. El arco iris es mi diadema.
Inmersión
«Corten», resonó desde los cielos. Abrí los ojos, me desprendí del casco y me levanté. Nos quedamos cerca de terminar la quinta película del día del agotador rodaje virtual.
La oscuridad de lo incierto
El negro del espacio dejó mi mente en blanco, pese a los implantes del cerebro que me proporcionaban mayores conocimientos. Por un momento, volví a sentirme primigenio al observar aquella inmensidad en contraste con lo pequeño.
Cuando nos aproximamos al agujero negro, mis pantalones se pintaron del mismo color moreno, sintiéndome más cerca de aquellos que habían quedado atrás en el espacio y en el tiempo.
Me sentí como mi abuelo cuando se asomó después de la guerra a su amado pueblo; o quizá al revés, cuando lo abandonó antes de la contienda y la congoja recorrió todo su cuerpo.
tARNscripción
En la oscuridad
Al menos tenía café
Fractal
La fuente de la plaza se ha secado. El agua ya no chapotea, el balón de los niños rebota en la piedra.
A la una, la plaza está desierta. Me quedo en la sombra, bebiendo de una botella. Un reyezuelo se posa en el caño. Hace poco goteaba… La busca el pajarillo, la gota de la vida… Aletea. Se va, no la encuentra.
¡Brota una gotita!
Patrones que se extienden: células, átomos… Fractales, estrellas vibrantes… ¿la poesía matemática? Se replican hasta el infinito, no se pueden dibujar a pulso, dice Gaston Julia.
La vida es poesía.
Recojo una muestra.
La unión más intensa
No fue hasta aquella misma mañana que Agua se había planteado qué era eso del amor. Su padre Hidrógeno no le había hablado nunca de la relación con su madre, Oxígena. Sin embargo, aquel día era distinto, Agua se graduaba, y la emoción y el orgullo por su hija los desbordaba. Fue entonces cuando le confesaron que había sido fruto de la atracción más intensa y sincera entre dos átomos que habían estado destinados a unirse para siempre.
Viaje al infinito
Meditación
Una pared entabla conversación con el suelo:
—Brrrr!, que frío tengo, ya no me calienta ni el Sol.
—Es que te tienes que dejar excitar.
—¿Cómo?
—Tienes que permitir que el Sol te excite para que tu piel vibre en armonía y entrar en calor.
—¿Y cómo hago eso?
—Concentrándote: respira profundamente, relaja los ladrillos, destensa el cemento, libera la mente, transciende el Átomo, deja que la electricidad se traduzca en vibración, permite que el milagro de transustanciación de la física te penetre.
—Entonces, ¿tirito?
—No, eso es otra cosa.
Competencia
Anhelo esas almas universitarias para intentar explicar y comprender la complejidad que comporta relacionar unos saberes semióticos con algún uso mientras los enfermeros me inyectan sedantes para caballos.
La soledad y el mareo no son la condena en la que me hallo. El no saber, sí. La jaqueca entorpece mi lucidez sin dar pistas de concepto alguno; por ello, me aíslan aquí, donde el tiempo, si es que existe, se detiene. Mi mente se empapa de imágenes. De niño temía a los ciempiés, ahora, únicamente ellos tienen a bien hacerme la visita.
Quiero pensar que esta conversación es real.
Orden Invisible
Adoro los misterios que rodean la matemática cotidiana: la incomprensión voraz de los recios primos que tan solo se doblegan ante su propia sombra y ante sí mismos; la increíble facultad del cero para hacerse invisible al esconderse en los extremos de ambos lados del espejo; la perfecta imitación culinaria del infinito al que dedicamos cada mirada regalada al horizonte; el caos ordenado de los cuentos cantados por los genios que respiran entre pentagramas; los círculos que engloban el todo y la nada y que demuestran la importancia de abrir bien los brazos para estrechar el conjunto.
Agua e inteligencia
—¿Se puede saber qué es ese ruido que me está alterando los circuitos?
—Es el robot de los terrícolas, madre.
—¿Otra vez aquí?
—Han encontrado el agua.
—¿Será posible? ¡Equisdoooooos! ¡¿Cómo tengo que decirte que no te dejes el grifo abierto?! ¡Ahora no nos los quitaremos de encima!
No entendía que fueran hasta Marte a buscar lo que derrochaban en su planeta.
—Lo que quieren es saber si aquí hay vida inteligente, madre.
—Eso sí parece que les falta. Anda, mándales a tu hermano, a ver si se desengañan y nos dejan tranquilos.
Cántaro
La falda de pliegues abundantes, corta, con múltiples estampados evocadores de la piel de un leopardo y un cinturón ancho con hebilla, forrado en piel de tonalidad violeta, hacían más llamativa la imagen que descendía marcando la pisada por aquella estrecha escalerilla.
Cuando ya estuvo en tierra, sacó un cántaro transparente de su bolso e hizo brotar un riachuelo que calmó la sed de los terrícolas que esperaban ansiosos la llegada de aquella hermosa mujer venida desde Marte, que como un Ciclope miraba desde su ojo grande a quienes habían contaminado las reservas y ahora se lamentaban del fatal descuido.
Alma científica
Su única dedicación había sido investigar. Así habían transcurrido 50 de sus 75 años. Su casa, el laboratorio, sin diferencias entre la noche y el día. Su vida fue un cúmulo de prueba-error continuo. Ahora tocaba dejar paso a las nuevas generaciones.
A pesar de todo, ella no sentía nostalgia ni tenía sensación de fracaso. Desde el mismo día en que decidió ser bióloga química supo que el éxito era recorrer el camino y que el resultado, de haberlo, sería patrimonio de todos los que lo persiguieron. En cada análisis el agua le devolvía el reflejo de ese alma altruista.
Microcosmos
Cuando lo reemplazó por un microscopio, para aplacar esa agobiante sensación, creyó que observando un universo más simple, volvería a sentirse parte de un sistema complejo.
Se equivocaba.
Cloe
Hijos de las ciencias
zona exterior
—Atención capitán, estamos entrando en la órbita de Rigil Kent. Propulsión al máximo. Que el humanoide científico se prepare para salir al exterior y tomar todo.
—Entendido, bajando dos grados el morro y máxima potencia. En breves deberíamos ver la base Pathfinder 3 en alpha centauri Bb. A su derecha comandante puede ver Rigil Kentaurus y la nebulosa de Hen 2-111. Cerrando compartimentos de combustible.
—Houston tenemos un problema.
—Venga chicos a comer.
—¡¡¡¡Mamaaaaaa…!!!!! Estábamos a punto de aterrizar.
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