Microrrelatos 2015
¿Rosa claro, blanco o salmón?
Hoy, luego de tres días de nacido nuestro hijo, volvemos los dos al trabajo. Buscamos nuestro sustento a trescientos kilómetros de casa. Es una suerte que contemos con un sistema organizado de guarderías, en las que los niños están bien cuidados y aprenden cosas nuevas cada día. Es grandioso que estos desplazamientos laborales sean amigables con el ambiente, con un transporte libre de emisiones de dióxido de carbono.
―“Querido, si sigues así de distraído, soñando de nuevo como los humanos, nos quedaremos sin el plancton del Nilo para los chicos”, le espetaba su esposa a un flamingo pensativo.
CREACIÓN
─…Y entonces crearon unos seres a su imagen y semejanza capaces, como ellos, de pensar. Pero algo falló. Y los abandonaron en un lugar inhóspito, expuestos al hambre y las enfermedades, a la muerte…
─Y nosotros descendemos de ellos ─observó el Reflexivo.
─¿Somos entonces el fruto inútil de un experimento frustrado…? ─susurró el Meditabundo.
─Imposible. Ellos son Omnipotentes y nada hacen mal ─replicó el Sumiso.
─También nosotros somos omnipotentes para los gusanos, y nuestros experimentos fracasan… ─añadió el Relativista.
─Pero seguro que algún día seremos capaces de crear un ser a nuestra imagen y semejanza. ─concluyó el Soberbio.
Ciencia en la madrugada
Yo creo en la ciencia, así que hay que beber varios litros de agua al día. Pero sin exagerar, porque se puede producir una superhidratación e hiponatremia que concluyan en un edema cerebral capaz de provocar el coma, incluso la muerte.
—¿Y en conclusión? —preguntó el camarero.
—Ponme otro gin-tonic. Con un hielo.
VIVIR EN EL AGUA
Ética de partículas
Imposibles
—Para la Ingeniería Genética nada es imposible —afirmó orgulloso el Biólogo.
—Ni para la Literatura —respondió el Escritor mostrándoles a sus invitados los olmos de sus libros cargados de peras.
Democracia 4.0
¿Otra vez?
No, please. Es la tercera este mes. ¿Creen que no tengo nada que hacer?
Perderé toda la fuckin’ semana con esto. ¿Y mis clases? Tengo cien mil alumnos globales esperando.
Ya sé, ya sé. No eludo mis responsabilidades. El tema me interesa. “Energia solar: prioridad presupuestaria uno”. Sí. Cómo no votar. Además quiero íntegro mi sueldo.
Juro, mañana, antes que venza el plazo, I will. Ya descargué casi todo. Pero deberían reconocer más eso de leer toodos los argumentos y evaluar toooodas las opciones. Agota esta democracia.
Opté por ser ciudadano este trienio, pero, la verdad, es extenuante.
El bebedor
—Lo de siempre, Antonio.
Llena el de sidra, hasta arriba…
—Ahí lo tienes, dos de hidrógeno y una de oxígeno…
Rebosa el vaso, se derrama en la barra. ¡Qué desperdicio!
—Ten cuidado, Antonio…, ¡qué esto es oro!
«¡Mejor que el oro!». Empino y empino, el vaso y el codo.
—Otro, Antonio.
—¿Un aperitivo para acompañar…?
—Deja, deja… Hielo, por favor.
Le pido otra ronda y otra más…
—Rafa, te vas a enguachinar…
Antonio no me sirve más.
Por la ventana veo que empieza a lloviznar.
—Me marcho.
Salgo del bar, la lluvia se vuelve torrencial. Abro la boca. ¡Qué felicidad!
El placer del coleóptero
Dicen que los escarabajos no volarían si supieran algo de física. La barnacla carniblanca (Branta leucopsis) anida sobre acantilados inaccesibles para proteger a sus crías de los depredadores; siendo fitófaga, tiene que buscar su alimento a decenas de metros más abajo. Común en los gansos, los adultos no alimentan a los polluelos. Estos últimos, sabiendo que aún no pueden volar, planean cuesta abajo y se magullan, porque les toca.
¿Será que los escarabajos sí saben de física, ya que su ángulo de ataque es mayor al de las aves, y similar a un helicóptero, vuelan porque les place?
La vida
Dos de hidrógeno y una de oxígeno. Molécula esencial… Si no como, bueno… Si no bebo, muero.
Agua, que bajas mansa, que subes la cuesta entre las piedras, que te abres camino entre dos laderas escarpadas, entre cañones abruptos y profundos; te escondes, como el Guadiana, y sales… cuando te viene en gana. Correteas, las lanchas te cierran el paso, las sacudes, ¡puedes con ellas! Las alisas, las moldeas, les das forma a las resbaladizas pizarras.
Tira agua, cielo, limpia y llévate la inmundicia, llena los mares y los lagos, llena de vida a la Tierra.
Navidad
Una Navidad más, Elena miraba a través de su ventana, su maceta de manzanas había crecido mucho a pesar del frío invernal. Vio a lo lejos una luz brillante que se acercaba, pronto la tuvo delante, abrió la ventana y un gran rayo de luz la absorbió. Se vio delante de unos seres con rasgos dulces que telepáticamente le hablaban.
Ella no podía despegar los labios estaba totalmente muda.
Ellos seguían hablándole. Tenemos radares por toda la tierra, los ponemos en las plantas para que nos envíen los sentimientos, pensamientos de vosotros para ayudaros en vuestra evolución en la paz.
Trascendencia
¡A la carga, vida!
Un C andaba solito. Se había juntado con un O2 no hacía mucho, pero la relación había sido tóxica. Nadie compartía su alegría. Antes, ya se había sentido atraído por un H, pero se le vinieron seis y lo convirtieron en algo que no quería: etano.
Desesperanzado andaba, cabizbajo, cuando descubrió con estupor que H y O2 se conocían. Trató de huir, pero lo atraparon en grupo y se fundieron entre sí. Entonces la nueva molécula comenzó a respirar.
Zzzzzz
El Koala despertó sobre la rama del eucalipto, y comenzó a contar su sueño al Perezoso. No pudo terminar su relato, ya que, se quedó dormido de nuevo.
En la selva tropical el Perezoso soñaba con un animal extraño que le contaba su sueño inconcluso.
¿Necesitaba el koala despertar?, ¿necesitaba el Perezoso dormir más?, ¿Podría…
Zzzzzz.
Viaje galáctico
Esta mañana me levanté con deseos de dar un paseo por nuestro sistema solar. Elegí mi aeronave preferida y salí por un agujero negro al exterior.
Al instante me di cuenta de que no llevaba puesto mi reloj interestelar, pero no importaba, sólo estaría fuera poco tiempo, llegaría a la hora de comer.
La galaxia se veía preciosa, iluminada por el sol. Me movía a gran velocidad entre planetas, astros, meteoros, estrellas…
Regresé introduciéndome por el mismo agujero negro. Era tarde, tenía hambre y había transcurrido más de un año desde que salí.
Vida entregada a la ciencia
Un niño probeta fue científico y murió de un cálculo.
Muerte merecida
En un mundo en que muchos inocentes tienen muertes inmerecidas, imaginemos un mundo en que cada uno muriera cuando merece y como merece:
Muerte merecida de un cardiólogo: con el corazón roto.
Muerte merecida de un científico: devorado por ratas de laboratorio.
Muerte merecida de un astrólogo: estrellado con el coche.
Muerte merecida de un geólogo: lapidado.
El salvador del moribundo profeta
¿Soledad científica?
Universo
Siempre estuve enamorado de mi tía Aurorita. Me gustaba porque era algo trágica y porque cuando sonreía parecía que el universo empezaba a girar de nuevo. Mi mundo se componía de esas blusas entreabiertas, y aquellas piernas que recogía al arreglarse las uñas. Cuando doblaba la rodilla y me decía, ven, ¿quieres ayudarme?, presentía ese momento en el que uno entrevé el conocimiento de las cosas. De ella recuerdo el olor del esmalte, los pintalabios. Ahora es una mujer de setenta años. A veces, cuando voy a visitarla, evocamos esa tarde, cuando por fin descubrí el movimiento secreto del universo.
¡Vamos!
Me encontraba flotando en ese trozo de tierra inerte, sin vida. Empecé a moverme, a desperezarme bajo un sol ardiente… Dos átomos de hidrógeno, de aspecto relajado, me sonreían y cuchicheaban entre ellos. «¡Vamos! ¡Tenemos mucho que hacer!» me dijo el que parecía ser el jefecillo de mi comitiva de bienvenida. «¿Hacer qué?» pregunté. Sin mediar palabra empezaron a deslizarse. Los imité. Nos apelotonamos con otros grupos. Empezaron a empujarme, no podía salir ni moverme… Nuestro pequeño y comprimido pelotón empezó a elevarse. De repente, la presión despareció y mi cuerpo empezó a pesar más y más y… me precipité.
Amor estelar
Soy Proxima Centauri, una enana roja triste y cercana al sol. A pesar de la poca luz que emito, Canis Majoris, la luminosa y espléndida estrella gigante de la que siempre he estado enamorada, ha sabido descubrirme hace unos años; creo que por el descaro de mis miradas.
Mi joven núcleo, apasionado, ha quemado en este tiempo más hidrógeno que nunca, sin acordarme, obnubilada como estaba, que eso robustecería mi longevidad. Hoy, Canis, ha explotado como supernova; y no encuentro desconsuelo con qué pagar mi gran equivocación; aunque sí castigo: errar en soledad durante billones de años más.
EL BILLETE
Buscó la Partícula Omega hasta la extenuación. Fue más allá del límite de sus fuerzas. Hora a hora, día a día, sin descanso. En la Universidad, en su laboratorio, en las muestras que atesoraba en el congelador, a través del ojo portentoso del microscopio. No se rindió, se excedió.
Supongo que nunca se lo reconocerán; y, menos aún, se lo agradecerán. Llamarla Omega resultó una premonición; fue el billete que le llevó a donde ahora esté, buscándola.
Su resignada viuda, que apenas pudo disfrutarlo en vida, ruega una oración por su alma. Aunque ni así descanse en paz.
¡Glup!
¡Brrrr! Frío por todas partes. Sublime sublimación inversa que me cubre de nieve y me escarcha la cara.
Hum… pero bajo este suelo helado corre el agua. ¡jajaja! Bendita su anómala dilatación que mantiene el sólido sobre el líquido y lo aísla para mí.
¡Crash! ¡Crac! Ya te tengo.
Cof, cof… Si no acaba conmigo el frío lo hará la deshidratación, y si no los microbios… necesito calentarla.
¡Uff! Al fin hierve. Oigo el chupchup y veo las minúsculas gotas que se forman cuando el vapor se condensa al enfriarse.
¡Glup! ¡Mmmm! Un trago de agua pensando en más.
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