Recopilación Microrrelatos 2014

El Concurso Microrrelatos científicos 2014 recibió gran cantidad de relatos llegados de todas las partes del mundo. Aquí puedes leerlos:

La realidad

La ciencia no se podía tocar, ni ver, ni sentir.

La ciencia no valía de nada.

¿Qué es la ciencia?

Experimentar. Esa oscura puerta que absorbe a todos los científicos. Esos fallos que abren y cierran puertas hacia limitadas teorías. Teorías que originan nuevos experimentos y nuevos fallos. Es la definición perfecta y más pura de la retroalimentación. Los científicos lo saben y les atrae, diseñar, probar, cambiar, corregir, y volver a empezar. Observar lo imperceptible. Descubrir lo oculto. Teorizar lo no ocurrido. Explicar lo desconocido. Entender lo conocido. Ir allí donde nadie ha estado. Buscar aquello que otros ignoraron. La Ciencia no es más que el camino hacia la sabiduría.

Deseo Navideño

En la radio se escucha: “…quince niños menores de 5 años mueren cada diez minutos por saneamiento deficiente,  falta de higiene o el agua no potable…y las enfermedades que provoca…”

Justina suspira preocupada. Su hermanita de tres años está  enferma. Entonces, dibuja en un papel y lo dobla en cuatro. Lo coloca debajo del Papá Noel pequeñito de la repisa, el lugar de los deseos para Navidad. Son muy pobres para recibir regalos.

 

Su madre lo abre mientras duermen las niñas. Y sus ojos se llenan de lágrimas.

Justina había dibujado un retrete.

El idilio de los alelos

En alguna posición de las cromosomas una pareja de alelos se despedían, antes de la meiosis.

-No te vayas.

-Ya regreso

-¿Y si conoces a otro?

-Jamás te dejaré. Pues que en este organismo siempre estaremos juntos y en otro, uno de los dos existirá. Hasta el infinito nos manifestaremos. Dominantes somos y sobreviviremos.

-No me dejes.

-No recordarás que te deje. Y cuando conozcas a otro te dolerá separarte y pensaras de nuevo que fue la primera vez. Y así se repetirá hasta la eternidad.

-Entonces no te olvides de mi. Solo así, seré inmortal.

¡EN EL SANTUARIO DE LA CIENCIA!

    El científico más importante del milenio me había concedido una exclusiva. Él mismo me abrió la puerta. Luego murmuró algo sobre la criada.

    Pasamos directamente al laboratorio. Me sentí extasiado cuando accedí a aquel santuario de sabiduría.

    Estaba ansioso por empaparme del conocimiento que supuraba la mente prodigiosa de mi anfitrión. Pero él se fue directo hacia unos recipientes del fondo.

    Mi olfato de periodista infalible me decía que allí se estaba fraguando algún invento espectacular. Con un toque incisivo, le pregunté:

    —Profesor, ¿qué es ese experimento tan prometedor?

    Él me respondió beatíficamente:

    —¡Salchichas, amigo mío, salchichas!

Subió cansada de la calle

Subió cansada de la calle y se acomodó en el sofá. Mientras comía sin ganas, conectó la televisión y escuchó las noticias.  Hablaban del descubrimiento de agua en Marte y de que la clonación humana estaba a punto de conseguirse. La ciencia avanzaba a pasos agigantados pero ella sería la tercera componente de la familia que sucumbiría ante el cáncer. Miró las fotografías de los seres queridos que ya no estaban y reprimió una lágrima mientras cambiaba de canal. Puso un programa de noticias del corazón y se puso a tararear la sintonía mirando de reojo su pañuelo.

Corría perseguido por ella

Corría perseguido por ella. Se subió a un árbol cuando la corriente estaba a punto de arrastrarle. Desde arriba, tumbado sobre una rama, veía cómo fluía ferozmente, escupida por las entrañas del planeta. Llevaba la vida hacia la muerte, sellando la mayor de las paradojas, convirtiendo al principio de todo en el final más próximo.

Eureka (2014)

– ¡Eureka!- exclamó el genio tras empujar al último ser humano por el barranco –  ¡Con este descubrimiento cambiaré el mundo: la gravedad funciona para todos!

Sofía

Dicen que a mis pocos años, soy demasiado filósofa, no puedo evitarlo. Me preocupan demasiado las cosas de este mundo. Encima me llamo Sofía. Desde que me levanto, mi cabeza no deja de hacerse millones de preguntas, a veces, quisiera parar. Sé que nuestros pensamientos están influenciados, más, a pesar de ello, mi cabecita vuela libre. Mi sueño es encontrar, mediante la razón, la solución a todos los problemas del ser humano. Puede que no lo consiga, pero debo intentarlo. Los hombres se han cansado de pensar, por eso nos va mal, pero yo tengo esperanza en el saber.

El extraño caso del científico Pedro

Pedro decidió plantarse. Literal. Tras tentativas frustradas por sus familiares de convencerle que saliera del huerto, decidieron regarle y abonarle a diario. No estaban dispuestos a que muriera. Lo veían tan feliz, y era una felicidad tan contagiosa y luminosa, que pasaron generaciones y generaciones y seguía allí, arraigado a su plenitud. Muchos años después, durante el ocaso, el dedo anular se desprendió de su mano y cayó a la tierra húmeda. Ese día aclaró algunas dudas. A su lado brotó su fallecida mujer.

Estudiado por la ciencia hasta la desesperación para dar con lo inexplicable, ahí sigue estando. Latente

El Burócrata

Los hombres de uniforme salieron llevándose los últimos ordenadores. Ya solos, el burócrata ofreció un cigarrillo al tembloroso científico.

– Cálmese profesor, la ciencia nunca puede avanzar más deprisa que la sociedad o es nuestro deber hacerla “tropezar”.

– ¡Pero mi test es inofensivo! Mediante un análisis de ciertos genes clave y suponiendo ausencia de percances ajenos a la biología del propio individuo estimamos su máxima esperanza de vida. Nada más.

El burócrata sonrió.

– Profesor, ¿qué haría si supiera exactamente el tiempo que le queda?

– Supongo que sólo aquello que realmente deseo.

– Ese es precisamente el problema.

En una mano miro los resultados

En una mano miro los resultados de mis acciones con la tablet, con la otra muevo la cucharilla del café. Mis ojos van de un lado al otro y vuelta al punto inicial. Tomo un sorbo de la caliente taza. No escucho nada, los movimientos de la pantalla con nuestros dedos no hacen ruido, no como las palabras, las cuales han desaparecido del ambiente. Enfrente mi pareja habla con una amiga a través del móvil. Levanto la vista y el resto de la cafetería mantiene su mirada fija a las pantalla. Doy otro sorbo al café, todo está bien

Parece que hace tanto…

Parece que hace tanto tiempo que la prueba dio comienzo, que alguien decretó la salida y todos comenzamos a movernos. A un lado Miguelón, al otro Agamenón, ayudándonos en la galopada hacia la meta de la evolución. Cada uno de nosotros empuja al otro, le alienta y le da fuerzas para continuar cuando parece que ya no existe forma humana de proseguir. Y fruto de este trabajo mutuo surge la responsabilidad del ganador, mantener viva la memoria de los otros compañeros, tan humanos como yo. O quizá con una mayor humanidad de la que nuestros ojos hayan visto nunca.

¿La ciencia?

¿La ciencia? Vamos hombre. La sobrevaloras. En realidad es una cuestión de fe. ¿No lo ves? Eres un ingenuo. Cuando los médicos utilizaban sanguijuelas estaban convencidos de estar utilizando técnicas innovadoras. Lo de ahora con el tiempo también nos parecerá una aberración. ¡Los científicos! Os creéis que tenéis la verdad universal y de repente, un cambio de paradigma os lo hecha todo por tierra. Anda, vamos a dejarlo, que me está entrando dolor de cabeza. ¿Tienes un ibuprofeno? Gracias. Y podríamos ir al cine, ¿no? Creo que ponen la última de Woody Allen. ¿Lo miras en el móvil?

Calentando Olas

Irene; respeta el mar, el sol, la luna y las olas;  en especial cuando surfea en el verano cerca al puerto.

En un día de esos  que  la energía solar calentó el aire, con pasión, convirtiéndolo en viento y este hizo estremecer al mar obligándolo a un orgasmo  de  olas; Irene sintió las caricias del hidrógeno y el oxígeno conjugadas en una marejada de líquido vital que la llevó hasta el reino de Neptuno.  El rey, en compensación a su respeto, la devolvió sobre  una ola que rompió el labio en una  playa que alguna vez fue acantilado.

 

El Camino del Agua

Por su peso cayó un día desde las nubes, ya no podía flotar,  y en ese desplome vio una mujer que paseaba por el prado e, inmediatamente deseo ser como ella. Uniéndose  gota a gota con sus amigas formó un río y empezó un camino que por su anhelo no sería en línea recta.

En el viaje la densidad del suelo fue su aliada y al formar la parábola el sedimento quedó como señal de su paso.

Ese sueño, formó una dinámica interior que con cada curva fue dejando acantilados y meandros a ritmo de Pi.

Fallo de diseño

No te muevas, los humanoides ya cumplen con su labor, no sólo hacen la compra, ponen la colada y cocinan a fuego lento, también trabajan por ti, viajan, sueñan y sienten bajo su fría piel el calor del sol que nunca verás. No te molestes en respirar, ahora no estás aquí, está él, él vive tu vida porque le diste permiso. Te prometieron una cura, te dijeron que cuando todo se arreglara volverías a tu hogar, y nunca volviste, sigues esperando un despertar que nunca llegará por un maldito fallo en el diseño.

Nuria, la luz

Para mí la ciencia me ha dado amor, me ha dado vida, locura sana y control. Procedente del mundo de las letras y perturbado por naturaleza, hace unos años comparto mi vida con Nuria, ingeniera química, apasionada del progreso y la innovación y deseosa de encontrar una cura para su querido novio, servidor, que la vuelve loca con sus estrambóticas ideas. Su carácter cartesiano y científico me calma. Cuando yo trepo, ella me agarra. Cuando yo chillo sin saber por qué, ella me calla con un beso matemático. La ciencia, para mí, es equilibrio. Es amor. Es Nuria.

Huérfanos Emocionales

El niño gritaba desesperado buscando a sus padres. Se sentía solo, desamparado, abandonado, dejado de lado…

Ya no había nadie que le prestara atención. Nadie que observara y admirara sus logros, ni nadie que le advirtiera de sus futuros fracasos. Nadie que le previniera de posibles peligros. Nadie que le curara sus heridas. Nadie que le consolara o lo mimara. Nadie que le enseñara como seguir adelante. Nadie.

El niño gritaba desesperado buscando a sus padres.

Pero éstos estaban en frente de él, perdidos detrás de las pantallas de sus teléfonos móviles.

Sueño…

El robot sueña con ser humano para que le dejen en paz. Pero no puede dormir.

La Cita

Eligió su mejor ropa. Se arregló meticulosamente, más todavía de lo que solía hacer habitualmente, era un día especial. Por fin se iban a ver.

Llegó y se sentó. Lo tenía en frente. Sonrió y aceptó la videollamada.

CONCURSO DE RELATOS

Acaba la ceremonia de entrega de los Premios Nobel. Poco después, en la cena, coinciden en la misma mesa, el Literatura y el de Física, ambos españoles. El físico , con ironía, pregunta al escritor: «¿Quien de nosotros ganaría un concurso de literatura científica que se realizara en Internet?»  El otro duda. Contesta «Quizàs tú, por tu conocimiento de esos temas. O tal vez yo, que escribo con mayor precisión y estilo. No lo sé. ¿quién crees tú?»  «No tengo ninguna duda. Aquel que tenga más amigos en Facebook o Twitter» responde riendo..

Invisible

Cuando por fin conseguí hacerme invisible, en contra de lo que se pueda opinar así de repente, me sentí como un completo imbécil.

No había nadie para verlo.

Se levanta, casi no puede

Se levanta, casi no puede abrir los ojos, le deslumbra la bola de fuego, tiene un invitado, no puede quedarse en casa encerrado, atraviesa la rafia de la cortina, salta por encima del seto, llega hasta la casa de Beme, siente el tambor de la cabeza, entra y busca la oscuridad, Beme le habla, casi no puede ni contestarle, el humo atenúa el dolor, la atmósfera cargada le aletarga, Beme habla con el invitado, luego se vuelve hacia él, le ofrece una piedra con símbolos grabados. Beme se la mete en la boca. El dolor se pasa. ¡Brujería!