Recopilación Microrrelatos 2014

El Concurso Microrrelatos científicos 2014 recibió gran cantidad de relatos llegados de todas las partes del mundo. Aquí puedes leerlos:

Soy Tix, Go-Tix

Soy Tix, Go-Tix, una gota del comando especial de seguridad de Aqua. Mi trabajo es esencial para la supervivencia de Gaia. Mucha gente cree que es  la tierra la esencia del planeta, nada más lejos de la realidad es el agua la base del mismo. El principio y fin de todo.

Mi trabajo consiste en viajar, vigilar y avisar de los desajustes que se producen por la mala utilización de los recursos. Puedo estar en el frío hielo, en el vapor que se eleva manso de un cálido mar o ser líquido calmo o embravecido.

No hay descanso.

Siempre alerta.

Aunque papá sale hasta las tantas

Aunque papá sale hasta las tantas cuando el tío Gregorio viene de visita mamá no se enfada. Ella cocina cupcakes sin parar y sus ojos azules brillan cuando él le dice lo que daría por disfrutarlos cada día. ‘Mi oveja negra’, me llama cariñosamente. Según él por mi pelo negro y rizado, ‘en unos años tus ojos verdes serán peligrosos’, dice. Mi hermanito Ginés, con sus enormes ojos azules igualitos a los de papá, no se pierde detalle. Hoy la profe nos habló de guisantes, colores y fenotipos: mitad papá y mitad mamá, afirmó. Qué curioso eso del ‘doble recesivo’.

Duplicaron su sueldo

Duplicaron su sueldo y prorrogaron el proyecto científico quince años.

El CSIC les felicito por su eficiencia. Contratarían a una treintena de investigadores más y contruirían dos anexos.

Su familia lo consideraba la joya de la corona por encima de sus hermanos, abogado e ingeniero.

Llegó al quiosco ávido de adquirir un ejemplar del suplemento semanal. El equipo de investigación aparecía en bata en la primera página  como refente de la  investigación española.

Cogió el ejemplar, abrió su interior buscando el semanal y «crllaaaaahhhsss»un chasquido de cristales esparcidos sonó estrepitoso. Abrio los ojos sobresaltado… la probeta había caído  al suelo.

Sonaron las 8 en el reloj

Sonaron las 8 en el reloj. –Debo apresurarme- pensó Paloma.

Corría el año 2114, el mundo tal como lo conocemos había desaparecido… La mayoría de los recursos naturales se habían agotado, el agua potable no era más que un recuerdo, objeto de cuentos y libros de texto.

La población envejecía a ritmos alarmantes, la elevada polución había causado la esterilidad de más del 80% de los habitantes. El planeta estaba dominado por dos grandes súper corporaciones que gestionaban los pocos recursos que todavía quedaban…

Sonaron las 8 y 5 en el reloj, Paloma se despertó, corría el año 2014…

Mi pequeño aprendiz

A las pocas horas de nacer, ya miraba el mundo con ojos de asombro, y así sigue. Acaba de cumplir once años y cuestiona y pregunta todo. Sus ansias de saber, y sobre todo de comprender, no se agotan. Es un niño inquieto, curioso y  apasionado, al que si un tema le interesa, investiga, lee, experimenta, con un ímpetu que para mí quisiera.  Nosotros, con los conocimientos que tenemos, ya casi no podemos ayudarle, pero sí que intentamos poner todos los medios a su alcance para que siga así, con sus ganas de aprender, de entender.

Un minúsculo espacio

Un minúsculo espacio. Un determinado momento. Un autobús. Dos asientos, dos personas. ¿Desconocidas? Ajenas entre sí. Saludos. Conversaciones filosóficas. ¿Compañeros? En un principio.  No guardan el instante en la memoria. Repetición. Risas. Conocimiento mutuo. Confianza compartida. Repetición. Torpes abrazos. Aprendizaje. Liberación del ser. Repetición. Búsqueda de miradas. Deseo. Juntos, siempre juntos. Mi base. Mi sustento. Tu pilar. Repetición. Te quiero. Repetición. Protección. Comprensión. Empatía. Sonrisas inagotables. Palabras reconfortantes.  Apoyo inmediato. Fortalezas alcanzadas. Saber adquirido. Nuevos retos. Futuro prometedor. Más que amistad. Más que amor. Mi inspiración. Bella alma, eres El Relámpago en mitad de mis tormentas.

¿Sabes una cosa?

¿Sabes una cosa?  Siempre llamamos a todo áquel que ha pasado por situaciones adversas en su existencia como «un milagro de   vida», pero no nos detenemos a pensar que todos somos ese milagro de vida; somos totalmente vulnerables a cualquier cosa, es mas casi todo nos puede matar.  Tal vez por ignorar este detalle sobre la condición humana, por creer en la tonta idea que sólo a otros les puede pasar, por no haber vivido ese momento en el que la vida misma nos enseña en que hay otras formas de vivir, no solamente sostenido en dos piernas.  Quiero creer que por eso la mayoría de la gente se admira tanto al verte, que sabe que puede llegar a tu condición y eso les atemoriza, simplemente: que no hay excepciones y que a cualquiera le puede pasar…  Gracias por enseñarme tanto hijo amado, sin moverte, sin hablar, sólo con tu mirada tierna dices más que mil palabras.

VIAJE EN EL TIEMPO

Cuando salió de la máquina, supo que había funcionado. Un mundo recién nacido se erigía ante él, un mundo libre de todo lo que había corrompido al ser humano durante tantos milenios. A lo lejos observó seres que sólo había visto en libros, y aspiró un extraño olor a nuevo que le recordó que era el único hombre allí. Con la piedra más cercana que encontró, destruyó la máquina. No estaba dispuesto a regresar donde tanto daño le habían hecho,  con esos seres tan desconocidos para él como los que ahora veía en la lejanía.

CLONES

Apareció, en medio del laboratorio, un enorme piano de cola. Otro error en el proceso de clonación. Y van tres. Antes había aparecido un señor que sólo hablaba mandinga y una libélula enorme, amenazadora pero espectacularmente bella. Mientras el hombre se defendía a duras penas de los ataques de la libélula, yo miraba atónito la escena intentando averiguar qué es lo que estaba yendo mal. Cerré los ojos y apreté otra vez el botón. Cuando abrí los ojos de nuevo, era yo quien salía del clonador, convertido en un monstruo sin miembros, condenado a permanecer así para siempre.

Dibuje un reloj analógico

“Dibuje un reloj analógico con todos los números”. La mujer, de pelo grisáceo, tomó un lápiz como le indicó la neuróloga e hizo una pequeña circunferencia. Las arrugas de su cara adquirieron una mayor profundidad mientras colocaba los doce números en el cuadrante superior derecho de la misma. “Test del reloj positivo”, apuntó la doctora en la historia clínica.

Su cerebro ya no planificaba las acciones como antes y tampoco podía generar nuevos recuerdos. Sin embargo, sonrió al recordar quién le había regalado el anillo que llevaba en la mano en la que sostenía el lápiz, cincuenta años atrás.

FORMULARIO

– ¿Nombre y apellidos?

– Imposible. Si le digo mi nombre no le puedo asegurar cuales son mis apellidos y viceversa.

– ¡Vaya, me ha salido usted vacilón! Pues bien, continuemos: fecha y lugar de nacimiento.

– Imposible. Es que si le digo cuándo nací no le puedo revelar con certeza el lugar de nacimiento  y viceversa. Lo siento.

– Perdone, pero hoy no es el día de los Santos Inocentes, ¿no?  Por favor, no me haga perder el tiempo y márchese.

Schrödinger dio media vuelta y salió cabizbajo de las oficinas con su principio debajo del brazo.

EL CICLO DEL AGUA

Todo comienza con la concepción de una simple molécula, engendrada por hidrógeno y oxígeno. De entre toda la inmensidad del mar, sólo unas pocas son las elegidas para la aventura. Dan sus primeros pasos en una nube, condensando todo tipo de información. Luego, comienzan las precipitaciones: tiempos de incertidumbre, de cambios de estado. Superada dicha fase,  es época de plenitud, de encontrar esencias afines y de vencer obstáculos. Irremediablemente después, fluyen con la escorrentía, no se puede remontar el río. Finalmente, vuelven a la infinidad del océano; dando paso de nuevo, al ciclo de la vida.

 

Los hombres de uniforme

Los hombres de uniforme salieron llevándose los últimos ordenadores. Ya solos, el burócrata ofreció un cigarrillo al tembloroso científico.

-Cálmese profesor, la ciencia nunca puede avanzar más deprisa que la sociedad o es nuestro deber hacerla “tropezar”.

-¡Pero mi test es inofensivo! Mediante un análisis de ciertos genes clave y suponiendo ausencia de percances ajenos a la biología del propio individuo estimamos su máxima esperanza de vida. Nada más.

El burócrata sonrió.

-Profesor, ¿qué haría si supiera exactamente el tiempo que le queda?

-Supongo que sólo aquello que realmente deseo.

-Ese es precisamente el problema.

Allí, en las alturas

Allí, en las alturas, era imposible de encontrar. Oía el crepitar de las antorchas, el clamor de la muchedumbre enfurecida que pedía su cabeza sólo por pensar diferente. El doctor D. esperaría hasta que el hambre y la desesperación menguasen la determinación de la turba, y seguiría su viaje hasta el final del camino del conocimiento. Quién sabía las maravillas que aguardaban allí. Evitaría los peligros refugiándose en la naturaleza. Al fin y al cabo, el sí descendía de los simios, y podía trepar a los árboles.

El Museo del siglo XXI

 

 

 

 

“Hace miles de años, nuestra especie estuvo a punto de extinguirse”, así daba siempre la bienvenida el guía del Museo de Historia. El museo era una ciudad conservada intacta desde el siglo XXI. Los visitantes siempre se sorprendían de cómo, con aquellos ya elevados conocimientos científicos y tecnológicos, sus antepasados hubiesen estado a punto de terminar con los recursos del planeta. Hasta que leían el cartel justo en la entrada del Parlamento de aquella ciudad: «Los gobiernos durante todos esos siglos invirtieron más en armamento que en ciencia».

Amanecer

Esa mañana llegó pronto al laboratorio. Estaba nervioso. El sueño se había repetido insistentemente durante la noche. En la penumbra, miró hacia la zona de ensayos. Con una mezcla de miedo y júbilo encendió la luz. Se acercó más. No pudo contener un grito. ¡Había funcionado, el experimento estaba completo! Con lágrimas en los ojos, pensó en su familia, en su casa. ¡Ya podía publicarlo, ya podía volver a España! Deslizó sus dedos por la probeta, acariciando el esfuerzo de tantos años. Desde pequeño la ciencia era parte de él. Y por fin él era parte de la ciencia.

Mi dedo descansa

Mi dedo descansa sobre el botón de reset. Este subconjunto de variables no pasó el corte, pero casi como si tuviera vida propia, mi dedo índice no afloja, siento esa sensación que tienes cuando te marchas de casa pero crees, o mejor dicho, tienes la certeza de que algo se te olvida. ¿Acaso he olvidado algo? Las respuestas eran coherentes pero la IA no superó 50 ciclos del test de Turing, pero esa poesía… ¿cómo puedo decidir algo así? Un sudor frío recorre mi frente, no puedo soportar más este trabajo. A veces pienso que yo soy la máquina.

Cierra los ojos y abre tu mente

Cierra los ojos y abre tu mente, y aparecerá  un punto blanco en medio de la oscuridad, como por arte de magia se transformará en un cuadrado, un polígono y sin darte cuenta tendrás la torre Eiffel en tu mano.  Dicen que el universo es infinito, pero ni la mitad de mi imaginación.

Abre los ojos y prepárate para soñar. Porque la ciencia es exactamente la imaginación de los que buscaron la verdad.

No puedo evitarlo

No puedo evitarlo. O más bien digo que puedo pero no quiero. Cada vez que me miras tengo que hacerlo.

Imagino que tendrás tus momentos de cavilación, preguntándote por qué soy así, y siento no ser más explícito contigo. No pienses, por favor, que es algo personal. No se trata de amor ni desamor, ahora no puedo explicártelo.

Yo soy así, y tendrás que aceptarme tal cual soy. Pero no me preguntes más por qué, cuando me miras, tengo que pasar por una de las dos ranuras y cuando no estás, paso por las dos a la vez.

Franz Lutier camina por las calles

Franz Lutier camina por las calles de Amberes, rendido. La bolsa en la que guarda sus inventos pesa como una montaña, engordada por sus fracasos, sucedidos uno tras otro por toda Europa: «¡Vean la maravillosa caja que creará sus retratos en un segundo!», anunció en Viena; «¡Sorpréndanse con el aparato que guardará cualquier sonido en este simple disco!» gritó en un mercado de París; «¡Maravíllense con el vehículo del siglo: el velocípedo!» exclamó en Londres. Pero harto de fracasos, abandona sus sueños, pues ya se lo avisaron  en la corte de Luis XIV: »¿Para qué molestarse? Ya está todo inventado.»

«Estoy viejo».

Que estoy viejo y oxidado, me dicen, ¡hombre! llevo 70 años aquí sentado, ¿qué esperaban? Sufriendo la intemperie, con este aire, con tantas lluvias y con este potencial estándar de reducción mío tan bajo… lo que me extraña es que aún aguante el peso de adolescentes encaramados a mí comiendo pipas o de jóvenes sentados sobre mi lomo besándose durante horas. ¡Viejo y oxidado! Lo que hay que oír.

Si escribieras una fábula

-“Si escribieras una fábula de pececillos les harías hablar como grandes ballenas”.- Citó mi amigo filólogo mientras me regalaba Moby Dick.

Tras graduarme como oceanógrafa he recibido presentes de lo más peculiares, desde un anzuelo fosforescente hasta una sartén para freír anchoas.

Me resultó difícil explicarle que poco nos preocupa aquel monstruo descrito por Darwin en su ‘Viaje de un naturalista’ en comparación con los verdaderos peligros que impactan en las cadenas tróficas planctónicas.

-¡Pero es un clásico!- Recriminó inmediatamente.

-Los Jonases, Purchas o capitanes Coock de hoy en día… 

-¡Un clásico!- Me interrumpió.

La Ciencia es la Constitución

La Ciencia es la Constitución de los cerebros pensantes. La ley.

Hay investigaciones que son científicas y otras que no.

La especie humana avanza a través del desarrollo de los hemisferios cerebrales. Uno de ellos afín a la ciencia y el otro a la intuición.

Los humanos somos una raza compleja: corporales y espirituales, intelectuales y emocionales.

Los pensamientos dan lugar a emociones  y éstas a las acciones. Nada es neutro, ni la ciencia. ¡Esa es la Magia!

BUENA REACCIÓN

BUENA REACCIÓN

 

Primer día a solas en la Estación Espacial y ya había estado en apuros.

 

Dormido, sin fijar su cuerpo a ninguna superficie. Primera Ley del Astronauta. Y por casualidad había despertado en el vacío, flotando, sin velocidad ni asidero en el mismísimo centro del módulo de entrenamiento.

 

BUENA REACCIÓN

 

El reemplazo llegaría en cuatro días. Demasiado tiempo.

Ahora, comiendo y mirando las estrellas a través del cristal, sonreía aliviado. Lanzar la llave inglesa que llevaba en su bolsillo para flotar muy lentamente en el sentido opuesto había sido suficiente.

 

‘Gracias, Newton’, susurró mientras se llevaba la compota de manzana a la boca.