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El agua como metáfora para el medio creativo

25 de Julio de 2014

Comentábamos que el agua, por sus múltiples propiedades, puede ser mucho más que puro contenido en el acto de comunicar, puede ser lenguaje, metáfora y maestra.

Puede hacer visible, lo invisible y comprensible, lo casi incomprensible. En el artículo “El agua como lenguaje de comunicación” explorábamos con especial atención las facetas de lenguaje y maestra del agua. Hoy, me gustaría dedicar estas líneas al agua como metáfora y como entrenadora; y para ello nos aproximaremos al mundo del arte y del movimiento. Intentaremos que el agua transforme en perceptible, aquello casi imperceptibe, ya sea a través de su toque real o imaginario.

Cecilia Colacrai en La incorruptible belleza de la distancia, foto de Hernán Galbiati

El agua es una sustancia que, en este planeta, puede encontrarse en fase sólida, líquida y gaseosa. A temperatura ambiente, entre 20 i 25ºC, se encuentra en estado líquido y presenta una densidad aproximada de 1kg/dm3. Estas características nos permiten pensar en el agua como un fluido, así como nos permiten explorar el principio de Arquímedes. Este principio plantea que todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del fluido desalojado. ¿Para qué pueden servirnos todos estos datos? Seguro que muchos de nosotros hemos visto o asistido a clases de movimiento dentro del agua. Desde fuera puede parecer simple porque el empuje que experimentamos dentro de ese medio, nos libera en casi un 90% de la fuerza que tenemos que hacer en tierra firme para sostener nuestro peso. Lo que tal vez no nos hemos planteado es como esta liberación de la fuerza de gravedad hace que disminuya considerablemente la presión sobre nuestra estructura ósea y articulaciones, lo cual nos incrementa la amplitud de movimiento articular. Además de que nos proporciona otros muchos beneficios. Pero el agua no sólo nos ayuda a movernos cuando nos sumergimos físicamente en ella, también cuando lo hacemos mentalmente. La bailarina Ana Laguna (http://www.danza.es/multimedia/biografias/ana-laguna) nos comenta que la danza es como el agua. Dice: “El ballet no es una sustancia quieta, tangible, sino que cambia, hay que pensar que la danza es como el agua”. El bailarín, coreógrafo y fundador de la compañía REFUG, Rasmus Olme reflexiona sobre cómo el movimiento entendido como una dirección espacial puede dirigirse a través del cuerpo y sobre cómo conseguir la flotabilidad del cuerpo en la tierra hasta conseguir cancelar la gravedad.

Iris Heitzinger en Trinity

Por otro lado, las bailarinas, coreógrafas y enseñantes Iris Heitzinger (http://missluisstwisted.flavors.me), Natalia Jiménez (http://nataliajiga.weebly.com) o Cecilia Colacrai (http://www.ceciliacolacrai.com) utilizan la metáfora del agua para ayudar a sus alumnos a definir mejor el movimiento. Vivimos inmersos en un fluido, el aire. Pero el hecho de que sea transparente y que siempre nos rodea nos ha llevado a casi olvidarlo. Si nos imaginamos que este aire se transformará en agua y tuviéramos que bailar inmersos en ese nuevo medio, todos nuestros sensores se afinarían para notar el maravilloso contacto de las moléculas de agua con nuestra piel. Todos nuestros músculos empujarían ese fluido más denso que el aire con un ligero incremento de fuerza y precisión. Todo ello, nos ayuda a entender mejor a nuestro cuerpo y definir mejor nuestro movimiento. La metáfora del agua nos entrena y perfecciona en el arte de bailar.

ACERCA DEL AUTOR

Irene Lapuente
Fundadora y directora de la Mandarina de Newton, una empresa comprometida con la cultura científico-tecnológica. Es Física de formación, cuenta con varios postgrados en comunicación y pedagogía y titulación en danza clásica. Por eso sus áreas de expertise son: el método científico, el design thinking y los procesos creativos.
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