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Aguas terapéuticas en la Península Ibérica

12/07/2018 - Blog

Bajo el título VBI AQVAE IBI SALVS este libro profundiza en el estudio del agua como elemento esencial para la salud y cómo la presencia de agua ha sido imprescindible a la hora de establecer cualquier asentamiento humano.

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No nos remontaremos a épocas prehistóricas, donde es evidente la necesidad del ser humano de establecerse junto a ríos y manantiales, sino que vamos a centrarnos en el uso concreto de un tipo concreto de agua, con características específicas en cuanto a su composición y temperatura, que lleva a su utilización con fines terapéuticos o religiosos. Así, estudiaremos las evidencias de utilización de estas aguas en el periodo comprendido entre la segunda Edad del Hierro y la Antigüedad Tardía, en el ámbito geográfico de la Península Ibérica.

La evolución geológica determina la aparición, y también la desaparición, de surgencias con temperaturas y composiciones químicas diversas, que otorgan a estas fuentes un carácter “especial” que propicia su utilización con fines curativos o religiosos. Este uso arranca desde la remota Antigüedad y se mantendría, en numerosos ejemplos, hasta nuestros días. Sin embargo, no en todos los casos existen vestigios materiales suficientes como para demostrar su uso a lo largo del tiempo.

Si uno de los elementos que definían la ciudad en época romana era la existencia de unas termas, para el ocio y la higiene, e incluso en muchas villae y mansiones se construía un pequeño establecimiento termal o balneum; en el caso de las termas medicinales o curativas, estas se edificaban allí donde brotaba el agua. De ahí que debamos tener en cuenta un hecho elemental y evidente: la terma curativa se encuentra allí donde está el manantial.

Aguas terapéuticas y medicinales en la península ibérica

Hasta no hace muchos años (podríamos establecer la fecha de 1996, con ocasión del Congreso celebrado en Arnedillo, La Rioja), el estudio de las termas se hacía de manera genérica, sin diferenciar aquellas que tenían que calentar el agua, de las que aprovechaban las aguas que manaban a altas temperaturas o las que se construían al amparo de los manantiales que brotaban de forma natural. De esta forma, las termas curativas podían dar lugar a asentamientos, en los que llevar acabo los tratamientos y dar alojamiento a enfermos, acompañantes y, suponemos, médicos y hasta sacerdotes, al mismo tiempo que propiciar una red de caminos de acceso a estos enclaves. Algunos de estos lugares con surgencias de aguas a altas temperaturas, y en función de su aprovechamiento, eran conocidos con la denominación Aquae o Aquae Calidae, así aparecen citados en los autores clásicos y señalados en los Itinerarios, como es el caso de la Tabula de Peutinger (Talbert 2010; Peréx y Rodríguez Morales 2011: 153-170).

La vitalidad de la investigación de los centros termales mineromedicinales es un hecho en la actualidad. En temas directamente relacionados con el que nos ocupa, referidos principalmente a Italia y Francia, trabajan, entre otros, P. Zanovello, M. Bassani y M. Guérin-Beauvois. Del mismo modo, para la Península Ibérica destacan los trabajos de F. Díez de Velasco, G. Matilla y S. González Soutelo. Para Portugal, y tras la desaparición de Helena Frade, encontramos los trabajos de M. Reis, más centrados en las termas en general, y los de S. Carneiro referidos a Chaves.

Hemos recogido en nuestro Catálogo aquellos yacimientos en los que la evidencia de termalismo medicinal, o del culto a las divinidades de las aguas, es clara y permite un análisis en profundidad. De ahí que nos hayamos decantado por incluir solo aquellos ejemplos para los que disponemos de datos fehacientes de su utilización en época prerromana y romana. Esto hace que queden fuera de la relación aquellos balnearios actuales sobre los que existen exclusivamente noticias de hallazgos casuales de restos arquitectónicos, o monetales, atribuidos a “los romanos”. Estas informaciones, trasmitidas en la mayoría de los casos por los médicos en sus memorias sobre los balnearios, fechadas a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, son excesivamente imprecisas y difíciles de confirmar, por lo que hemos optado por su no inclusión. Así, quedan fuera muchos de los yacimientos recogidos por H. Frade (1993 y 1997), pionera en el estudio de las termas medicinales de Portugal, dado que ella misma determinó como dudosos muchos de ellos.

De esta forma, nuestro Catálogo queda configurado en 152 fichas que constan de una introducción, que sirve para contextualizar de forma genérica el yacimiento o la surgencia estudiada; se presentan a continuación los datos referidos a época prerromana, si los hubiere; y, del mismo modo, los datos de época romana, ya sean inscripciones, hallazgos numismáticos o restos arquitectónicos.

Se especifica, siempre que ha sido posible, la composición del agua y la temperatura. Cada apartado de la ficha aparece firmado por su autor, evidenciando el carácter colegiado de esta obra.

Los siete capítulos que constituyen el corpus analítico de este libro han sido realizados por destacados especialistas en los diversos temas que se abordan, todos ellos vinculados a las termas curativas y el culto a las aguas. De esta forma, el doctor en geología e investigador del CSIC, C. Martín Escorza, especialista en vulcanismo, analiza los aspectos geológicos que determinan las características minerales y la temperatura de las aguas utilizadas con fines terapéuticos. E. Sánchez Moral, cuyo principal campo de investigación se centra en el ámbito simbólico y ritual de la religión en el marco de la cultura ibérica, revisa las manifestaciones rituales relacionadas con el agua de dicho ámbito cultural. Mientras, M. Gabaldón, doctora en Arqueología, especialista en el estudio de los ritos de guerra y de victoria del ámbito mediterráneo y celta, se ocupa de la Hispania indoeuropea. J. Andreu, doctor en Historia Antigua y Profesor Titular de Universidad, que se dedica, entre otros campos de investigación, al estudio del “hábito epigráfico”, presenta un análisis pormenorizado de las inscripciones relacionadas con la sacralización y el culto a las divinidades de las aguas. Por su parte, I. Teixell, arqueóloga, especialista en numismática, realiza en esta obra un estudio de las ofrendas monetales a manantiales y fuentes. M. Pérez Ruiz, doctora en Arqueología, perteneciente al Cuerpo Facultativo de Conservadores de Museos, siendo su principal campo de investigación el relacionado con el espacio doméstico, la religión y la vida cotidiana, se ocupa del estudio de exvotos y ofrendas en centros termales. M. Teresa Miró, doctora en Historia Antigua y Licenciada en Filología Clásica, aporta, junto con Carme Miró, el valioso Apéndice de textos de autores clásicos que, de una u otra forma, se refieren al tema del uso del agua en la Antigüedad, siendo la autora de la traducción de todos ellos. Por último, C. Miró, arqueóloga y responsable del Plan Barcino del Ayuntamiento de Barcelona, y M. J. Peréx, doctora en Historia Antigua y Profesora Titular de Universidad, hemos desarrollado el capítulo vinculado con el análisis arquitectónico de dichos establecimientos.

Este texto, escrito por María J. Peréx Agorreta y Carme Miró i Alaix es la introducción del libro VBI AQVAE IBI SALVS, publicado por la UNED y Fundación Aquae, que se puede descargar aquí.

 

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