Microrrelatos 2016
Viajes al pasado
Dicen los que saben que, si los viajes en el tiempo y en especial hacía el pasado, fueran posibles, ya habríamos tenido varias visitas de los habitantes del futuro; que ya se habría presentado alguna evidencia de que estuvimos ahí, o que no hubiéramos resistido la tentación de visitar a nuestros ancestros, cambiar algún detalle de la historia o cosas por el estilo. La verdad es que hemos estado esperando por años a que dejen de llamarnos locos para volver a visitarlos.
La máquina de vapor
El agua del cilindro comenzó a burbujear. El émbolo se movió hacia abajo y luego hacia arriba. Ese movimiento se tradujo en una rotación en el eje. Cada vez más rápida. Esta vez no había que mover la manivela. Ahora la fuerza de la naturaleza, la del vapor, lo liberaba del trabajo pesado.
Alguien tiró una piedra contra la ventana del cobertizo. Y otra más. Gritos. El progreso no es nunca bien recibido. El hombre apagó el fuego de la caldera, anotó algo y salió discretamente por la puerta trasera.
Desvaríos
Galileo, debes dejar de decir locuras. Por tu bien, por el de tu familia. ¿No ves que comprometes a mucha gente? ¿A cuento de qué esas teorías? ¿Sabes una cosa? Eso no le interesa a nadie. La gente quiere comer, beber, que no le roben. Solo unos pocos locos te escucharán. Ellos y la Iglesia. La iglesia te buscará y te interrogará. Y los locos no te ayudarán. Los astros los mueve la voluntad de Dios y eso es incompatible con cualquier ley. No hay más que investigar ni proclamar.
Experimentando juntos
―¿Hola?
―Aquí, mamá, en la cocina.
―¿Qué hacéis?
―Un experimento.
―Toma papá, aceite de girasol, agua y colorante alimentario.
―Mira, hijo. Llenamos tres cuartas partes de esta botella con el aceite y el resto con agua. Añadimos unas gotas de colorante. ¿Ves cómo la solución se oscurece? Ahora echamos un par de tabletas efervescentes.
―¿Tapo y agito, papá?
―Sí, eso es.
―¡Las gotas de agua con colorante que están dentro del aceite hacen burbujas!
―Ahora, con esta linterna las iluminamos. ¿Qué te parece?
―¡Me encanta mi lámpara de lava!
Eternidad infusa
Una molécula de eternidad brilló dentro de su tercer ojo. Tenía los ingredientes exactos para conseguir el elixir de la inmortalidad. Miró hacia su pasado y hacia su presente. Hoy era el día exacto del año 2009, un día antes de fallecer su madre: Luz. La muerte ya no sería más un pretexto, ni una carta de suicidio. Desde niño había recopilado todas las fórmulas que llegaban a su cabeza infusamente. El síndrome de Asperger conjugado con una alta capacidad le dieron las herramientas perfectas para congelar el tiempo. La capsula de Éter se diluyo en su boca lentamente.
Maritza
Cuando por fin pudo mirarse en un espejo del hospital, se dio cuenta de la verdad: tenía tetas. Sintió algo parecido a lo que las niñas de antaño experimentaban con la menarquía. Una sensación extraña entre curiosidad, ansiedad y temor. Aun así, quería mostrarlas. No había sido nada fácil superar a la psiquiatra y su ‘disforia de género’. Mucho menos a la seguridad social. Pero, qué más da, ya era Maritza, una versión latinoamericana de María Luisa. El reto eran ahora la Policía y la Registraduría Nacional. Esa foto de carné con fondo blanco tenía que desaparecer. Mauricio debía desaparecer.
El vaso de agua y el punto fijo
Y transcurrieron al menos diez años sin volver a vernos, y yo la había recordado a menudo con el pelo recogido, el vestido marrón y las medias violeta, recostada en el sofá de aquel bar del Marais en el que nos despedimos. Fue sin duda ella quien me habló en alguna ocasión de un tal Brouwer, de su teorema del vaso de agua y el punto fijo. Diez años después, el mismo bar tenía un nombre diferente, y, aunque también nosotros habíamos cambiado, ella seguía aprovechando mis despistes para abrir y cerrar los párpados con el mismo gesto excesivo.
El grifo
La llave abierta quedó por accidente y se derrama el líquido valioso, fluye aquel chorro del tubo perezoso ¡Qué despilfarro… no entiende la gente! Sale con fuerza y corre con presteza
formando charcos hondos e indecentes ¡Qué desperdicio, absurdo e insolente! ¿Qué tiene el mundo en su hueca cabeza? El preciado líquido emana largas horas de aquella tubería dañada y rota y finalmente el elixir se agota. Por fin lo entienden, pero ahora ya es muy tarde.
El tubo
Sigue goteando lento, intermitente, pero nadie parece darse cuenta. Ha de sentirse mal seguramente. El mundo pasa, lo ignora indiferente ¿Llorará de alegría? ¿Será eso? ¿Le dolerá la vieja coyuntura? Pero a nadie le importa qué le aqueja ¿Será quizá que le duelen los años? Sigue escurriendo con melancolía y profunda nostalgia cada gota. La gente sigue de largo y no lo nota. Cruje de noche y gime todo el día. Y la gota no cesa de escurrir desolada por la estructura de bronce ya oxidada, y solloza y escurre ya cansada ¡Ha de ser infinita la tristeza del tubo!
Por qué las enfermeras adoran a los físicos
Imposible no quererles. Cuando una enfermera toma la temperatura lo hará gracias al físico alemán Fahrenheit. Si pone un suero en tus venas se basará en Arquímedes y sus “Vasos Comunicantes”. Utilizando las jeringas, pone en valor el principio de Pascal. Las longitudes de onda de la luz, le ayudaran a saber cómo “saturada de oxigeno” está la sangre del paciente gracias al espectrofotómetro de Arnold O. Beckman, físico inventor del mismo, y si necesita usar un desfibrilador, quizás no sepa que este instrumento se basa en crear diferencias de polaridad, pero está salvando una vida, quizás a un físico.
Interacciones amorosas
—Hija, tu relación se terminó porque se sustentaba en la fuerza gravitatoria.
-No entiendo.
—Es fácil de entender, él estuvo junto a ti hasta que otro «cuerpo» desestabilizó su órbita. La gravedad es así, transmite una falsa sensación de seguridad, pero las relaciones que genera son inestables ante los cambios en el sistema.
-Bueno, así son todas ¿no?
—No. Existen otro tipo de relaciones que cuando son perturbadas por agentes externos, todavía se hace más férreas.
-¿Cuáles?
—En física, a la interacción que permite que los núcleos atómicos sean estables la denominamos «fuerza nuclear fuerte». En la vida, amor verdadero.
Obsesión
Un sesenta por ciento del cuerpo es agua, afirmaba el profe de Naturales. Me palpé para verificarlo, pero salvo la tripa, todo parecía sólido. Justo después, en Geografía, salió que casi tres cuartas partes del planeta son agua. Después tocaba Religión y nos hablaron del bautismo. Tan mareado salí de la escuela que hice un alto en la plaza para meter la cabeza bajo el caño de la fuente. Nada más llegar a casa me bebí medio botijo. Mi padre despotricaba por la sequía y la factura del agua. Recuerdo que soñé que era un zahorí. Hoy día soy buzo.
Condición humana
Mientras ascendía, pudo ver a Dios y no le saludó. En su emoción, olvidó ajustar su casco de astronauta.
La nota
Héctor Muiños
El profesor se disponía a entregar las notas de final de curso. Pedro había sido un alumno excelente pero en aquel examen final había confundido la ecuación de la onda, un error imperdonable. Si suspendía a Pedro, puede que cometiese un error y que por culpa de aquella nota dejase de interesarse por las Matemáticas. El profesor se acercó al niño:
̶ ¿Qué esperas de tu nota?
̶ Aprobar, como todo el mundo.
̶ ¿Y si no has aprobado?
̶ Tendré que estudiar más.
El profesor decidió aprobar al alumno. La Ciencia necesita gente con actitud positiva.
Alter Operación Triunfo
Las entradas se agotaron meses atrás. Miles de personas se agolpaban en las puertas, gritando sus nombres. Muchos lloraban. Cientos de niñas habían escrito en sus frentes, con barras de labios, los nombres de sus ídolos. Fleming era de los preferidos. En primera fila se encontraban las “mariecuristas”, con el número 88 en la espalda. El club de fans de Darwin portaba una enorme sábana bordada: “eres nuestra selección natural”. Se encendieron los focos y varias personas cayeron desmayadas. Newton abrió el espectáculo, saltando al escenario desde una altura de un metro, mientras un coro de admiradores coreaba: “gravedad, gravedad”.
Historia natural
Aunque ese día libre prefería ir al museo de arte contemporáneo, llevó sus hijos al de Historia natural. Su reflejo despeinado y ojeroso en una vitrina donde se exhibían calaveras ancestrales le hizo sentirse víctima del instinto de continuación de la especie. Se lamentó internamente hasta que los niños la tironearon para llevarla a conocer el centro de la tierra. Cuando se perdieron por el pasillo corrió intentando alcanzarlos. Al llegar a la sección de geología, se detuvo frente las formas brillantes de los minerales. Sonrió al comprender que el tiempo transforma lo duro y opaco en piedras preciosas.
Química
El científico se devanó los sesos durante meses. Llenó la pizarra de ecuaciones, algoritmos y complejas fórmulas matemáticas. Finalmente, simplificó el universo a un conglomerado de ceros y unos. La respuesta está cerca, se dijo convencido.
No obstante, por más vueltas que le dio, no consiguió explicar por qué ella, tras aquella primera cita, no le había vuelto a llamar.
Café cortado con reflexiones y leche fría
Después de un sueño bonito en el que aparecía mi difunto padre,
preparando café pensaba:
Así veo yo la muerte, volver a soñar una vez más.
Ya no le doy tantas vueltas a la cabeza por los seres queridos,
una vez a mi mismo me decía que ellos estarán donde estén.
Después de soñar por última vez, te vas con ellos a la nada o al todo.
Creo que es un sueño donde nos juntaremos de nuevo y si no es así,
para que darle más vueltas, no depende ni de ustedes ni de mí.
– Pápa ¿me pasas el azúcar?.
El milagro de la vida
Ambos miraron maravillados hacia el cielo, y contemplaron cómo se descargaban sobre el asfalto, miles de gotas de agua. Había sido mucha casualidad que hoy lloviera de ese modo tan desenfrenado, y además en el colegio, les hubieran explicado el milagro de la vida. Ese milagro tenía mucho que ver con lo que estaba ocurriendo en ese mismo instante. Para ellos había sido increíble descubrir, que no eran tan diferentes de aquellas gotas que se unían para formar charcos. Y luego ríos y lagos con un poco de azúcar. Y luego mares y océanos, con un poco de sal.
Sayab
Eran tiempos difíciles. El calentamiento global, enemigo silencioso y letal parecía ganarle la contienda a la Tierra. Yo me uní a las fuerzas que lo combatían. Debía modificar genéticamente una secuoya gigante y una ceiba barrigona, especie nativa del Cañón del Chicamocha (Colombia) y crear un híbrido resistente a altas temperaturas, pero bajo su sombra, la sensación de calor descendiera. De la investigación, que se extenderá cinco años más, ya surgió el sayab: árbol de 200 metros y gruesas hojas, que será como un oasis en medio del desierto, listo a ganarle una batalla al cambio climático. ¡La lucha continúa!
Calentamiento global
Todo parece indicar que este año no podré entregar los regalos de Navidad, ya no cae la nieve, he tenido que cambiar mi traje rojo por camiseta y bermudas, ¡me veo tan ridículo con esta panza y estas pintas! El trineo no se desliza y los renos están escuálidos, los pobrecitos no pueden alimentarse, el mundo ha cambiado, nos lo advirtieron y no hicimos caso, el calentamiento global está haciendo estragos, los niños ya no me piden juguetes, quieren agua, y yo… no puedo hacer nada.
Tiempo de reflexionar
Germán esa mañana abrió el caño, tenía mucha sed , el agua no salía, llamo a su mamá, el caño se ha secado gritó; la mamá se acercó y quebrantada exclamó; por la tala de árboles, los incendios forestales provocados; por el exceso de gases arrojados por las industrias, los derrames de petróleo; en mares y ríos, la capa de ozono está desapareciendo, dando como resultado el calentamiento global y el efecto invernadero, los glaciares se están derritiendo, los ríos están bajando su caudal, los mantos acuíferos se están secando, la ciencia confirma que el agua se esta agotando.
Eva, año 2050
La dieron por extinguida después del cataclismo, tras esos años inciertos en que no supimos qué hacer con el átomo, que se había convertido en un juguete para matar el aburrimiento. ¿Sobrevivía apenas ese puñado de hombres? Y, de pronto, aparece. Vista de soslayo, al umbral de la puerta de Ciudad Sombría, parece un monstruo amable, y lo es. Entra con paso entre firme y delirante. Cada bípedo obrero abandona el martillo, se seca el sudor y sonríe con imbecilidad insufrible. Y de nuevo hubo ganas de edificar el paraíso.
Sueño
Joaquín sueña cada noche con un hombre mayor que le aconseja qué hacer con su vida. Es un hombre muy parecido a él. Considera que ha venido del futuro para cambiar su vida para bien. Sin saber que es una máquina que está logrando, de a pocos, que Joaquín no cumpla su destino.
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