Microrrelatos 2016

Tiempos mejores

Me desperté temprano, una vez más. Bastó un pensamiento para que ER500, mi fabuloso y carísimo robot, acudiera a mi habitación. Me levantó de la cama, me puso mi uniforme diario y me transportó hasta el comedor. Mientras me servía el desayuno, observé el calendario digital. Estábamos a 24 de diciembre del año 3000. Recordé haber leído, en mi niñez, sobre una época en la que la tecnología no estaba tan avanzada. Una época en la que se celebraba algo llamado “Navidad”, donde se reunía la familia para mostrarse afecto. ¿Quién sabe? Quizás aquello era más valioso que mi robot.

Un nuevo estado

Borró todo lo que había escrito: «… un nuevo estado de la materia hallado en el agua… cuando el agua está atrapada dentro de hendiduras extremadamente pequeñas… los átomos de oxígeno e hidrógeno de la molécula de agua se deslocalizan y comienzan a estar presentes de forma simultánea en todas sus seis posiciones simétricas al mismo tiempo». Él no era periodista científico ni se había interesado nunca por la ciencia y si estaba escribiendo este artículo era porque su jefe se lo había pedido como un favor. Pero ahora se daba cuenta de cuanto desconocía.

El virus

A mí el virus me lo infectó mi padre, biólogo y pensador a jornada completa. La mente del científico no tiene botón de apagado. Es el virus de la observación, del análisis. No nos permite vivir nada al máximo, nunca somos parte completa del juego porque nos interesa demasiado como fenómeno para dejarlo pasar sin estudiarlo, sin comprender sus partes y cómo interactúan entre sí. La frustración es mayor cuando no lo vives por estudiarlo, pero al no terminar de comprenderlo eres impotente de influir. Hasta que lo comprendes y avanzas la ciencia. Ese virus me hace ser quien soy.

Cambio apocalíptico

Las nubes destilaban gotas de lluvia azufradas, los árboles practicaban la fotosíntesis a la luz de la luna y los icebergs se desplomaban en un cielo libre de oxígeno. Aurora dejó de saludar cada mañana y el mundo se enfureció ante un nuevo desastre natural. Sed y hambruna dejaron de ser sólo problemas de países poco desarrollados. La guerra por el oro líquido había sido el preámbulo de una larga lucha por el agua y la atmósfera pasó de ser un embudo con filtro a ser un coladero de rayos ultravioleta. ¿Sería éste el principio del fin?

Selección Natural

«La Selección Natural es la más natural de todas las selecciones. No implica elección alguna por parte de ningún individuo. Simplemente hay que dejar fluir el río de la vida en el que estamos inmersos y ver quienes llegan a su desembocadura», comenta Charles a su amigo mientras contempla el Río de la Plata a bordo del HMS Beagle.
«Sin duda, pero sin agua, el río no fluye, no hay selección y no hay vida. Para mí eso es lo único natural», replicó su viejo amigo.

1847

Ella entró a limpiar esa habitación, harta de los experimentos de su esposo. Qué asco; qué desorden. ¿A quién se le ocurría mezclar la nitroglicerina con tierra? Estable… ¿Por qué ese hombre no se buscaba un trabajo estable, como todos los demás? Ya no tenían dinero ni para pagar la renta… Química… Estupideces, eso eran.
Abrió la ventana para ventilar, malhumorada, y golpeó el frasco que había en la mesa. En la explosión subsiguiente volaron ella, la habitación y la casa entera.
Veinte años después y con esa misma mezcla, Alfred Nobel patentaba la dinamita y se hacía millonario.

Lágrima de vida

Soy la última gota de agua de la Tierra. Aunque mi composición no es la del agua pura, la mayor parte de mí está compuesta por ella. En un abrir y cerrar de ojos, caigo en picado sobre una hoja de papel. Me vuelvo roja al difuminar el título del folio, mezclándome con su amargura: “Y esto es el final”. Desde el salón, advierto la abrumadora sequedad de yermos páramos esperanzados de recuerdo, ciencia ignorada. Sol radiante, me evaporo junto a la sangre hecha letra de mi creador y destructor, en la historia escrita que ya nadie podrá leer jamás.

La duda

Eran muchos los años que había invertido en desarrollar aquella Inteligencia Artificial, y allí estaba él, delante de aquella fantástica máquina de la que ignoraba todo su posible potencial. ¿Sería capaz de desencadenar una guerra que aniquilase a la raza humana? ¿Tomaría el poder de todas las máquinas del mundo y convertiría en esclavos a los hombres? Tan solo aquel pequeño botón que acariciaba insistentemente y que podría destruir tantos años de duro trabajo le separaba de la gloria o del fracaso.

Entre pecho y espalda

Ahogado, con tos y poco peso, Pastor Quispe apenas tenía fuerza para levantar picas y repartirlas a sus compañeros. Como si la tierra cobrara lo que sacaba, su cuerpo se hacía más y más débil: silicosis, decían los doctores, mal de mina decía él. Ayer vino un voluntario para hacerle nebulizaciones y darle recomendaciones, pero él insistía en ponerse bolitas de hojas de coca en su boca para calmar los ronquidos y el dolor de pecho. Al día siguiente, cubierto hasta los ojos llegó a la mina, repartió las picas y entró de último, rezando, hundiéndose en la montaña.

Así empezó todo

Como en el punto de esta i estuvo el universo comprimido. El planeta pecoso de tu rostro, aquella tarde resinosa que brilla en el recuerdo como una estrella fugaz, Cervantes, que manco y todo escribía mejor que el todopoderoso Dios, los dinosaurios, la Vía Láctea creándose como todas esas galaxias tan hermosamente remotas, aquellos agazapados primeros amigos, hidrógeno, helio y litio. Después, el universo se expandió. Y, bohemio empedernido, sigue haciéndolo. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que se contraiga para empezar de nuevo desde un falso vacío, o hasta que tu mirada me abandone en un vacío verdadero y apocalíptico?

Para oirte mejor

Deja de gritarme, para… No puedo soportarlo más, me palpita el corazón ansiosamente, esa intensa voz…
Mi sangre está hirviendo, creo que voy a vomitar, no lo aguanto más.
Oigo hasta cada fibra de su pelo moviéndose y frotándose con el resto, por favor no lo soporto más, ayuda, lo suplico, necesito ayuda.
Mis dientes están comenzando a chocar entre ellos y estoy salivando sin poder parar.
¿Por qué nadie me ayuda? ¿¡ACASO NADIE ME ESCUCHA O QUÉ?!, ¡¡SOCORRO!! Lo ruego por mi vida, que alguien me ayude.
– Está bien señora, no se altere, bajaremos la intensidad del audífono.

El enfrentamiento

Me miró, lo miré y las gotas escarlata caían por sus mejillas. Parecían lágrimas sanguinolentas que mezcladas con un pardo licor corrían por su dermis áspera y húmeda. Sí, le había tirado el café. Directo, de frente. Ahora que veía como su rostro se deformaba, sentía remordimientos. El arrepentimiento y la pesadumbre me inundaban. Quizás, debería haberle dado otra oportunidad. Tal vez, un día, dos, de reflexión habrían bastado para verlo con perspectiva; para contemplarlo en la distancia, para comprender que en esta ocasión mi nuevo lienzo requería más mimo, concentración y un proceso de maduración. ¿O era yo?

Menos tú más yo

Rodri le decían de un momento a otro se encontró impertérrito, enfurecido, queriendo reír pero censurando su sentir, observaba como esa forma difusa lo confundía. Pensó en mil cosas, que era un animal, un ovni, no sé. Todo como en cada momento en la vida hace cambiar la visión que tiene de las cosas; la ola lo acercó, no era sino un lobo marino atrapado por un resto de red de irresponsables, que nunca pensaron lo que podría suceder, como muchos lo hacen diariamente en este mundo. Se levantó gritó pero no logró mas que salir de su perplejidad.

Amor en el Big Crunch

Ambos volvieron a la vida, después, se envenenaron. Antes de eso, los dos se profirieron melifluas palabras, después, los separaron. Vivieron infelices sin hallarse en el mundo, hasta que por fin se encontraron. Se amaron mutuamente, sus almas refulgieron, sus cuerpos se incendiaron. Jamás habían sido tan felices. En secreto se casaron. Amor eterno se prometieron. Después pasó un tiempo hasta que se desconocieron. Vivieron sin saber uno del otro, soñaron qué era amar y ser amado. Rejuvenecieron. Sus cuerpos empequeñecieron, rieron y lloraron, hasta que por fin nacieron y jamás hubieron existido.

Quiero parir en cuclillas

Mujer habitante de la calle, parto en expulsivo. Me acerco mientras me enguanto las manos. Me rechaza, no quiere que la toque. Insisto por varios minutos. Insisto otra vez pero soy rechazado. Observo que se pone de pie, desciende de la mesa de partos y se aferra con firmeza descomunal a uno de los estribos y grita: «LO VOY A TENER EN CUCLILLAS COMO SIEMPRE». Observo la cabeza del bebé asomándose e instintivamente acerco una colchoneta y la coloco bajo sus piernas en el justo momento del expulsivo, viendo como el bebé cae en ella suavemente, como en cámara lenta.

Ruinas

Árido, soleado, encumbrado y en soledad. Este es el paisaje que quedó luego de la gran destrucción causada por la negligente mezquindad de los hombres de este terreno cada día más solo. Únicamente las almas llenas de desesperanza, consumidas en las llamas de sí mismas es lo que queda. Solo permanece la flama humeante, que quema la sangre fluyente del interior de la tierra.

Templo de luz

Cuando ya habían llegado los resplandores de la vejez, el matrimonio se precipitaba a su final. «Aún podemos ser Filemón y Baucis, y morir aún más unidos que ellos» dijo el pequeño anciano de calva blanca y su esposa pelirroja e inmensa se dejó absorber fluyendo hacia él como fluye el agua en un tejado. Cuando llegó el día, no se dijeron adiós, sino que llenaron el cielo de esa galaxia con un corazón unido, pues desde el núcleo más profundo del anciano blanco, donde ahora moraba su esposa, el último latido fue más fuerte que todos sus latidos anteriores.

Tu’uum paea

Desde sus entrañas brotó el más doloroso bramido que se hubiese escuchado en el monte:
– ¡Tu’uum paea!
… y del pequeño caldero emergió aquella espesa nube que años atrás había curado al pequeño Kateén, cuando padeció la terrible malaria “blanca”.
Esperó… Esperó frustrado.
Se dejó caer al suelo de rodillas; aniquilado. Nadie. Ni el sabio Taita ni el ancestral Tucaxte’e, ni siquiera su valiente padre había hallado cura contra ese temible mal. Limpió delicadamente las heridas causadas por los escupitajos de las ramas huecas de metal, e imploró a Suytata para que se lo llevara a él también.

Tecnología del Amor

– Dime padre, tú que disfrutaste de los placeres del siglo XX, coméntame por favor ¿Cómo le hiciste para conquistarla plenamente? -Hijo mío, era mi vida más sencilla quizás, una tarde a mi casa la invite, cruce mis brazos en su cuello y mientras le daba un helado, ella miraba un vídeo, poco después apague el “Betamax”, bese su mejilla suavemente, prendí mi “Walkman” y le coloque en los oídos un auricular; cerró los ojos… yo le puse música y ella hizo lo demás. Ahora lo entiendo todo padre ¡tú tenias tantas cosas! y yo sólo poseo, un aparato celular.

Él fue feliz

Adebayo nada en una fresca y cristalina poza, chapotea con las manos, ríe y bebe, nada, chapotea, ríe y bebe otra vez. No sabe cuánto tiempo lleva ahí, pero sí que nunca ha sido tan feliz. Siente ardor en la garganta, le cuesta mover la lengua. Entreabre los ojos despacio. Un sueño, era un sueño. Llora sin lágrimas.

Gran jefe

Siendo niño, sentado sobre el suelo con las piernas cruzadas como si fuese un caudillo sioux, buscaba un silbido en mi garganta que sonase a Mahler o, quizá, a un concierto para violín. Un antiguo magnetófono de bobina simulaba ser mi orquesta. Me gustaba pensar que me observaba, silencioso. Aquel fantasma musical me inició en el espíritu del pentagrama, en el arte del solfeo y en el movimiento magistral de la batuta revolviendo notas flotantes en desbandada .Mucho después, subido a la peana de director, introduzco el mundo en una partitura y marco forte, para empezar la sinfonía.

Sólidos

SÓLIDOS

La música fluía, tranquila como un bello río.

Pero algo extraño sucedió. Poco a poco los sonidos fueron tomando consistencia, arrasando con todo, como un mar de lava ardiente.

Quité el volumen. La marea se detuvo… Subí el volumen, la marea avanzó…

Comprendí. Ahora percibo el peso del silencio.

Temo que -en cualquier momento- también adquiera consistencia.

Todo iba bien

La fusión nuclear ya había quedado obsoleta. Las colonias allende el Sistema Solar, sin embargo, aún la utilizaban. Allí la percepción del tiempo era muy distinta. No había noche o día con que regir las actividades humanas, mas unas luces que imitaban el espectro de la luz se encendían y apagaban como sucedáneo.
Corría el año 2359 y los asuntos en la Tierra cada vez iban mejor. Por cierto, se acababan de hacer unos experimentos esclarecedores que ponían fin a un debate que había interesado ampliamente: sí, ciertos minerales como el cuarzo rosa afectaban al sistema emocional y endocrino.

Agua del pasado

Cuando supo que iba a participar en el estudio “Regreso al pasado” no se lo podía creer. Solamente le pusieron una condición, rescatar aquello de su pasado que sirviera para que su presente fuera mucho mejor.
El viaje fue feroz, su cuerpo empequeñeció hasta convertirse en el niño que fue. Sus deseos eran los de un pequeño de cinco años pero sus necesidades también. La sed del viaje hizo que fuera el agua lo que más deseara y eso fue lo que se trajo al presente. Desde que la investigación se paralizó por la crisis nadie ha vuelto a traer agua.