Microrrelatos 2016

Descubrimiento

Cuando ya se ha arrancado el cuero cabelludo de la emoción mientras corre por el pasillo del laboratorio relegado al polvo y a la insignificancia de la vida hacia la luz de la calle y grita, en un impulso epifánico, las verdades que burbujean aún en su Erlenmeyer cae en cuenta de su error.

¿Qué sentido pueden tener las cosas cuando ya todo está descubierto?

Ante la expectante multitud acumulada a su alrededor vuelve a ubicar el mechón de pelo en su respectivo lugar, gira sobre sus talones, se interna, cierra otra vez la puerta del encierro.

Piensa antes de decidir

Abrió los ojos y allí estaba: la solución inexistente antes de su aplicación criónica. Ella viviría de nuevo. Y sonrió.
Salió curada y vio unas caras desconocidas, una sociedad absurda, una Tierra que no reconocía. El miedo la paralizó porque esa rebelión ante su destino, que le haría pasar de vencida a vencedora, la llevó ahora a una vida que ya no quería.
Todo giraba rápido a su alrededor, sin comprender, sin saber dónde ir, qué hacer. Su mente no podía aceptar su error.
Y cerró los ojos deseando volver a dormir, esta vez, para siempre.

Elsa y Albert

Elsa, según mi teoría he concluido que nada es absoluto, todo es relativo.
¿Todo Albert? –Sí, todo.
¿Y me amas absoluta o relativamente? –Absolutamente.
Querido, tenemos que replantear tu teoría

Temporalmente hablando

Dios, tú que todo lo sabes dime ¿qué es esto?
-¿Bromeas Adán? Eso, obviamente es un fósil de iguanodonte.
Dios, obviamente tenemos que hablar.

Refutar sin hablar

Científicamente hablando el amor no se puede probar, afirmó con vehemencia un joven profesor tras horas de presentación y ante un auditorio compuesto por más de 500 de sus colegas llegados de todos los confines de la tierra. En consecuencia, el amor no existe, y si hay alguien que desvirtúe mi teoría, por favor que se ponga de pie, concluyó.
Cuando esa joven de sonrisa delicada y ojos infinitos lo hizo, él supo que estaba perdido.

Jugando en el río

Una hilera de árboles de palo blanco bordean el arroyo. Sus raíces aferradas a la roca azulada en la pendiente de la cascada. Los troncos manchados y enjutos se inclinan reverentes asomando su follaje sobre la superficie del agua. Una libélula revolotea inquieta, mientras los niños, entre risas que contagian, saltan sobre las piedras bañadas en limo; uno que otro cae sentado en el río y las carcajadas vuelven a estallar.

Mamá llama a lo lejos, su voz cargada de dulce de leche. Los hermanitos corren colina arriba. Luego del almuerzo habrá tarde de sobra para seguir jugando en el río.

¿Avance o retroceso?

Cuando ya no utilicemos palabras para comunicarnos. Cuando se esfumen de las tiendas el “buenos días” a la entrada y el “hasta pronto” a la salida, con su aroma dulce y amable. Cuando los libros en papel no sean más que un recuerdo fugaz. Cuando en las tardes soleadas de primavera, las calles estén vacías y el silencio impere. Será entonces cuando la tecnología nos habrá absorbido. Cuando la deshumanización llegue a su fase álgida y terminal. Cuando una especie que se creía perfecta, selle su propia muerte.

Lo que en verdad amaba

Soñó con el agua. Con el ruido de las olas. Con el olor a tierra mojada. Al despertar, se detuvo delante del cuadro. De lejos, era una aguamarina azul. De cerca, la silueta de una tarde de verano. Se puso las gafas de realidad virtual y todo cobró vida de repente: olió el salitre, se quemó con el sol, incluso, cayó rendido ante los encantos de las bañistas que pasaban a su lado. Sin embargo, cuando se las quitó, supo que la ciencia nunca recuperaría aquello que antes había soñado, pues era incapaz de reconocer lo que en verdad amaba.

Pero le gusta verme

Nadie esperábamos que el teletransporte llegara tan pronto y mucho menos a nivel doméstico. Para mí es el más impresionante logro de todos los tiempos que nos ha regalado la ciencia, gracias al cual puedo visitar a mi madre en la residencia en cualquier rato libre. A ella, sin embargo, le parece poca cosa si se compara con la lavadora.

Eólica influencia

– Adiós, adiós – Le decía su hijo a los molinos cada vez que cruzaban la montaña en coche.
Ella le había dicho: – ¿Ves? Te están saludando, diles adiós.
Ahora, años después, volvía de recogerlo en la universidad. Estaba cursando mantenimiento y gestión de energías renovables.
Por el espejo retrovisor sonreía observandolo. El chico había dejado de lado el móvil para mirar a los molinos, y ella apostaría lo que fuera a que mentalmente los estaba saludando.

Doña perfecta

Era una gota, una gruesa y bien formada gota de agua.
Había saltado díscola desde la regadera cuando regaba las plantas. Y ahora estaba allí en el dorso de su mano, perfecta y brillante.
La obsevó un largo instante, y luego acercó la mano a su boca y la aspiró.
Lo sentía por ella, era hermosa, pero no se debe desperdiciar el agua.

El Warka del agua

La tribu comía alrededor de los nuevos Warkas. Los blancos, antaño, habían talado los antiguos para plantar café: eso atrajo las sequías. Pero, jamás, un surma taló ninguno: ¿Matar a una divinidad que velaba por su gente? ¡Nunca! Ofenderían a la Madre Tierra. Por eso, los árboles, reencarnados, habían regresado a sus territorios. Ahora, las mujeres, con su prole, no tendrían que andar kilómetros para traer el agua, ni habría epidemias. Ahora, el nuevo Warka la bebería del cielo y, luego, toda la tribu libaría su savia…
Por respeto, antes de beber, dibujaron en sus cuerpos el Warka del Agua.

El genio bajo el manzano

Una manzana cae.

Un hombre lo contempla.

Nace una idea.

Un suceso leve que tendrá consecuencias de gravedad.

Relación de pareja

–Llevamos dos meses saliendo, yendo de ecuación en ecuación, de polinomio en polinomio y de función en función. Pero apenas te conozco, nunca me cuentas nada de ti, de tu familia, de tu vida… Eres toda una incógnita para mí.

–Lo sé –respondió X.

Multiverso

No es fortuna, no es predilección, es por el capricho físico del cosmos que la tierra es tu casa. Tu unicidad redundante en egolatría se fragmenta con el peso de los miles de universos en los que existen réplicas de tu “muy singular” persona y que no estarían identificadas con lo que eres aquí.
Pero, ¿qué importancia tiene la unicidad cuando sabes que maravillosamente las mil posibilidades vivibles ya imaginadas, están realizadas o están a la espera? maravillosamente en el siguiente Big Bang otro yo se encontraría con vos y ¡bang! ahí todo funcionaría.

Cismáticos

Leyó en el periódico que había guerrilleros.
Troncos por doquier, árboles cortados a diferentes alturas, carros con motosierras hacían esos cortes. En los parques solo esculturas y bancos. Cables del tendido eléctrico brillando al sol. Remolinos de polvo en las calles, negociantes revendían botellas con agua.
—¡Hay actos de terrorismo! ¡No salgan! —le dijo a sus hijos.
Los guerrilleros ya estaban también en las ciudades.
En la televisión: mataron a dos, uno se interpuso ante una motosierra, otro echó agua sobre un brote verde.

Sequía

El avión deja caer la bomba. La bomba explota —por una falla técnica— entre las nubes. El campesino se persigna.
—¡Que trueno más extraño!
La lluvia cae sobre la tierra reseca.
El campesino vuelve a persignarse.
—¡Gracias a Dios por el agua!

Despertar

Al parque llegó una casa. Tres aposentos, dos baños, cocina, sala y balcón. Ambiente tranquilo, luminoso. Color beige.
Él no sabe qué hacer. Tiene cuatro árboles, verdad. Pero allí nunca llegan casas como esta, tan luminosas.
La siente en su regazo. Algunas hojas se ruborizan, caen sobre las bolsas de nailon.
Ella llora. Tiene agua abundante. Caliente, fría. Mezclada. Quiere llorar, le duele la sequedad del parque.
Él ya sabe qué hacer. Pasa un pañuelo por sus ojos. Exprime agua, tranquila, luminosa. Sobre el césped, retoñan margaritas.

¡Ça Alors mon amour¡

Porque nuestro origen está en el agua, nacemos flotando en líquido y de agua estamos compuestos en gran parte, en el agua debemos terminar nuestros días, dijo ella mientras paseaba flotando por la Rive Gauche del brazo de Descartes.
“Viajar es casi igual que hablar con aquellos de otros siglos”, dijo René como única respuesta.
¡Ça Alors mon amour¡ Vamonos a Plutón, dicen que el planeta enano esconde un océano escondido bajo el hielo, la nave New Horizons nos lo contó. También tiene una zona que brilla como el sol en forma de corazón… ¡y no existe internet¡

El sueño eterno de la ciencia

El sueño de un científico que soñaba con el tiempo se volvía pesadilla al ver su cuerpo pudrirse. Él, que había soñado con emborrachar de eternidad al presente, y robarle en su ebriedad al futuro, ya solo veía las máquinas que le hicieron promesas vacías. Suspirando en un cuarto blanco, lleno de muerte y pitidos, se preguntó lo que jamás se hubiera preguntado: “¿Por qué has huido de mí, tiempo cobarde?” Y una última voz le respondía: “Solo me alejo de los que quieran matarme. Entiende ahora que el tiempo huya”.

Eslabón

Hemos creado al Frankestein que nos destruirá. Hallamos un fémur antiquísimo. Prohomínido u homínido. El caso se complicó cuando decidimos clonarlo, aprovechando el material genético. Nada del otro mundo, un tipo feo, ordinario y renuente a bañarse. Tratamos de pulir sus modales, instruirlo, civilizarlo. El principio del fin comenzó cuando le mostramos la calle. Allí se gestó nuestra desgracia: automóviles rodando veloces, taxis, camiones, ómnibus, bicicletas, motos, triciclos, coches para niños, sillas para discapacitados… Enseguida solicitó audiencia con el Registro de Patentes. Comunicó su intención de reclamar, con carácter retroactivo, el derecho de autor por la invención de la rueda.

Números despistados

En la pizarra el baile de números era caótico, tropezaban sin encontrar su posición, algunos cansados se tumbaban, el desbarajuste ante la orden que dio el profesor era absoluto. Entonces apareció un anciano venerable gritando: ¡Señores, recurrencia!. Un número gritó: “¡Signore Fibonacci!”. Había decidido intervenir. “Tu gordito allí”, y el 0 ocupó su puesto: “Los primos después”, los dos 1 se situaron. Dijo a Don Par: “Señor 2, ahora”. Llamó al segundo primo, el 3 se colocó. Recordando la cadencia llegaron el 5, 8, 13, 21… Viendo el anciano que recobraron la cordura, Fibonacci se alejó sonriendo.

Tras la muerte

Mi nombre es Maica Arroyo. Soy la directora del departamento de Física Cuántica de la Universidad de Granada. La semana pasada hemos descubierto los misterios de la muerte. Ya podemos despejar la eterna pregunta de la humanidad de si hay vida tras la muerte. Pero no sería veraz si volvemos a escribir una hipótesis no contrastable. Por ello apretaré el gatillo y me volaré la cabeza. Si nuestra solución es correcta en unos segundos me comunicaré con mis discípulos para transmitirle todos los detalles desde la otra dimensión. FIN.

Describiéndome

Lo mío es un cúmulo de cosas, entre la causa y el efecto, la lógica matemática, modelos, leyes, hipótesis y teorías. Soy fáctica, analítica, empírica, metódica, sistemática, bastante legal; y sobre todo abierta, sin barreras. Como puedes comprobar, mi vida es un caos. Los humanos dicen que estoy loca, aunque soy la que transforma sus imposibles en certezas. Cuando aparecí, muchos estuvieron en mi contra y con el paso de los años todos decían que ellos me habían descubierto: astrónomos y astrólogos, químicos y alquimistas, geométricos y algebraicos… En fin, nunca llueve a gusto de todos.