Microrrelatos 2016

Centinela

La mañana comenzaba de forma singular. Cuerpos tendidos en suelo era lo único que podías ver mientras caminabas somnolienta. Parecía un sueño pero sabías que era el resultado del experimento. Tubos de ensayo regados por doquier y la última esperanza para la humanidad regada por todo el lugar. Tus pies esquivaban las batas blancas sin saber qué camino tomar; salir sería un suicidio, quedarse era asumir la responsabilidad de hallar la cura. Lees las últimas notas del ordenador. Te causa curiosidad. Vas al espejo y encuentras la respuesta del porqué los cuerpos estaban destrozados.

Caroline

En un mundo de núcleos, dulce niña, decidiste ser una mitocondria, olvidaste tu vida para combatir a la química fiel enemiga de la biología, enseñando al cuerpo humano que valía la pena seguir tus sueños, con aplausos y méritos, descubrimientos inesperados surgían de tus esfuerzos. ¿Qué sería de los científicos del mundo? -Si no existieras, las enfermedades tomarían el mando en un instante. Gracias a la sapiencia por tu existencia, gracias a la vida por tu dedicación, de todo corazón tu fiel amigo la ciencia.

En la esfera se debatían las amebas rosadas

Cuando salió al espacio exterior, atento a los diferentes instrumentos de su traje de astronauta, descubrió uno que le resultó extraño. Estaba adosado a la gruesa manga con un anacrónico pulso de resorte. Del costado de la caja sobresalía la corona de la cuerda. En la esfera se debatían las amebas rosadas de sus sentimientos, lascivas, acariciándose con sus pequeños cilios. De pronto, perdieron el entusiasmo y se detuvieron en una fea mueca. Entonces se preguntó cómo darle cuerda a ese aparato con esos guantes gordos. Se dio golpes de pecho y lo reconvinieron desde el control de la misión.

Apagón

El aire enloquecido de la abstinencia se filtra por las rendijas del mundo.

Ahora que la electricidad no fluye por las venas de este monstruo de concreto solo se escucha el retumbar, cada vez más portentoso, de las manos contra las chapas, las cabezas contra las puertas, gruñidos y aullidos confundidos en las escaleras del apartamento.

Escucha cómo estalla la puerta del vestíbulo y una cascada de piernas y manos ansiosas se amontona y avanza desordenadamente. Los rasguños por las paredes se acercan implacables hacia el baño.

Le queda doce por ciento de batería en el celular, asegura la puerta.

La promesa

Qué sorpresa verle al cabo de varias centurias. Tan enamorados estuvimos los dos que bebimos juntos el elixir de la juventud antes de que él partiera hacia otra galaxia.
−Espérame− me rogó −te prometo que volveré.
Yo le creí. Permanecí inmóvil en este planeta durante siglos, aguardándole, hasta que un día alguien pronunció mi nombre.
−¿Quién eres? No te reconozco− le dije.
−Soy yo− contestó.
−No puede ser, estás muy cambiado, si hasta tienes canas.
−Anda y tú− me respondió.

Playa ElsTrabucador

A una parte, la bahía; a la otra el mar abierto. Llegamos hasta las salinas con el coche y a partir de ahí paseamos dejando que las olas, muertas ya en la orilla, nos mojaran los pies. Prescindimos de la ropa dejando que el sol dorara nuestra epidermis.
Cuando ya la piel comenzaba a acusar los rayos solares, nos metimos al agua. ¡Qué gozada! Aquel baño resultó inolvidable porque aprendimos que el mar es un cómplice que presta su apoyo y su velo a quienes desean compartir con él momentos y sueños largamente deseados. Y que «Todo cuerpo sumergido…» flota.

El séptimo día

El hombre blanco estaba feliz con su botín. Se acercó a otro indígena y le dijo:
—Esto llama espejo, ciencia lo hace.
El indígena se quedó observando el objeto sin expresión alguna.
—Nosotros no necesita ciencia, ni espejo.
Dos meses después el indígena murió con toda su familia a causa de una extraña tos… nadie supo a que se debía.
Un indígena se acercó al hombre blanco.
—Mi gente muriendo está. ¿Quizá ciencia tiene cura?
—No, ciencia no tiene cura a tu problema.
—¿Y tuyo gente tiene cura?
—No, nosotros tampoco tenemos cura.

Casupo

El rumor del río y el murmullo de los árboles creaban aquella tarde de agosto la mejor canción, música cósmica y universal. Comencé a subir, con ella en mi espalda, fría y perfecta, y yo iba tranquilo, feliz, en paz, porque iba con ella. Contemplé y admiré todo lo que pude a lo largo del camino: cielo, criaturas, montañas, mi ciudad… y agradecí estar vivo aquel día, siempre con ella. Y solo al llegar a la cima del Casupo, ese lugar donde siempre meditaba, solo ahí, me fundí con ella, el agua, esa que llevaba en mi morral.

África

No hay «ngare» en kilómetros. Diez kilómetros recorre cada día Nashipai para recoger agua. Seis litros diarios carga sobre su espalda. Nashipai es bella y su piel luce como el ébano. Tiene cinco hijos y el agua que ella carga no da para todos. Algunas de sus cabras han enfermado. Tampoco hay leche para todos. Esto es África, a veces. Otras veces, África es superación, es dar la mano al que lo necesita, es color que arrolla a todos nuestros sentidos. África es vida. Es vida, a pesar de tanta muerte.

El aparato que nos abrió los ojos

Campos, pobreza y especial entrega al cuidado de los animales. Pocos eran los lujos, pero cuando se alcanzaba un logro sabía a miel. Así aprendí a querer a la radio. Su colocación en el hogar era privilegiada. El mejor mueble, el mejor barniz, el mayor cuidado y la mayor atención. La radio rompía barreras, a veces cantando copla colocada en la ventana para alegrar un barrio entero y amenizar trabajos. Otras veces, a imperceptible voz, metida en su discreta alacena y acercando un oído vigilante: “Aquí Radio-Estación Pirenaica la única emisora de radio sin censura de Franco”.

Ciencia indetenible

En un calabozo frío y oscuro yacía la palanca del bienestar y el progreso. Lumbreras, temerosas de la Inquisición, callaban y la Humanidad era presa de pestes y de sus congéneres que, valiéndose de las tinieblas, los sojuzgaban.
Pero gracias a unos valientes que decidieron rescatar a la secuestrada sin importarles morir quemados vivos, no estábamos eternamente condenados.
Uno dijo: “la Tierra es redonda”; otro: “Dios murió”; otro: «todo es producto de un largo y complicado proceso evolutivo». Así que, la cautiva fue liberada, el hombre venció aquellas pestes, alargó sus años de vida y viaja al espacio infinito.

Existencialismo hidrópico

No lo entendía, no comprendía porqué estaba viva. Solo sabía que se reproducía y que su piel sentía un extraño amor-odio por aquello que la rodeaba. Buscó respuestas en plan egoísta, siendo arquea, bacteria y protozoo, pero el individualismo no funcionó. Luego se juntó con las demás para formar una gran coalición, pero ni las algas, ni los cefalópodos, ni los grandes euriptéridos marinos pudieron saciar su ambición. Tardaría millones de años en darse cuenta que tenía que salir del agua, gatear y luego andar, para comprender que ésta era la clave de la vida.

Reciclajes

Mis hijos venían juntando varias botellas de plástico de distintos tamaños. Con ellas, Lucía reconfirmaba su ya habilidad con el diseño, modelándolas hasta conseguir perfectos acabados. Juan, por el contrario, se dejaba llevar por el entusiasmo de realizar el experimento, iba uniendo los modelos de su hermana hasta conseguir todo el entramado de tubos de ensayos y probetas que habían inventado para acabar con los plásticos. Cuando tocó poner en marcha el artilugio, la mecha disparó el fuego y todo desapareció en cuestión de segundos. Para la próxima vez decidieron utilizar otro reciclaje.

Huellas de agua

Todo el sistema de abastecimiento se había venido abajo. Un fallo eléctrico motivó que dejase de llegar agua a la base. La única alternativa, salir al exterior, caminar hacia los depósitos y traérsela. Miró al firmamento. Alrededor suyo, un abanico de estrellas refrescaban el sopor de la noche. Y recordó, a través del monitor, la recordó cayendo a mansalva sobre una isla tropical, perdida en algún remoto lugar del Pacífico. Pero en Marte, por el momento, no iba a llover. Y si estaban solos, no había otro camino que volver sobre sus propios pasos. Y así lo hicieron.

Agua: vida y felicidad

El agua quería conocer el mundo. Halló el ojo de la montaña y salió. Escudriñó el paisaje, empinándose y cayendo alegremente. Se asomaron las flores. Vinieron animales…Grandes, pequeños, pequeñitos.
Asustada, el agua enfiló hacia las profundidades. Entonces escuchó dolientes trinos, aullidos, gruñidos. Temblorosas, se inclinaron las flores.
Ante el reclamo de amor y dolor, el agua regresó. Besó a todos con gotas irisadas. Los arropó con velos de agua y luz. El viento la invitó a danzar. El agua iba cantando. Toda ella llamaba a la vida y la felicidad.
Y ya nunca nos abandonó.

Un mundo distinto

Vivía en un mundo donde no existía la pobreza ni la indiferencia, un mundo donde las máquinas hacían los trabajos forzados y las personas disfrutaban los pequeños placeres de la vida. Un mundo donde los viajes espaciales eran algo normal, donde se podían visitar planetas rápidamente gracias al puente Einstein-Rosen. En aquel mundo. Un mundo donde la única barrera eran los límites de la imaginación.

Ciencia y Tecnología

La ciencia y la tecnología han calado tanto en la humanidad que, una joven y hermosa mujer se muere. A petición propia es enterrada con su celular inteligente muy avanzado con el cual podía hacer maravillas y, sobre todo, recorrer mundos que solo habitaban en su mente. A los tres días de su entierro la madre, quien también tiene un celular de lo mismo de su difunta hija, recibe un mensaje de texto donde le dicen: ¡Mamá, mamá, ven pronto y tráeme el cargador, que me estoy quedando sin batería!

Buen ojo

Pablito le enseñó el cuaderno a la profesora. Estaba desastroso, lleno de tachones y de escritura emborronada. Además, lo había llenado de extraños dibujos que parecían piezas de un puzzle geométrico.

–Así nunca serás nada en la vida, Pablo Picasso –dijo su profesora devolviéndole el cuaderno.

El reemplazo

En casa todo iba bien. Cada mañana, mis padres preparaban el desayuno. Los dos eran capaces de susurrar a la licuadora, sonreír, de oreja a oreja, a la tostadora y guiñarle el ojo a la cafetera, a cambio de un zumo inteligente, unas tostadas doradas, crujientes, perfectas y un café inmejorable, pero todo cambió desde hace unos días, cuando los perdí para siempre, en aras a un futuro mejor. La empresa para la que trabajaban decidió reemplazarles por otros robots humanoides más avanzados.

Mi primera experiencia científica

Soy plenamente consciente de aquel instante. Mi abuelo fumaba su apestoso puro deleitándose con cada calada. Yo sabía que me guardaba como siempre su truco de buenas noches, por eso, me resistía a retirarme a mi habitación. Cuando el sueño iba a declararse vencedor, agarró una raqueta de tenis, la sumergió en un barreño lleno de agua jabonosa, chupó con fruición el cigarro y soltó todo su aliento a través de las cuerdas de la raqueta. Un centenar de burbujas colmadas de humo llenaron mi cabeza de preguntas. Al despertar, al día siguiente, buscaría todas las respuestas.

El único superviviente

Después del accidente de avión llevaron al niño al poblado. El único superviviente, nueve años, piel blanca y su libro arrugado de ciencias de primaria. Poco más pudieron salvar. Todos estuvieron pendientes de él, menos el brujo, nunca le gustó ese libro. El niño aprendió el idioma y entre todos inventaron nuevas palabras para traducirlo. Para la tribu todo tuvo sentido, las tormentas, el invierno, cuando el sol desaparecía en pleno día… y el agua. Ahora, con ochenta años, sentado en su jardín, observa el cielo del único país del continente que no está en guerra.

P-branas

¿Es seguro? – preguntó Niels. – Volvieron a revisar todas las ecuaciones; el resultado es el mismo: el gravitón puede trasladarse de una dimensión a otra. – Respondió Bell responsable del experimento: abrir un túnel interdimensional.

Tras diez años de preparativos, llegó el momento crucial. Los once aceleradores lineales de hadrones empezaron a funcionar sincronizadamente enviando partículas a un solo punto, desde el cual empezó a emerger una deslumbrante luz saturando el amplio recinto; luego advino la incertidumbre en los presentes por un prolongado momento y entonces, surgieron lentamente del túnel interdimensional aquellos seres gelatinosos entre la niebla que se iba disipando…

Cómo sería la verdadera ciencia para todos

Para iniciar la tecnología de la nueva era, lo primerísimo que tuvimos que hacer fue inventar el Dispositivo de Traducción Bioneurológico No Humano para así poder entender a la perfección lo que querían decirnos las plantas y los animales. Y entonces sí, ya entendiéndonos todos y respetando la vida por igual, empezar a crear el nuevo orden científico actual. Hoy por hoy, y por primera vez en la historia de la humanidad, sentimos que estamos haciendo ciencia sobre hombros de gigantes…

Esperanza

Mis latidos atravesados por un sempiterno estado de desasosiego. Una inhalación. Abrazos que no terminan de calar en calma. Esperanza que no termina de llegar. Todo sigue sin un final definido y determinado que uno no está dispuesto a aceptar. Un suspiro que acompaña la vagueza de mis ojos en el firmamento de edificios…un silencio, un vuelco y una bisagra de dolor en el alma. Bata blanca, rostro sereno.
-Ha salido bien.
Gracias Esperanza.