Microrrelatos 2016
Un amor imposible
Ella sostenía su bebé muerto entre los brazos. Era ya la quinta vez que perdía un hijo antes de haber nacido. Él la abrazó, mirando con tristeza el pequeño cuerpo que su amada acunaba. Ella era delgada y de rasgos delicados. Él era fuerte, de aspecto rudo pero corazón sensible. El chamán de la tribu había condenado su historia de amor como una relación maldita. Tiempo después, los paleontólogos que encontraron los cuerpos determinarían una incompatibilidad cromosómica para procrear entre la bella homo sapiens y el tosco neandertal.
La roca
En el laboratorio nadie podía creerlo. Era imposible. Tenía que ser un error. Lo que acabábamos de encontrar incrustado en aquella roca no podían ser células humanas con más de un millón de años de antigüedad. Estaba fuera de toda lógica. Pero repetimos las pruebas una y otra vez, y más de un centenar de análisis lo ratificaron. No había duda. Era sangre, sangre humana fosilizada en una roca recién traída de Marte.
Nuevas posibilidades reproductivas
La separación entre sexo y función reproductiva, ensayada casi desde los orígenes de la humanidad, solo había podido culminarse ahora.
Atrás quedaban los debates éticos sobre heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad…
La bioética había tenido que plantearse y resolver situaciones radicalmente nuevas.
Aquellos dos hombres sostenían en sus brazos a su hija biológica, que llevaba la herencia genética de ambos y que había sido gestada en el primer útero artificial.
Ella solo era la primera de una amplia gama de posibilidades en el nuevo horizonte de la procreación humana.
Y no sería, en efecto, el resultado más preocupante…
¿Es humano…?
Tras los fracasos de ExoMars, los resultados del Human Brain Project eran fundamentales para el sistema europeo de ciencia.
Se finalizó el primer cerebro cibernético a finales de 2028. En homenaje a Kurtzweil se realizó el Test de Turing en 2029.
El 7 de enero el gran acontecimiento fue retransmitido a todo el mundo.
Dos jueces distintos interactuarían con un ser humano y el primer cerebro cibernético total.
Al cabo de los 5 minutos, coincidieron en que el ser humano era B.
Resultó ser el cerebro cibernético.
La causa del error fue la superioridad ética y estética de B.
Murciélagos en el mar
-¡Serán gaviotas!- le dijo levantando la ceja.
-¡Que no!- le respondió abriendo dos ojos enormes e indignados, cansada de insistir y empezando a sentir una mezcla de ira y frustración. –Son murciélagos. Me lo ha dicho mi madre. Bueno, murciélagos de verdad no. Pero hacen lo mismo. Son unos cacharros que montan en un barco, disparan ¡Ping! y escuchan el eco. Y tú, sin mojarte ni los pies, puedes ver si hay peces, algas, o corales, incluso si hay un barco hundido en el fondo. ¡De verdad!
-Te lo estás inventando- y se alejó dando patadas al balón.
Repercusiones
Añoro, todavía, aquel aroma de polilla, de laboratorio abandonado. Y esa penumbra que la luz histérica de los neones no conseguía resolver. Has olvidado tu paraguas y borrar las fórmulas que escribiste sobre tu mesa. El cosmos en un lápiz de grafito. El caos descompuesto por las matemáticas. Dejaste el programa funcionado. Calculando, aproximándose al resultado final del enigma de la antigüedad de tu universo primordial. Una milésima antes del segundo cero. Y precisamente al final te dejaste arrastrar por la evaporación de uno de los agujeros oscuros al que acompañaste hasta su fin. Sólo dejaste aquella fórmula garabateada.
ós mo sis
Recuerdo que mi vecino de la infancia tenía un nombre muy curioso, se llamaba “azul”. Azul era un buen amigo mío, jugábamos, veíamos películas, comíamos helado, era muy tierno, noble, jocoso y risueño.
Como vecinos que fuimos, crecimos juntos hasta convertimos en adolescentes, cuando esto paso él cambio conmigo, era más atento, me llamaba mucho, me recogía en el colegio, me invitaba a cine, me componía y cantaba canciones…
Acciones que naturalice y dejé que pasarán como si nada. Hoy, con tristeza y treinta años después de aquellos momentos, no comprendo porque todo el tiempo me negué a su ósmosis.
Ápeiron
Hace algo más de dos milenios, Anaximandro había urdido las formas y los puntos de una sustancia primera, comienzo de toda vida. Creyó —en principio— que al verlo todo, todo era aprehensible; que pensamiento y natura no son anverso y reverso. Millones de lunas después, el trazo de la luz a través del agua y el aire no evoca reflejo alguno de unidad, y sin embargo las interminables líneas que oscilan parecen orientadas. En este mismo instante, mientras escribo, sé que la sangre no mueve mi mano, ni la electricidad el mundo. Tal vez el infinito tenga constantemente un fin.
Nota hallada en un laboratorio
Imagínese usted señor un mundo sin agua. Sí, como ha escuchado, un mundo donde los ríos se secan con la luz del sol, donde las canillas ya no gotean con su metálica melodía sobre un lavamanos, donde el contenido de las botellas es reemplazado por el aire caliente, donde las lágrimas nos cuestan el doble y nuestra piel se reseca como un viejo cuero cuarteado.
Este es el mundo donde vivo yo. Si usted todavía está a tiempo, le recomiendo que lea estas líneas una vez más antes de que sea demasiado tarde para todos.
Mi abuela
En la mañana me movía de un lado a otro, estaba ansiosa, quería tener noticias sobre mi abuela y su corazón.
Vernos a todos ahí en el hospital, era más angustiante que no vernos nunca.
Sin compartir muchas palabras, todos estábamos recordando nuestros momentos con ella, como filmando una película desde varias cámaras a la vez.
Llega el momento. El doctor sale y nos tranquiliza con su mirada, nos indica que mi abuela está bien. Y en silencio le agradezco a Jorge Reynolds por el tiempo que dedico al salvar el corazón de mi abuela y de millones de personas.
Tiempo lineal, infinito e intangible.
Y corría ese ser hasta que empezó a caminar en su dirección, y se dio cuenta que el tiempo transitaba en su mente y sus pasos; sin embargo, un paso de él era tan quieto que se estancaba en el movimiento de la manecilla de ese gigantesco e infinito reloj.
Astros
Posiblemente, el matiz del cosmos llega a ser observado cuando acerco mis labios a los tuyos, bajo la lluvia en la noche.
¡Estás mojada por la lluvia de astros!
Y en tu mirada de cielo se refleja el firmamento.
Y las estrellas nunca observarán el amor de dos humanos, pero sí es la escusa perfecta para llevarte al pasto y contemplarlas; Andromeda, Cassiopea, Centauro, Cisne, Orión, Pegaso, Osa mayor…
Mi dedo las indica desde mi recuerdo, y tú a mi lado…
Y el telescopio celoso
Aún no he decidido si la astronomía contigo sería una buena combinación.
Síndrome de Matusalén
De entre los efectos tanto psicológicos como sociales que ha traído consigo el espectacular aumento de la esperanza de vida, uno en particular se está haciendo cada vez más patente con los años: a medida que los humanos nos hacemos de manera habitual varias veces centenarios, la apatía vital parece adueñarse progresivamente de nuestras vidas. De hecho, como advirtió ya hace más de doscientos años el investigador que acuñó el concepto de Síndrome de Matusalén, más nos valdría no llegar nunca a ser teóricamente inmortales, pues correríamos el peligro de obsesionarnos precisamente con aquello fuera de nuestra alcance: la muerte.
Nuevos Gurús
Leonardo y la Gioconda lo sabían, Nostradamus también… Las Amazonas fueron una premonición, un intento fallido producto de las mentes retorcidas de Ares y Harmonía que pintó Feuerbach. Los ciber gurús del siglo XXI publican en Instagram y Youtube conferencias en las que vaticinan entre muecas y sonrisas forzadas que el masivo nacimiento de niñas versus varones salvará el mundo. Nuevos Mesías sin pretensiones ni venganzas atávicas, que recolocan en un nuevo rincón luminoso la maldición de la manzana de Eva, aplicando tan solo el sentido común y la estadística. ¿Lo averiguaremos antes de que lleguen los coches negros?
Un científico autómata
Douglas vertió las últimas gotas de sangre sobre aquel autómata. Estaba todo listo para iniciar la era donde los humanos no tenían presencia sobre la tierra. Él, un científico programado para crear seres mecánicos que imitara humanos.
Semanas después del ataque del Virus FD-307, creado por Douglas, aniquiló todo ser, todo aquel a quién le recorría sangre por sus venas. El científico autómata se acercó a consolar a su maestro, pero le abrazó tan fuerte que le arrancó el corazón, la última vida real se deslizaba entre sus manos de metal, a la vez que una carcajada llenaba el lugar.
Creador
Se fueron y se dejaron el paraguas. El olvido no hubiera acarreado más consecuencias que una buena mojadura de no haber sido porque ellos eran unos simples monigotes que algún científico loco dibujó con acuarelas una aburrida tarde de domingo.
Creación
Y Dios dijo: “hágase la ciencia”… Y la ciencia se creó
Deseos en ciernes
Salta de la base al exosqueleto, se mueve. Debe quitar unas piedras grandes del camino para resbalar con la ‘superpatineta’ sobre el polvo lunar. Se encuentra inmerso en el cráter del ‘Mar de La tranquilidad’. La ciudad está a kilómetros de distancia, en un domo.
Tiene apenas quince años y quiere ser científico espacial. Dentro de unos días empezarán las lecciones en la Universidad, pero hoy, aprovechará para divertirse, mientras observa la Tierra azul, grande, redonda, a la distancia.
¡Haré lo posible para habitar de nuevo, nuestro planeta…! ¡A mí me embriaga el poder de la vida!
¡Mis esperanzas fluyen…!
Can-cer
Doctor Melchor, acuda a oncología. Un nuevo paciente había acudido a la consulta y se requería su presencia. Su prestigio había crecido en los últimos años en el hospital a pesar de no haber sido un buen estudiante y era pieza clave en el diagnóstico del melanoma en la piel y tumores en el pulmón. Recorrió el largo pasillo en un minuto y sin bata entró en la sala donde le esperaba el equipo médico. Su olfato confirmo lo que el escáner más tarde ratificaría. Finalizada la exploración, un hueso como premio.
El sustituto
Millones de años viajando por el espacio a treinta kilómetros por segundo, cuando roza las capas exteriores de la atmósfera. A cien kilómetros sobre sus cabezas el meteoro arde. A cincuenta kilómetros es una bola de fuego brillante en el firmamento. Pero la luz se extingue y llega el estruendo rompiendo el cielo. Tras una estela de humo negro, cae para barrerlo todo. Y en Sodoma, Edith quedó atrás siendo petrificada en cloruro sódico, que es…
Señaló a un alumno quien contestó: ¿Sal?
Y esa fue la última vez que el profesor de ciencias sustituyó al de religión.
Cuerpos fusionados
Esto es un amor que no envenena ni utiliza otro mecanismo de control. De esos que la reacción química duraba segundos, pero que tokamakinar durante años. Dejando la carga de lado, pues estaba confinada en el cuarto estado, jugábamos con el manto que nos envolvía hasta reproducirnos en un pueblo francés. En condiciones normales no nos atraíamos ni a milímetros de distancia, pero llegaron las altas temperaturas y fue aquel estado en el que nos encontramos que hizo que interaccionásemos fuertemente. Pronto la siguiente generación nos proveería de sobrada energía electrizante para seguir adelante.
La quimera
El cerdo se le quedó mirando y ella supo inmediatamente que lo había conseguido. Percibió la razón en su pálpito y quiso reprimir un ancestral eureka de júbilo científico.
La quimera se hallaba ante sus ojos. Un corazón humano había germinado al fin en el hueco torácico del animal haciendo que temblara filantrópicamente su tocino. También Janet tembló cuando vio caer las lágrimas de la fructífera cobaya. En un instante de mutuo reconocimiento, comprendió su celular desconsuelo y corrió a cerrar con llave la puerta del laboratorio.
El método científico (2016)
Nunca le habían dolido prendas en coger la fregona si era preciso eliminar las huellas de un pequeño accidente, aunque la segunda pasada para secar el piso le pareciese innecesaria.
Una vez reinstauradas las condiciones de partida, consideró llegado el momento de repetir la operación, esperando que esta vez su pericia fuese más que una hipótesis de trabajo.
—¿Has terminado con la mantequilla? Nunca vi a nadie untarla de ese modo.
Aunque podía entender el hartazgo de su esposa, intuía que aquel éxito anticipaba el que le aguardaba en el laboratorio; siempre había sido un firme defensor del método.
Lección de anatomía del Dr. Tulp
La imagen del cuerpo con el brazo y la mano quirúrgicamente diseccionados no podía borrarla de su mente. Era 31 de octubre y González, detective de oficio, leía sentado en su café predilecto la notificación de su jubilación forzada. Aspiró una fuerte bocanada de cigarrillo y se dispuso a rumiar su inminente fracaso, algo inusual llamó su atención, en la calle de enfrente un hombre viejo, disfrazado de médico holandés del siglo XVII pedía dulces con una calabaza en una mano y en la otra enarbolaba unas tijeras de disección.
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