Microrrelatos 2016
El hombre cabra
En su hogar de Basilea, Thomas ingenió unas piernas ortopédicas que le permitían caminar en cuatro patas. Luego, fue a una clínica y se sometió a un tratamiento de estimulación magnética transcraneal, con la idea de causar daño temporal a su habla. Thomas dejó su vida rutinaria, se fue a los Alpes y convivió entre los caprinos. Engulló hierbas, baló y siguió a los animales por extensas áreas de praderas. Meses después, viajó a Boston para recoger el Ig Nobel. Thomas aún recuerda los diez billones de dólares zimbabuenses que recibió por convertirse en el hombre cabra.
De la revolución en la ciencia
Buscad una piedra de unos 30 kg. Alzadla sobre vuestra cabeza. Tiradla contra vuestros pies. Veréis como le salen alas y va subiendo hasta que encuentre a los arcángeles. Después entrará dentro del llamado primer motor inmóvil. Y como bajará por el espacio relativo de Einstein y por los agujeros negros de Hawking, hasta que llegará a la prosaica ley de gravedad de Newton que hará que os aplaste los pies.
De este experimento se inferirán dos conclusiones: que los sistemas filosóficos idealistas no sirven y que ella, la piedra (pobrecilla), tiene el tiempo justo para poder soñar todo esto.
Juego de justas
Anclados a un poste Big y Bang juegan a las justas en el patio.
Objetos imparables que chocan y se repelen, arrasando todo frente a sí, sembrando maravillas nuevas con su estela.
Una y otra, y otra vez, sin parar.
Es más bien simple el secreto universal: ¿Cada cuánto chocan al jugar?.
De las estrellas
Somos polvo de estrellas. No solo es una frase bonita para poner en tu muro de Facebook. Toda la materia del universo, desde la nariz de un diplodocus, hasta una piedra del fondo del río, toda la materia de este mundo vasto y hermoso, procede de las supernovas. Nosotros mismos nos generamos en el interior de una estrella muerta hace millones de años. ¿Que cómo sé esto? Me lo enseñó un astrofísico llamado Carl Sagan. Nacer de algo muerto. Tiene sentido decir que nacemos con estrella. Para que luego la gente diga ¿para qué sirve la ciencia?
La gota
Cuando se supo el centro de las habladurías, la gota palideció. Desde hacía tiempo corría el rumor de que sus moléculas eran incoloras.
Sin decir palabra, corrió hacia el mar, y dejó que las ondas de luz brincasen con sus moléculas hasta conseguir un intenso azul.
Luego viajó evaporada hacia un gris nimboestrato y se dejó caer, perezosa, suspendida en el aire, refractando los rayos de luz hasta formar una espectacular paleta curvilínea de múltiples colores: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil, violeta.
Cayó, por fin, y brotó de la tierra un manto de flores.
Cesaron los chismorreos.
Teletransportación
Entré al escaner cuántico. A diez metros se encontraba la unidad de donde saldría mi clon, quién por un segundo compartiría la misma mente, por entrelazamiento cuántico. Conexión que sería eliminada para poder destruir el original y así se habría logrado la primer teletransportacion de un ser humano. Pero no se pudo romper el enlace cuántico… Estábamos conectados… si se destruía uno de mis «yo», el otro también desaparecería. Salí de las dos terminales, fue como si cada ojo mío estuviera moviéndose por separado; me miré desde ambos lados de la sala; yo era dos y éramos uno.
Longitudes imprecisas
Kilómetros, centímetros y espacios; reglas, ecuaciones, precisión de milímetros; ciencia. Eso eran ellos: un hombre y una mujer de ciencia. Creían que todo podía medirse, pero se enamoraron. Se amaron, se separaron y no tuvo sentido la exactitud en las medidas. Fue allí, perdidos en esos cálculos, cuando la luna sobre el tejado les recordó que la distancia está solo a una mirada al firmamento.
Serendipia
De aquello aprendió que la ciencia, como el aprendizaje, basa gran parte de su esencia en el más absoluto fracaso. Aprendió también que, en ciertas ocasiones, un error es más valioso que un acierto.
Quizá, si al inicio del universo aquellas dos partículas no hubiesen colisionado, o años después aquella mutación no hubiese tenido lugar, hoy no sería más que el fruto del pensamiento de alguna mente que jamás llegó a ser creada.
Un conjunto de adversas casualidades le había colocado sobre la faz de la tierra. La última de ellas, días atrás, le permitió descubrir aquel nuevo elemento.
Efecto Mariposa
Saturnino; agricultor, ganadero, apicultor. Paisano de pueblo en definitiva. Octogenario asturiano. Cara melancólica y surcada por la edad. Nunca fue a la escuela. Su vida fueron las vacas, la huerta y las abejas.
Obviamente no conoce la teoría del caos ni el efecto mariposa. Simplemente sabe que desde que inventó sus humildes trampas con botellas vacías y azúcar, atrapando 5000 avispas africanas, salvó sus abejas.
Pero no sabe que evitó que el bosque circundante se secase. No sabe que impidió que el curso del río cambiase. No sabe que salvó miles de vidas.
Sólo por el aleteo de una abeja.
El Decididor
“¿Cómo vivíais sin él? !Tendríais que estar pensando todo el rato!” Me decía mi nieto. Esta aplicación se encargaba de tomar las decisiones de cada persona basándose en la información almacenada en internet. Al principio sólo mostraba la ruta en coche más conveniente pero cada vez respondía a más preguntas. Se recurría a ella para decidir qué coche comprar, a qué restaurante ir a cenar e incluso era frecuente escuchar a personas que dejaban a su pareja porque el decididor se lo había dicho. El problema vino cuando la gente quiso saber si merecía la pena vivir así.
Ley de gravedad
Por la mañana, Isaac Newton fue intervenido de un cálculo en la vejiga.
Al caer la noche, su cuerpo resistió la gravedad; de la enfermedad.
Imaginación
En las primeras noches del antiguo Egipto, un faraón miró hacia el espacio más oscuro del cielo (ahí donde ninguna estrella visible se interponía a sus ojos) y dejó escapar su imaginación a una velocidad extraordinaria. Su viaje lo llevó por aquel inconmensurable océano de polvo sideral, más allá de las estrellas negras que no se pueden ver, hasta dar con otro planeta parecido, con otro Egipto similar, donde otro faraón miraba el cielo centelleante. Este otro faraón tenía la cabeza volteada hacia arriba, su rostro duro como esfinge muda de Kefrén, soñando la existencia de otras pirámides.
Una galaxia llena de letras
Del techo de mi habitación salían muchas letras, volaban. Mis manos trataban de alcanzarlas. Instantáneamente se abrió la puerta, un niño venía tras de ellas. Mi alegría fue inmensa al sentir que las conseguiría para él. Corrí, volé, me suspendí en el aire, hice lo imposible para lograr sostenerlas con mis manos. El niño miraba sonriente, con curiosidad. En medio de mi aventura logré coger solo cuatro letras, A, O, R y M. Me pregunté: ¿Qué palabras construiré? Mientras pensaba, el niño las cogió y mágicamente construyó miles de palabras que invadieron el amplio espacio de nuestra galaxia.
La diferencia entre saber y no saber
-Mamá ¿el abuelo Paco tenía los ojos azules?
-No, marrones como yo.
Marco se quedó pensando mientras su madre lo miraba con el paño de cocina aun en la mano.
-¿En qué piensas cariño?
– En que a pesar de todo te quiero mucho, y a papá también.
Su madre se quedó sorprendida sin saber muy bien a que se refería; no fue hasta más tarde, mientras Marco le contaba a su padre lo que había aprendido hoy en el colegio, que se dio cuenta de todo:
-¿Sabías papá que hay rasgos físicos que solo podemos heredar de nuestros padres?
Ciencia y dios
Hace tiempo que la ciencia le gana terreno a la religión, cada vez damos más valor a lo que nos dicen los datos que a lo que nos dicta el corazón. Corazón y mente, dos piezas de un puzzle que unen un todo, y ese todo, según para el lado donde te inclines sumado al conjunto de variables que te rodean, determinarán tus creencias, tus principios, pues ahora la necesidad de saber, el ansia de conocimiento puede más que la necesidad de creer, y esto hace que la ciencia vaya creciendo de manera exponencial dando lugar a la nueva creación, convirtiéndose en una especie de nuevo Dios al que las personas pueden ver, pueden entender, pueden creer, y al final… habrá que darle la razón a Nietzsche.
Millones de besos
Millones de gotas despedazándose en besos acompañando al arco iris. La cascada de agua, reluciente como nunca, rodeada por los abrazos de las inmensas lianas se preparaba para el inicio de la nueva estación. Nos íbamos acercando a la entrada de la grandiosa cueva, justo encima presidiendo y vigilando desde arriba, en una cresta fina de roca, nos miraba con curiosidad y recelo un halcón peregrino. Sus ojos, dos cámaras de visión artificial de alta resolución, sus afiladas garras, unos impresionantes dispositivos robóticos diseñados como prótesis. Naturaleza, innovación, fantasía, realidad, límites, metas….
Explosión
Se fue.
Él se fue junto las tinieblas.
Ahí fue cuando ella supo que aún después del Big Bang,
su corazón seguía sintiendo.
Sobre la atracción de los cuerpos…
Cuando una cantidad de materia ocupa una región del espacio-tiempo, provoca que éste se deforme, ergo, la trayectoria de cualquier cuerpo que pase cerca de su campo de influencia será desviada produciendo una aceleración de dicho cuerpo hacia aquél con mayor masa… Eso es la gravedad. –Ya… ¿Y qué tiene que ver eso con la mosca que no hace más que darte vueltas desde hace una hora?- Está clarísimo, ha quedado atrapada en mi campo gravitatorio.- Si… eso me recuerda que se acabaron los pasteles para ti, ya es hora que te pongas a dieta.-
Entrelazamiento cuántico
Mi madre es Amarilla y nos parió a mi hermano y a mí a la vez. Yo no sé si soy Verde o Rojo. Ni siquiera sé si soy, si aún no me ha mirado nadie. Vago por la Tierra esperando a que alguien me observe para que tenga claro lo que soy. Y también sé que a mi hermano tampoco lo ha mirado nadie. Si no, los dos sabríamos quien es Rojo y quien Verde.
Pero ¿qué? Ya tengo observador. Ya lo sé. Y mi hermano también.
Sofocamiento
Aquel hombre murió por sofocamiento, el calor en Honda era demasiado para él, estar a 40 grados era algo imposible de soportar para un cuerpo de 65 años, aún a pesar de estar haciendo ejercicio por años, el hombre sintió como su cuerpo se desvanecía en medio de un sol caluroso que estaba encima de él. Su cuerpo cayó lentamente como en slow motion, el suelo recibió a un cuerpo viviente, el suelo recibió un golpe parecido al de los tambores en un carnaval. Allí yacia otro cuerpo inmóvil gracias a las inclemencias del clima.
Bienvenido a la semana de la ciencia
Mi mejor móvil, mi voz;
Mi sistema operativo, el corazón;
Mi aplicación preferida, tú;
Mi futuro tecnológico, la descendencia;
¡Bienvenidos a la semana de la ciencia!;
Mi ayuda para vivir la tecnología,
la tecnología de saber vivir.
¡Crea ciencia!;
No te anules con ella.
Hecatombe
Nació, creció; evolucionó de mil formas y no se dio cuenta a qué hora comenzó a morir. La fuente de tanta sabiduría terrenal revierte hoy su majestuosidad en impotencia. ¿Acaso algo mas poderoso para acabar con la faz de la tierra que el mismo ingenio humano?
Quedan quince segundos y tres milésimas
“Quedan quince segundos, y tres milésimas”. Oí la voz ahogada del compañero que retumbaba en mi cabeza. Me temblaba la mano y un sudor frío recorría mi espalda.
Tenía que ser en ese momento, ni antes ni después y no podía desconcentrarme. El tiempo pasaba lentamente. Él parecía lloriquear sin atreverse a hablarme ni yo a él, por supuesto, no estábamos en esos momentos para sensiblerías.
“Quedan seis segundos”; mis sienes retumbaban rítmicamente: «cinco, cuatro, tres, dos, uno, ¡ya!». Y bajo la palanca. Nuestros cuerpos se expandieron y se esfumaron dejando de ser materia y regresamos al dos mil dieciséis.
La despedida del arcano
*Huiré, estoy decidido, además el canguelo me acerca más a la insobornable muerte.
-¿A dónde iras?
*Abriré la puerta de la ciencia, igual ya no poseo nada que perder.
-¡No! Sabes que está prohibido entrar ahí.
Abrió la puerta antes que los demonios consiguieran aprisionarlo, esta irradió un brillo más de luz que de oro, los ojos abordaron a colmarse de los matices colores y el aura desaceleraba cada cabezazo del distintivo tiempo. Alzó su vista y surcó el cielo, mientras con una tímida sonrisa miró a la de la guadaña y le dijo; soy libre.
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