Microrrelatos 2016
Goteo
Veo como vas cayendo, no importa.Sé que nunca serás la última gota. Siempre habrá una después que me quitará la sed, me lavará,… No me importas, como tú hay miles de millones. No te hagas la interesante, no eres ni más grande, ni más sabrosa,…
– Ni todas las gotas del mundo conseguiremos limpiar tu hipocresía. Bebe rápido, la cuenta atrás ha empezado 3,2,…
Corazón de roca
-¿Es un fósil papá?
-No, es una piedra pero aquí hay muchos.
Y así es. En este yacimiento abundan los belemnites, ammonites y los erizos de mar. No es un yacimiento importante, pero lo suelen frecuentar los aficionados a la paleontología con hijos por su accesibilidad. De repente, mi hijo se acerca con algo en la mano y una sonrisa en la cara.
-¡Mira papá! Un fósil de corazón.
-Casi, es un erizo de mar. Es un micraster.
-¡Que chulo! Cuando sea paleontólogo voy a encontrarlos todos.
No puedo evitar sonreír. Eso mismo le dije yo a mi padre.
Nuestra labor
Un intenso y asqueroso olor invade mi nariz. Reviso el Dragger, por si acaso, pero los niveles de sulfhídrico y monóxido son correctos. Algunos operarios pasan por la puerta de la depuradora tapándose la nariz. Siempre se quejan los pobres ilusos. Mejor tener este lodo en un contenedor, camino de un digestor anaerobio, que corriendo por nuestros ríos como antiguamente. Lástima que la gente no sea consciente de nuestra labor.
Telecontrol
Lo encontré desvalido, como un pájaro recién caído del nido. Me imploró compasión y obvié las advertencias tantas veces recibidas por Internet acerca del peligro de recoger móviles abandonados. Lo acogí. No estalló de inmediato. Fue más sutil, me destruyó poco a poco.
Vacío de datos, ningún número figuraba en su agenda. Al calor de mi mano, emitió su primer escalofriante mensaje. Inquietantes sms comenzaron a precipitarse en cascada. Lo angustioso es que iban dirigidos a mí. Como si conociese de antemano mis intenciones, reacciones o pensamientos. Incapaz de destruirlo, mi vida dejó de pertenecerme.
Caos
Iba de camino a la estación para llegar a Londres antes del anochecer y, como siempre, en su mente un único pensamiento: ¿Cómo, siendo médico, no pude prever la muerte de mi madre? Hacía siete meses y aún le atormentaba. A pocos metros de la estación está St. Mary Redcliffe; «Quién sabe si la respuesta está en la Divinidad -se jactó-, al menos, entraré en calor». Al recorrer su galería lateral se tropezó con un Péndulo del Caos, el que demuestra que nada es predecible. Estuvo absorta unos diez minutos. Nunca imaginó que la respuesta la hallaría en una iglesia.
La esposa del científico
Otro año igual, ni aniversario, ni cena romántica, ni… Rabiosa, acudió al laboratorio con un chardonnay, lencería sexy y una falaz sonrisa.
El artefacto estaba casi terminado, se lo había escuchado cientos de veces. Desde el panel de control seleccionó como «donante» al esposo, narcotizado en la cabina principal. En «receptor» no supo decidirse y pulsó «aleatorio».
La sala se llenó de humos y pitidos intermitentes. Después, un sonido lineal, parpadeos amarillos y un mensaje de voz: alteración finalizada con éxito.
En la cabina receptora, una rana aturdida saltaba golpeándose contra los cristales. Albert era especialmente torpe sin sus gafas.
Última cena
Entre la luz y los colores habita la placidez, perfección que todavía no conoces, existe sólo detrás del arcoíris… Los sueños, la sed y el hambre, a veces, te acercan a ella. Sucede porque en ese instante el río se reinventa, su agua potable te vitaliza y su pescado colma tu última cena. Pronto, desde la devastación de la contaminación, resurgirá –como ave fénix– la naturaleza… ¡Ah! Pero, Tú no atravesarás el eslabón que precede lo extraordinario; por ende, no podrás atestiguar lo divino que tiene el canto del agua… La ciencia, desde siempre, es pluscuamperfecta.
Estrellas en el petróleo
Desde los portaviones se percibe una emanación carburante que lo envuelve todo, sutilmente todo… El telescopio capta cómo la maldad raudamente se mete sobre las metrópolis de antaño, algunas trepidantes y otras sumidas en tremebundo dolor. Los aviones sin pilotos borran todo atisbo de su grandeza devastando piedras negras y blancas de las aljamas. Del mismo modo, a los niños con ojos de gato bañados con lluvia fría… De su gloria nada queda… A lo lejos, sólo se escrutan unos huesos de dátil para endulzar la amarga impotencia: ¡La ciencia tiene estrellas, pero no tiene Dios!
FIV
Pero cómo tocar tu cuerpo si no lo tengo… En la nebulosa, apenas distingo tu silueta, no sé de qué color son tus ojos ni qué matiz tiene el eco de tu voz, tampoco he visto los atavíos de tus manos, las imagino palomas que desaparecen con la luz; quizás, ahora, son el viento que golpea el reverso de mi espejo –aire infinitamente sibilino, aunque por momentos turbulento–… ¿Sabes? Me crearon para recorrer tus entrañas, para meterme íntegramente por los secretos de tu historia, como diluvio imperecedero o como río-hombre… Shhh… ¡No te muevas! La fertilización ha comenzado…
El paciente cero
Casi no le quedaban uñas cuando por fin escuchó su nombre salir de la consulta del médico. Hacía ya semanas que sentía que algo no iba bien en su interior, algo había cambiado, pero no sabía el qué.
– Ya tenemos los resultados de sus analíticas – dijo el doctor con un tono más serio de lo habitual – Hemos visto que sus niveles de dopamina, serotonina y oxitocina están más elevados de lo usual…
– ¿Y eso que significa doctor?
– Se está muriendo…
– ¿De qué? – se atrevió a preguntar con un hilito de voz
– De amor
Civilización
A través de la ventana empañada, veía cómo los copos de nieve se amontonaban sobre las ramas secas del solitario árbol. Una a una, se iban rompiendo sus extremidades por el exceso de peso. Papá decía que el último abeto era muy viejo y pronto moriría, pero estaba equivocado, yo sabía la verdad: sus raíces estaban siendo devoradas por el asfalto. Al volver del colegio me alegré mucho cuando vi el árbol de Navidad junto a la chimenea, adornado con las luminosas guirnaldas. Pero al asomarme a la ventana y ver el bosque desierto, comprendí que yo también estaba equivocado.
El parasitismo del amor
Fuiste mi agujero negro. Me tragaste y me alejaste de todo lo que conocía. Eras la estrella en torno a la que orbitaba. Metastatizaste mi corazón, mi mente y todo mi ser. Lo eras todo. Incluso cuando te fuiste, seguiste siéndolo. Deseé poder volver atrás en el tiempo y olvidar que alguna vez te conocí. Pero no pude, eras parte de mí.
Química
Ante sí la píldora que le haría escapar
del dolor, acariciar la gloria,
la felicidad y la paz.
Prefirió la química del amor
y besó a su hijo.
Marie Curie
Marie Curie inventó la inmortalidad,
vive muy cerca de la casa de mis padres,
en un lugar solitaria y lleno de luz. No quiere
decir nada para poder seguir trabajando.
La magia
El niño encendía y apagaba
la bombilla
solitaria en medio
del bosque con los ojos
maravillados.
Había descubierto la magia.
Mariposas artificiales
Quiso construir una réplica perfecta pero la piel no latía,
ni sus piernas bailaban y, además, al besar sus labios
no sentía mariposas artificiales
en el estómago
El mundo actual
Tesla y Kafka se reunieron cerca de la catedral del Universo
y se abrazaron entusiasmados. El mundo actual que observaban
les había quedado genial.
Convivencia
El Dr. Transtromer descubrió que la supervivencia de la especie humana dependía de suprimir la convivencia entre humanos.
Sólo así se podrían evitar las guerras, pandemias y otras desgracias.
Conscientes del peligro, sus colegas acabaron con él.
Versión mejorada
Haré una versión mejorada de mí mismo. Dotaré a la máquina de corazón.
La donante
Las córneas, están esperándolas para el trasplante, le dijeron.
El, ileso en el mortal accidente, no quiso negarse.
Supo de la recipiendiaria. Casi la misma edad que ella.
Se angustió. Normal. Más sereno, se decidió a conocerla.
Salieron.
La miraba con intensidad que ella pensaba amor. Seguramente era amor.
Llegaron a quererse.
Al besar los ojos de ella besaba los de las dos. Ella lo ignoraba, agradecida a la ciencia, a la vida, que le habían traído visión y afecto unísonos.
El amaba a las dos todos los días, pero no se lo iba a decir nunca.
Erotismo de Natura
Y Afrodita se contagió de ser niña, jugó con flores coloridas… Gozó con el implacable erotismo del viento en las coloras coquetas de las hermafroditas.
El invencible viento sin pudor manoseó los estambres erectos. Uno a uno despertó los pistilos. La solidaria gravedad le llevó el polen a sus entrañas.
Afrodita, Adán, Eva, tú y yo saboreamos no solo manzanas, también tomates…
El arte de entender el tiempo
Cada vez que observo el sol pienso en la posibilidad de detener el tiempo, entonces observo la gente a mi alrededor y veo en ellos una silueta que les sigue. Es justo, en ese exacto momento, donde observo la oportunidad de capturar su esencia en el tiempo. Entonces saco de mi bolso brocha y pintura negra y aprovecho para pintar ágilmente su sombra y dejarla impregnada en toda superficie, como prueba de que el tiempo se puede detener. Cuando el sol se oculta queda la huella del día, las sombras pintadas cubriendo el espacio y el tiempo.
Los engranajes del caracol
Los caracoles tienen engranajes. Uno no los ve porque están escondidos dentro de su casita. Los caracoles están aquí para sucedernos en el dominio del planeta. No son lentos realmente. Disimulan, pero tienen engranajes tan sólidos como para llegar a cualquier lugar en instantes. Están esperando a que cometamos más errores y entonces zas: nos van a atacar. Se comerán nuestras plantitas, y cuando intentemos defendernos, nos embadurnarán con sus babas, saltarán a nuestras caras y se nos pegarán en los ojos, corroerán nuestra piel, nuestros huesos, nuestras almas. Salpicarán los engranajes de nuestras máquinas… y así dejaremos de funcionar.
Fuera del agua
Finalmente, regreso a la superficie. Tomo aire. Estoy agotado, pero eufórico. «Necesito abrazarla», pienso, y busco en la orilla su mirada inquieta. En cambio, tropiezo con las arrugas que devoran sus ojos ciegos. Sacudo la cabeza, renegando. ¿Cuánto tiempo…? Se asoma mi reflejo en el espejo del agua y, por un momento, me tranquiliza la certeza de que al menos yo sigo siendo joven y terso. Pero renace mi duda al percibir que aquel ancianito decrépito al que ella le acaricia la nuca mientras lo escucha delirar, se parece tanto a mí, que quizás soy yo. Desde la Tierra.
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