Microrrelatos 2016

La biología del desengaño

Ella quiso cambiar mi biología:

Alterar mi conformación para unirme así a su vida, esculpir mi anatomía, conocer mi fisiología. Pensó por un momento, que sería por siempre el motivo de mi liberación de endorfinas. Me prometió que nuestras hebras se entrelazarían hasta el infinito, y así metilaría mis problemas. Juró convertirse en mi centro activo, y catalizar mi éxito junto a ella, pero terminó inhibiendo mis reacciones; por suerte nunca es irreversible.

Quiso hacerme pensar en la creación, cuando no he sabido de mejor evolución que olvidarla.

Secuencia en gris

Tokio. Dos de la mañana. Jueves. Estamos en su oficina. Por el vidrio ella contempla la imponente máquina que se levanta veinte metros sobre el suelo. Su emoción no es disimulada. La máquina toma el agua del río por sus tuberías. En un complicado proceso la limpia y la arroja en depósitos de la compañía. Ella ríe. Se estremece ante el poder de aquello. Sus poros se abren. Transpira. Despide leves gemidos. Comprendo que sobro. Su amor no fue más que una quimera. Las noches de pasión solo un pretexto para construir aquel monstruo. Desaparezco en la madrugada gris.

Ser feliz tiene ciencia

Me gusta la ciencia como me gusta las personas que hacen la vida fácil y beber vino los domingos. A nadie le disgusta algo que le hace feliz, aunque a veces nos empeñemos en ser felices de formas muy extrañas. A mi, por ejemplo, me hace feliz lo que no entiendo: que soy polvo de estrellas, que el pie es mi parte más irracional, que la velocidad de la luz da la vuelta al mundo en lo que yo tardo en decirlo o que peso menos cerca del mar y soy más alta en el espacio que en La Tierra.

Casualidad

Fue por casualidad. Casi sin proponérmelo reuní las dosis adecuadas de nostalgia, curiosidad y esperanza, para crear el sueño perfecto: un túnel al pasado. Volvía a estar donde la encontré. Rodeada con la misma luz. No hubo palabras, ni gestos. Sólo se paró el tiempo. No te sé decir si pude despertar, pero sigo intentando añadir a la fórmula algo de valentía para averiguarlo.

Más imaginación que Julio Verne

DIA 241. ATALAYA NORTE DEL PLANETA PD-1256

La misión ha fracasado. De los ocho científicos que partimos de la Tierra tan solo quedo yo. Hace diez días que murió Jackson, el último biólogo. Aún no entiendo cómo las sondas detectaron agua. Huyo del polvo tóxico que pronto me envolverá. Creo que esta será la última entrada de mi bitácora. A lo lejos diviso un alienígena corriendo hacia mí, esto es el fin.

﹣¡Tomás, haz el favor de tirarte por el tobogán que no veas la cola que has formado!

La vida sustituta

Entre lágrimas de asombro y melancolía, su madre escucha latir el corazón de su hijo fallecido.

– ¿Cómo lo escuchas?, pregunta la vida sustituta.

Con sus manos cómplices, eliminando las evidencias liquidas de sus mejillas responde:

– Muy bien, suena como si perteneciera realmente a ahí.

…………Tres días antes.
¡Tenemos un donante!

Mol qui byte sis

Pasaban por el andén dos moles de hidrógeno con un mol de oxígeno
vestidos de estado gaseoso,
desde allí veían rodar por la inclinada carretera a dos moles de agua en ropa líquida,
a la par, rodaban pantallas escritas y se podía leer lo siguiente:
“El mol mide la materia y el byte mide el texto.”
Las moles gaseosas graduadas en ingeniería de sistemas,
pidieron explicación de dicha afirmación
al mol líquido profesional en ingeniería química,
quien explicó,
siete moles son siete cantidades de la materia, como siete bytes son siete caracteres de un texto.

Paisaje cultural en Quindío Colombia

Durante el asoleado día el viento levantaba hacia los árboles del sendero ecológico,
varias esporas las cuales formaban estas frases:
Patrimonio de la humanidad
por sus multiverdes pastos
disfrazados en una gama de colores verdes,
los cuales se combinan desde el claro hasta el oscuro,
el brillante, el luminoso, el cercano, el lejano, un verde amarilloso otro azuloso,
pastos abrazados a la hierba húmeda,
cobijando prados, montañas y otros montes en la cordillera andina del Paisaje Cultural Cafetero.
Y llegó la noche,
con muchas luciérnagas las cuales en su vuelo reafirmaron las anteriores frases.

Ciencia para todos

Aquella mañana por primera vez Rafael recorrió la aldea. La miseria en que vivían los wichis le escupió su ignominia. Sin agua potable, luz, alimentos y plagados de enfermedades ya olvidadas por el hombre, los aborígenes distaban de la “muestra informada” que sería la destinaria del ensayo clínico para probar un nuevo medicamento con el fin de tratar la neumonía. Entonces, los dilemas éticos no tardaron en bombardear la conciencia de Rafael, hasta que la realidad lo haría testigo de una postal definitiva: en la cola para recibir el nuevo medicamento, la mamá de Hernán todavía arrullaba su cadáver.

Naturaleza incomprendida

Como si de pena se hubiera marchitado, la rosa de la vitalidad resucitó, ante la carcajada sincera e inocente de mi hijo. Aquel hecho no pasó desapercibido para mí, que noté como alrededor de la espabilada flor, la tierra comenzaba a verdear. Fascinado y con la ilusión de volver a sentir un mundo lleno de vida, ofrecí a mi pequeño el mayor espectaculo humorístico jamas interpretado. Carcajada a carcajada, flora y fauna se restauraron para siempre. Y mis lágrimas de alegria se conviertieron en riachuelos de esperanza, acabando con el sufrimiento de nuestro hogar.

Apóptosis

Su propio cuerpo era ahora una trampa para Cerebro.
Los espolones de las esferas VIH se adherían y perforaban sus defensas linfocitarias anidando en su mente nuclear, alterando sus helicoidales hélices de ADN con su ponzoñoso virión ARN, que provocaba una transcripción errónea de códigos.
Nuevas cubiertas proteicas, que asimismo se multiplicaban en su interior citoplasmático, protegían a su vez los nuevos viriones ARN generados antes de eclosionar como adultos y continuar su infierno.
¡Malditos parásitos!
Recibió con agradecimiento el impacto molecular del Retroviral, antes de decidir.

El sentido de la ciencia

«A ciencia cierta, no sabría decirle para qué sirve la Ciencia»- se burló con grotesca ironía pronunciando tan despectivo juego de palabras ante un auditorio que le miraba con recelo.
Entrando a su juego, le respondí: «La Ciencia, amigo, es la que establece la diferencia existente entre un ser humano vacío de otro con conciencia, ya que, mientras que al primero tan sólo lo explica, al segundo, sin embargo, lo integra…»

EPOC

Primer acto. Inhalar desde la física de un pulmón cerrado es lo más próximo a la muerte. Correr por el patio arrastrado un acto despiadado agravado por la insensatez del que solo saber jugar. Segundo acto. Me miran, me observan y no saben cómo actuar. Mi mano toca mi pecho oprimido bajo la tez morada de una boca que casi no articula. Acto final. Tirado . Adormilado. Viéndome marchar. Olvido bien pagado. Alegoría de una edad.

Inteligencia robótica

Él había sido su creador. Había dedicado gran parte de su vida a ver hecho realidad su sueño. Pero tal era la perfección del último de sus creaciones que tenía vida propia, podía pensar por si mismo. Tenía tal nivel de inteligencia que era capaz de elaborar él mismo otros robots, con los que conquistar a los humanos. Había llegado el momento de dejar de estar sometidos a ellos. El mundo en poco tiempo sería suyo. La revolución había comenzado y ya nada podría pararles.

El destino

Tenía 17 años, se ha arrojado al vacío desde la ventana de su apartamento -le informó el comisario del distrito-. Hemos registrado sus ropas y solo llevaba esto -dijo extendiéndole el móvil de la joven-. Una vez más es el mismo número que tenían los otros casos de suicidio ocurridos los últimos meses -le continuo informando-, todo el que posee ese número termina mal-.
El pánico recorrió su espalda cuando su ayudante le dijo -acaba de llegar su nuevo número de móvil. Este sí que lo recordará, es el 888 888… -. En ese momento supo que no tenía escapatoria.

Informe científico

El elemento encontrado es redondo, pero no por completo, más bien tiene una forma ligeramente alargada cuando está entero. El exterior es compacto, aunque se quiebra con un simple golpe, lo hemos llamado “kás-kara”. En su interior se esconde una masa viscosa de color amarillo, rodeada de otra transparente. A la primera la hemos llamado “yemma”, a la segunda “klar-A”. Desconocemos su origen, aunque pensamos que el hallazgo pudo tener algo que ver con la vida. Continuaremos el estudio.

En ciudad nueva. Año 4000 después de la gran Explosión Solar.

Ella

Ahora ella es capaz de volar.

Sus pies olvidarán el áspero tacto contra el suelo. El mundo se aleja y ella es libre. Ha conseguido lo que sus antepasados habían buscado desde antes incluso de ser en sí proporciones áureas, antes de ser magnas, antes de ser esbeltas.

De unos grandes apoyos, pétreos y rígidos, ha florecido ella; volátil, ligera y sutil. Ella ya era transparente años atrás, pero hoy es perfecta. La insistencia y el trabajo la han hecho perfecta.

Ahora la arquitectura es capaz de volar.

Yendo hacia el regreso

Regreso a casa caminando. Llevo un libro de filosofía bajo el brazo. Lo leí solo por curiosidad, porque la biogenética es lo mío. No soy más que una bacteria irascible, no siempre ecuánime, siempre perfectible. Como desdicha- sospecho- soy una resultante, un ser clonado, y acepto un nombre con el que me bauticen.
Camino.
Soy toda esta nada, este capricho, este sueño, un descuido. Soy la ambición, la energía y el espíritu.
El sol cae tras mi espalda al momento de abrir la puerta de mi casa. Llevo un libro de filosofía bajo el brazo. Entro, te veo y suspiro…

El niño de Catamarca

La policía, los reporteros y luego, el mundo, se enteraron de todo por casualidad.
Fue un vagabundo que pasó por las ruinas de la petroquímica en su deambular y escuchó los llantos débiles del muchachito en el fondo de un oscuro hoyo en el suelo, una chimenea metálica derrumbada que se hundió con el pasar del tiempo.
Ningún rescatista pasaba por la oquedad y desconocían la estabilidad de la estructura por lo que mandaron un robot-escorpión para la misión de rescate, siendo un éxito.
Y pensar que algunos creyeron que aquel aparato era un “gasto público inútil”.

Sueño de un científico

6:00 am. Un vaso de agua con la sustancia x, sus ojos se iluminaron, su cerebro se aceleró, extrañamente fue capaz de resolver las ecuaciones de Navier-Stokes en segundos, el joven científico corrió lo más rápido que pudo a su taller y construyo una máquina de tiempo, viajo un año atrás para recuperar al amor de su vida, la encontró, quiso besarla, ella le arroja un vaso de agua en la cara, él despierta con la cara llena de saliva.

Ciencia y arte

Quienes piensan que la ciencia es un campo diferente al arte, se sorprenderán. La ciencia es el campo de conocimientos que permite descubrir el arte presente en la naturaleza. Al final de sus caminos, llegan al mismo resultado: el asombro humano, humilde, ante las maravillas del universo.

Rectas secantes

Mantenía que la vida era una semirrecta con pendiente negativa que la muerte transformaba en un segmento… Ella le gustaba porque era muy diferente a él -aborrecía el símbolo del igual, formado por rectas paralelas condenadas a no encontrarse nunca-. Amaba las secantes: sabía que la pendiente de la vida de ella era diferente a la de la suya, por lo que en algún punto habrían de coincidir. En ese momento, constituirían distintos ángulos. Albergaba la esperanza de que sus vidas continuasen por la bisectriz de uno de ellos.

Eoarcaico: el principio de todo

Inventó una máquina para viajar en el tiempo. Obsesionado con el origen de la vida, retrocedió 3800 millones de años. En esa época, La Tierra era inhabitable: sin oxígeno y con radiaciones letales, de ahí que vistiese un traje espacial adaptado a condiciones extremas. Para su desgracia, no encontró microorganismo alguno y regresó al presente cabizbajo: desconocía que cuando llegó al pasado y se levantó de su asiento, llevaba pegado al trasero un pañuelo de papel con el que se había sonado antes de partir. Una vez fuera, se le despegó del traje, cayendo sobre un charco.

Liotta-Cooley

El quirófano se quedó inmóvil. El segundero, congelado. Cooley apoyado sobre la mesa por primera vez en horas. Doce personas conteniendo la respiración. La vista fija en el cuerpo tendido.
Perezosa, la manecilla se desplazó. Al otro lado de un equipo de ojos ansiosos, el artefacto descansaba inerte, mofándose de su agotamiento. Vamos, vamos.
Otro chasquido, el reloj inclemente. Las frentes contraídas perladas de sudor. Incipiente, al fondo del paladar, el regusto amargo de la decepción.
Pum pum.

Cooley pestañeó.

Pum pum.

Sí, ahí estaba. No se movieron todavía, observando.
Alojado en aquel tórax abierto, palpitaba el primer corazón artificial.