Microrrelatos 2016
Pequeño Universo
Considerando su vida como la suma de la inestabilidad de las nubes moleculares negativas que habían causado las supernovas y colisiones galácticas, siempre se creyó menos que todo el mundo. Hasta que la atracción gravitatoria que tenían entre sí todos esos sentimientos dañinos dio paso a la protoestrella. Se estaba cansando de que todos sus días la menospreciaran, el calor iba subiendo. Hasta que un día cualquiera se levantó y se comprendió. La fusión de esos sentimientos negativos contra sí misma se estabilizó. Por fin se aceptó como era, nació la estrella. Y brilló por mucho tiempo.
La luz
─Hace tiempo, amigo Sancho, que quiero preguntarte si la velocidad de la luz es la misma si estoy quieto o voy montado en Rocinante –preguntó don Quijote con semblante serio.
─No sabría contestar a vuesa merced ni así viviera 100 años. ¡Qué puedo saber yo de la velocidad de la luz! Si acaso pregúntele al bachiller.
─Mi problema Sancho es que mi memoria enflaquece y se me olvidará la pregunta.
─No se preocupe v.m. que para refrescar su memoria le reflejaré la luz del sol que llegue a su escudo y se la enviaré a los ojos.
El gato de Schrödinger
De no haber sido porque el Filósofo, es decir, Aristóteles, había dicho que conocer algo científicamente es conocer sus causas, hubiese llegado a pensar que yo soy un caso normal. Y digo esto porque no hay causa alguna de que yo pueda estar en dos sitios a la vez, como suelo hacer a menudo. Y, si la hubiera, no hay forma de saberlo ni nadie que pueda descubrirla.
Desde luego, para que yo pueda hacer esa hazaña de desafiar al principio de no ubicuidad de la materia, tú me tienes que estar observando; si no, no hay truco.
Firmado: Electrón.
Agua en Marte
No había otro ingeniero como él, y si lo había, la NASA no lo había encontrado. Cuando les explicó a los de la Comisión cómo sería el satélite que había diseñado para comprobar si había agua en Marte, todos quedaron estupefactos.
El salario que le ofreció la NASA para trabajar para ellos, era escalofriante, algo realmente escandaloso que jamás habría imaginado. Entonces pensó en los millones de seres humanos que no tenían agua en el planeta Tierra, y rechazó el contrato.
Volvió al modesto departamento de su facultad universitaria y, por las tardes, seguiría investigando para su ONG.
El Congreso
Hacía casi 50 años que no caminaba, y sin embargo lo hacía como si nunca se hubiera sentado en aquella maldita silla. Maravillado, pensó “¿Puedo hablar?”. Se aclaró la garganta. “Puedo hablar”, dijo en voz alta. Rió, sin poder evitarlo, y comenzó a andar por aquel pasillo, decorado elegantemente como el de un hotel.
Se detuvo frente a una puerta doble de madera, donde le esperaba un hombre de unos sesenta años vestido con una llamativa toga blanca. “Bienvenido, señor Hawking. Vaya entrando si lo desea. Su asiento está junto al del señor Sagan. El Congreso va a dar comienzo”.
No más celular
Hoy mientras me dirijo a mi trabajo en esta lata con ruedas llamada bus, me he dado cuenta de que fue culpa de la tecnología lo que nos pasó. Entendí que fue nuestra adicción a las redes sociales y a las aplicaciones la que alejó nuestras almas y apago la llama del amor. Desde ahora odio tanto la tecnología como he odiado a tu madre y cumpliré la promesa que hice desde esa crisis de ansiedad por falta de Internet. No usaré nunca más el celular.
PD: Creo que viene la segunda crisis de ansiedad, esta red 4G es una porquería
El experimento científico
Lo intentó otra vez, pero el experimento nunca cedía a sus pretensiones. La frustración empezaba a hacer mella en su ego, ilusionado ante el sueño de hacerse realmente famoso y rico con aquel invento. Nadie antes que él había inventado aquello y, cuando el experimento probase su eficacia, sorprendería al mundo: seguramente batiría algún récord Guinness, alcanzaría popularidad planetaria y, quién sabe, tal vez ganaría el Nobel. Pero el experimento fracasaba una y otra vez.
Reflexionó y acalló su ego: cambió sus ambiciones por intentar hacer el bien a la humanidad. Alteró un par de variables y el experimento funcionó.
100cia a ConCiencia
Hasta cien palabras para definirte, a conciencia, cien, con C (romana) de Ciencia.
¿Servirá la ley de Zipf para indagar el lenguaje de tu grandiosidad? Serendipia a mi mente. ¡Tu eterno afán por saber!. Satisfecho estaría Mendeleyev por completar su tabla periódica, a rebosar con los nuevos nihonio, moscovio, tenesina y oganesón. Disfrutad del viaje por la Carta Segré.
¡Oh, impetuosa Ciencia, ojalá los desafiantes a Einstein desvelen tu secreto más íntimo, la anhelada integración en una Ley única Universal: Teoría del Todo!.
Fisión o Fusión, Ser o no Ser… he ahí la cuestión.
Ciencia Sostenible, ciencia futurible. Así sea.
La conquista del océano
“¿A estas alturas pretendíamos integrarnos en la naturaleza? Si lo hubiéramos intentado desde un principio quizá no estaríamos así…”. Esto pensaba el ingeniero genético mientras avanzaba por los túneles que le separaban del océano que tenía encima. A pesar de que llevaba 17 años trabajando en la modificación del aparato respiratorio y la mioglobina, había logrado escasos progresos. Llegó al laboratorio y rutinariamente comprobó los últimos sujetos de pruebas hasta llegar al simio 056C-A. Incrédulo, se dio cuenta de que le observaba con atención a través del tanque de agua donde llevaba 10.5 horas sin respirar…
Una confusión afortunada de peces
Es un acontecimiento extraño, pensar que actualmente exista un lugar en el planeta que dé origen a una nueva pesquería. La dilucidación de una confusión permitió discriminar la “sardina austral” (Sprattus fuegensis) de sardina común (Strangomera bentincki), peces confinados en el mar interior, fiordos y canales del sur de Chile, contenidos en un marco ambiental único, que generó un laboratorio natural maravilloso y envidiable que se presenta para investigadores y la comunidad científica como una oportunidad de aplicar conceptos clásicos de pesquerías, permitiendo aplicar esfuerzos intelectuales tradicionales y actualizados de biología pesquera que se proyectan desafiando las nuevas generaciones de investigadores.
El tesoro
Cuando se descubrió lo que ocultaba esa doble pared, los ojos de aquella la familia no podían creer lo que estaban contemplando. Era el mayor de los tesoros, algo increíble de imaginar. ¡Qué afortunados eran! En la sociedad con una muy alta tecnología en la que vivían pero con grandes inundaciones repentinas seguidas de grandes sequías, el tener aquello en su casa significaba una gran alegría debido a las contaminadísimas venas de la tierra por las que aún se seguía luchando en esa zona de frontera. Sí. Lo que estaban viendo eran garrafas y garrafas de agua mineral embotellada.
Árbol de navidad
Me quedé ojiplática cuando me asome a la ventana del dormitorio principal de mi nueva casa.
Allí estaba, plantado en el jardín junto a dos magnolios y un prunus. Sus eólicas hojas se movían con graciosa armonía, generando la energía que, según me habían contado, iba a calentar el agua de mi ducha.
Después de casi una hora sin dejar de contemplarlo y dado que faltaban solo cinco días para nochebuena, salí a colgar un montón de bolas rojas y un juego de doscientas luces de colores e hice de aquel conjunto de hojas mi árbol de navidad.
¿Me conoces?
Charlotte preparaba un proyecto sobre la privacidad en la red. Había quedado con su tutor por la mañana y no quería presentarse sin al menos la base de lo que sería su trabajo pero apenas había comenzado.
Por la mañana, el monitor de su ordenador se llenó de fotos de desconocidos. Intentó cerrarlas pero al desaparecer una se abrían muchas más. Desconectó el aparato pero al volver a encenderlo las imágenes reaparecieron.
De repente, un mensaje: “Charlotte, ya nunca más seremos absolutos desconocidos. Nuestra privacidad desapareció en el momento en que dos ordenadores fueron capaces de hablar entre ellos.”
Razones de Mileto
Cuando todo era silencio, el cielo permanecía en barbecho y las estrellas asomaban apenas como tempranos surcos luminosos. Tetis abrió su cauce a la simiente primordial de Océano. El Nilo despertó al mundo con los ojos húmedos, y al crecer, se unió a una semilla de trigo bajo la tierra. Después, el sol vio bailar las mieses tostadas bajo su abrazo, y las manos que con el fruto segaron su hambre, y alimentaron, también, su deseo.
Los amantes dibujaron su campo de besanas. Y Océano apareció, colmando de vida las dispuestas oquedades: también serían agua y fruto.
Deux ex machina
Para quién quiera creerlo se dice que, en un monasterio siríaco de la antigua Mesopotamia existe un antiguo manuscrito que aseguraría la salvación del mundo. Muestra los planos de un artilugio mecánico con palancas, ruedas y manivelas que mueven una serie inmensa de círculos concéntricos con palabras y números. En los inferiores están las preguntas y en los superiores las respuestas. A partir de una sagrada fórmula matemática se elaboran unas guías que combinan unas y otras, obteniendo el conocimiento científico. De esta manera se descubren los principios de la sabiduría que demuestran la verdad y refutan la mentira.
Un mensaje sin mensajero
Sólo fracasos había tenido Joseph al tratar de emular el principio de las partículas entrelazadas con su pequeño hijo, donde las primeras cuando se separan todavía conservan comunicación sin que medie cable u onda. Todo cambió cuando iban por el departamento de juguetería, y vieron los dos al mismo tiempo una cometa. Ambos se voltearon a ver los ojos en forma inconsciente, la sincronía del movimiento de sus cabezas fue sorprendente, el niño sólo dijo una sola palabra: > No hubo necesidad de comunicar algo más. El mensaje se había trasmitido. La duda es: ¿quién fue el emisor?
Lo inasible
De nuevo ocurría.
Ión. La palabra le sobrevenía cada vez que su índice de alcohol aproximaba su dicción al farfulleo.
Le frustraba, pese a los numerosos libros de divulgación leídos, no comprender el proceso de cómo un átomo podía ganar o perder electrones si, además, un electrón era algo tan exiguo que estaba más próximo a la inexistencia que a la imaginación.
También se le presentaban gluón y spin, leptón, incluso relatividad, para acabar de acomplejarlo.
Consciente de que jamás entendería los mecanismos de funcionamiento de los últimos quásares de lo íntimo, pidió otro gintonic con dos hielos de resignación.
Inteligencia artificial
El ingeniero informático y su ayudante acaban de instalar el primer Sistema Operativo de Inteligencia Artificial creado en el mundo.
–Profesor –pregunta el ayudante–, ¿piensa que la inteligencia humana será suplantada por la cibernética?
El ingeniero saca dos copas y una botella de brandy, las deja junto al ordenador, sirve una copa y contesta:
–Es nuestra capacidad de disfrute lo que nos hace humanos.
Sirve otra copa y se la tiende al ayudante.
–Y en el empeño de superarnos, crecemos como personas –agrega el ingeniero–, eso nos hace inteligentes para construir un mundo más humano.
La fórmula secreta
Una noche, trabajando en mi laboratorio, por accidente mezclé dos fórmulas incoloras que antes no había tenido oportunidad de unir, al darme cuenta de mi error decidí tirar la fusión recién creada en el lavabo, con tan mala suerte que, sin darme cuenta, ésta entró en contacto con mi piel, la cual sorprendentemente, al instante se hizo invisible. Mis ojos no podían creer lo que veían y fue por ello que resolví probar esta vez derramando un poco de aquel liquido sobre un pequeño cubo de plástico que igualmente desapareció. Aquel día fue asombroso y memorable.
El conflicto del Agua y la piedra
El agua busca salida a su conflicto con la piedra. Para nada es mineral baladí que poder modelar a su antojo. Es una presa cósmica, diseñada por la mente más avanzada, o sea, sin Dios, ni madre.
Mientras el hombre razona, el agua, paciente, le gana la partida al tiempo. En cuatro decenios consigue agrietarla. El universo se inunda bajo un magma acuoso. Un nuevo hombre, hermafrodita y soñador, renace.
De repente se escucha el ruido más atronador desde el Big Bang. Nadie mira por qué nadie hay, pero es el crujido de los testamentos rodando por una verruga lunar.
HacheDosO
Después de la nada, cuando rompió el caos, todo fue HacheDosO. El principio del principio, el verbo, la palabra, y el rostro de Eva una y mil veces multiplicado en dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno, moldeándose y buscándose en cada pieza de un puzle infinito. Con la sensualidad de una espiga cimbreante, sabiéndose milagro, desnuda se pasea por los valles, generosa y sumisa, con el germen de la vida en sus entrañas. Sus pechos, rebosantes, se mecen en la acerada luna, bajo la mirada atenta de un dios que la lleva en la palma de sus manos.
Año 6000 a. C
-Señoras y señores, les presento mi última invención, la rueda.- Seguidamente retiró la tela que cubría el prototipo y las reacciones no se hicieron esperar.
-¿Pero esto cuánto nos va a costar?
-¿Quién va a necesitar algo así?
-La gente no lo va a entender.
-Yo no le veo la aplicación práctica.
-Si no se ha inventado antes por algo será.
-A mí el nombre no me convence.
-¿Por qué no se marcha y vuelve cuando tenga algo que merezca la pena de verdad?
Mil años más tarde se fabricó la primera rueda.
Infinito
Cuando ya Miguel Servet había sido quemado en Ginebra, un discípulo suyo, también médico de profesión, adoptó el sobrenombre de su maestro, Michel de Villeneuve, como azote para la conciencia de los que le condenaron a la hoguera, a él y a la propia ciencia. Como su maestro, compró cadáveres y los abrió para examinarlos, valorando más el conocimiento que el riesgo propio. Pronto se interesó por el cerebro, y la primera vez que tuvo uno completo entre sus manos se asomó a él como quien contempla por primera vez el universo, y comprendió que el hombre también es infinito.
El trasto
Se escuchaba un molesto ruido en mi jardín, me levanté y abrí la ventana para descubrir qué era aquello. Una densa niebla por la contaminación cubría la ciudad en aquellos días. Aquel ruido provenía de un nuevo invento que estaba ideando mi hijo. Me acerqué a él y le pregunté que qué era lo que estaba haciendo con ese trasto tan grande y con tantas piezas, me respondió que aquello era una máquina que absorbía el aíre contaminado para que a nadie le vuelva a ocurrir lo mismo que a su abuelo. Ayer, su abuelo, mi padre, murió por asfixia.
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