Microrrelatos 2016

El reparador

Dada mi amplia experiencia reparando, durante siglos, desde relojes astronómicos, motores de vapor, hasta teleféricos y satélites, me ofrecieron el trabajo. A alguien se le averiaba un órgano y había que remendarlo. Al comienzo fue sencillo, los páncreas tenían demasiada azúcar, los hígados exceso de alcohol, pero luego aparecieron demasiados casos de corazón. Como las causas variaban infinitamente, desde la soledad hasta el cambio de las estaciones, costaba establecer un único método de recomponer. Tras años de estudio hallé que aquello que sanaba las rupturas de corazón no era un artilugio, ni una medicina, tampoco se compraba ni se vendía.

La manzana de Eva

Querido Isaac:
Cuando Dios preguntó a Adán por qué había comido el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, respondió que la mujer se lo había dado a probar.
Ahora tú, con esa teoría de la gravitación universal, no solo explicas por qué pisamos el suelo, también el equilibrio de la Tierra y la Luna, el giro de los planetas en torno a los astros, la fuerza con que se atraen las estrellas… Has revelado el plan de Dios para el Universo. Esta vez, si te preguntan, di que la manzana cayó sobre ti involuntariamente.

Efecto Coriolis

A Carlitos le gustaba ver como sus juguetes daban vueltas alrededor del sumidero del agua cuando levantaba el tapón de la bañera después de su baño diario. Era un niño muy observador y le divertía aquella carrera formada por la foca, la jirafa, el patito, el barco con el pescador y el pez. Quería saber quien llegaría primero.
Pero desde que habían llegado a Sydney todos giraban al revés. En Madrid eso no pasaba así. Su padre le había dicho que era “porque ahora estaban boca abajo” y también nombró a Coriolis. Pero él seguía sin entenderlo.

Yo tengo la solución

La granja de cría de aves requería de tubos fluorescentes agotados en el mercado para mantener de noche las áreas iluminadas, así las aves se alimentaban acortándose el ciclo para su venta.
Ante la demanda, una trabajadora respondió que tenía la solución y presentó una lámpara con un dispositivo de un mínimo costo capaz de encender los tubos ya desechados y logró la solución.

La innovación obtuvo premio en un evento científico y el jurado preguntó ¿cómo se le ocurrió la idea? :
-Me estaban robando los tubos nuevos que colocaba en la lámpara del portal.

Heme aqui

Heme aquí en medio de la nada vació, triste. Pasado, futuro, hoy, palabras huecas ahora. Reminiscencias del pasado, ilusiónes del futuro, sensaciones del ahora, han perdido su frágil sustento, su esencia etérea, poderosa y pasajera. Su promesa diluida. Heme aquí, solo, vacío. Qué soy, a qué pertenezco. Estos pensamientos vacíos me dan la ilusión de que existo. Ah, triste existencia; Yo, viajero del tiempo. Que he perdido a cambio de nada, viajar en la estructura fundamental, espacio tiempo, donde cada ser, tangible mágico y variopinto acumula una historia; retos, emociones, triunfos e ilusiones . Ingrata profesión ésta de viajero del tiempo.

Juventud eterna en un holograma

He buscado desmedidamente la fuente de la juventud, que sea perenne, corrompí la naturaleza con mis modificaciones transgénicas. No tengo límites, así como la guerra ha sido creación para la paz transpersonal, como ser humano quise sentirme significativo, en una conferencia, un astrónomo hizo tremendo énfasis en que necesitan más telescopios para mantener a los asteroides vigilados y que no nos sorprenda un impacto, la sorprendida fui yo, ¡vaya estupidez! dije para mis adentros, entendí que la única juventud eterna ha sido la que se guarda a través de los ojos de la memoria.

El sembrador del futuro

Ante los evidentes fracasos del promotor de la ciencia para que jóvenes se acercaran a estas disciplinas, decidió hacer un cambio de metodología. La primera opción fue vestirse de payaso para hacerlo todo más divertido, y así fue, pero no lo tomaron en cuenta al finalizar la exposición. Después se vistió de mago, apeló a la curiosidad, se ayudó de la tecnología… todo con el mismo resultado. Pero un día se le acercó un joven y le hizo una pregunta, y fue allí donde encontró el método adecuado. Hoy se presenta como un sembrador de preguntas en las mentes noveles.

Cierren los ojos, por favor

Aquí lo tienen. Pesa alrededor de kilo y medio, se sostiene en la palma de la mano pero abarca la inmensidad del espacio. Lo mantenemos con vida en el laboratorio desde hace dos siglos. En este tiempo ha sufrido cierta atrofia aunque nada comparable a lo que cabría esperar. Ralentiza el tiempo a su antojo y evoca memorias remotas cuando lo cambiamos de cubeta. Hace unos treinta años amaneció seco como una nuez debido a una negligencia. Pero, como van a ver ahora, supera las experiencias cercanas a la muerte con un viaje interestelar que les dejará sin palabras.

Perdiendo nuestra humanidad

Sus ojos me observan como un astrónomo miraría las estrellas, deseando descubrir lo que hay más allá. Ambos tomamos un café; hablamos, reímos y nos miramos como si no hubiera preocupaciones. Siento la necesidad de estirar el brazo y tocar su mano, incluso si es imposible. Cuando acaba la cita, sé que nunca podrá ser astrónomo y descubrir lo que hay más allá. Cierro mi portátil de última generación y lamento el día en el que se desarrolló tanto la tecnología que la gente dejó de verse en persona para verse en una pantalla que permitía el 3D.

Crónicas de un pionero espacial

Decidí abandonar la Tierra para vivir en Andrómeda. Una misión científica hizo que regresara para trasladar a un grupo que continuaba allí. El líder manifestaba que no querían irse a pesar de las condiciones inhóspitas del lugar. No les motivaban los avances de la ciencia, ni la potente nave espacial que los llevaría, ni las maravillas de Andrómeda. Resignado abordé la nave y por una de las ventanas observé al grupo que se quedaba, sentí deseos de acompañarlos, pero al escuchar un zumbido, comprendí que la nave había despegado hacia el espacio infinito. Nunca más volví a la Tierra.

La abuela

Se le inundaron los ojos de lágrimas al ver a Celeste muñida de pasaporte y maleta en mano. No dijo nada… estaba acostumbrada a guardar silencio por su naturaleza y por la incomodidad de saberse extranjera. En soledad, rememoró la tristeza de su abuela al verla partir. Se había ido y nunca pudo volver. Tragó saliva.
Miró a su hija, le tomó la mano. Ambas extrañarían a Celeste… Juntas abandonaron el aeropuerto.
Una vocecita las despertó temprano: “Mami, abuela… Llegué bien. Después me conecto. Las quiero”.
Finalmente entendió por qué la tecnología acerca al mundo. La anciana sonrió.

Apocalipsis

El padre del padre de mi padre decía que el cielo entonces no era negro, que la lluvia no quemaba y no existían los mutantes. Que usó objetos para hablar con otras tribus, vio aparatos que volaban y el hombre no era un viejo al cumplir los treinta años. Y también aseguraba que aquí hubo cuatro torres.

Neurodiversidad

Nació con él. Vivió como pudo, inconsciente, entre trompicones y dañinos portazos, hasta el día que supo del diagnóstico: Trastorno del Espectro Autista. Pedro vomitó hasta casi desfallecer cuando supo de su etiqueta, pero ahora, pensó, al menos sabía la razón del rechazo continuo hacia su persona. La sociedad, pese a todo aún en estado salvaje, con sus decimonónicos prejuicios, no está preparada para la neurodiversidad.
Como tantos otros antes que él, Pedro acabará trabajando en un Centro Especial de Trabajo, a ritmo de cadena de montaje, excluido por aquellos que se dicen «normales», pues el diferente les da miedo.

La maestra de la abuela

No hay tarde que Águeda no se siente en su mesa camilla con brasero esperando las clases particulares de informática que recibe de manos de Lucía. Esa nietecilla de tan sólo tres años, que parece haber nacido tecnológicamente modificada, consigue día tras día acaparar su atención por ese mundo del internet, a través de un artilugio mágico con pantalla que le regalaron sus hijos las pasadas navidades y que consigue unirlas a pesar de los kilómetros. «Abu toca aquí, abu así no».
«Lucía ya he escrito mi carta a los Reyes Magos, les he pedido un ebook para leerte cuentos».

Una humanidad parasitaria

La ciencia ha cambiado y nosotros, la humanidad, nos hemos quedado como parásitos de aquellos que luchan por sobrevivir entre el pasado y el futuro sin saber bien hacia dónde y cómo ir. Aquello que Pasteur, de manera excelente, definía brevemente como el alma de prosperidad de las naciones y la fuente de vida de todo progreso, debe ser, en plena revolución de la tecnología, un elemento más de unión de culturas por un afán, cada vez mayor, de dar sentido a nuestras vidas. Seamos conscientes que la indiferencia, también el desconocimiento, son los peores enemigos para el progreso.

Angustia

Hoy he hablado con Bolaño, me refiero a Roberto Bolaño. Hice todo lo posible para contener mi verborrea. Él me escuchaba con atención, sentado como un científico del futuro. Le conté mi angustia, me miró por encima de las gafas y luego me espetó: «Eso es moderno y trasciende los límites de la ciencia». Inmediatamente, le grité que me daba igual que fuera moderno y menos todavía que la ciencia fuera hermética. «Es mi angustia. Eso es lo que importa», dije desesperado. Sonrió. No tuve más remedio que cortar la conversación.

Un paso hacia adelante

La tecnología juega un paso adelantado en la historia de los pueblos a nivel mundial. Cada día nacen invenciones que facilitarán cómodamente la utilidad de ese consumidor final, personas esperanzadoras de las creaciones de inquietantes genios que miran al mundo diferente. Soñadores incansables que navegan en su mente, llena de ideas provistas de genialidad. Avances que van dejando a otros en el atraso inerme. Sonámbulos que otros los consideran desajustados, pero quedarán para siempre en los recuerdos como suplidores y saciadores de apetitos feroces, con aportes visibles e inmodificables para la humanidad que es cambiante.

La sombra

Tú, que eres ciencia y desarrollo, ¿No ves desde las altas torres, que iluminan la luz del progreso, mis dedos retorcerse en el barro?. ¿No lo ves desde el cielo?. ¿No ven tus pájaros de acero como mis uñas se pudren, como mis dientes se caen y mis piernas flaquean?
Te llamé, pero tus líneas se cortan ante lágrimas secas y gritos sin esperanza. Te pedí agua, suplicante, y me respondiste con fuego. Y ahora respiro ceniza, que se entierra entre el polvo y metal, que se funde entre torres del norte.

Renacido

Estuve muerto durante siglos, pero ahora he renacido. La larga oscuridad ha dado paso a un breve sueño líquido y luego a una quietud iluminada. Vuelvo a tener cuerpo y ojos para ver; figuras envueltas en blanco me observan a través de una pared transparente. Hablan de ADN y de milagros y de Dios. Algunas se aproximan, hacen gestos, manipulan luces. A mí se me escapa el sentido de su maravilla y su ajetreo. Las dejo hacer mientras floto en mi despertar acuoso. Soy medido, pesado, inspeccionado, el primer dodo en un mundo imposible de comprender.

Cristalizar

Descendía de alquimistas que dominaban los secretos de la ciencia del soplado del vidrio. Sus frascos eran codiciados por perfumeros de la India, sus relojes de arena admirados por su exactitud por ajedrecistas, cocineros reales y princesas expectantes.
Magos y adivinos le solicitaban Bolas de cristal con altos niveles de precisión para predecir el futuro.
Sus lupas eran apetecidas por sabios guardianes de los papiros de la biblioteca de Alejandría, incluso llegó a descubrir el secreto del espejo perfecto.
Vivía experimentando, hasta que una noche encontró la fórmula para cristalizar sus sueños: soplar botellas con vidrio de alta seguridad.

La vieja casa de campo

Su abuelo tenía una casa en medio de un huerto. Cuando Rosa, ya arquitecta, la heredó recordó lo que su abuelo había hecho en ella. Abrió la puerta y comenzó a mirar las tuberías que la rodeaban.
La casa tenía agua potable y electricidad, había construido dos balsas, a cada una llegaba un tipo de agua. El último uso era regar el campo. A ella siempre le gustó el molino que proporcionaba luz a la casa.
No era tacañería, simplemente la construcción estaba en un terreno de secano.

Un laboratorio de cine

Eran las primeras horas del día. Sentada en el taburete del laboratorio, Claudia intentaba descifrar. Mirando por el microscopio, se durmió.
Un ejercito vestido de rojo con una serpiente anillada en forma de doble hélice bordada en sus capas, corría al mando del almirante Gen Globulus. El enemigo, Herpes Humanoides, surgió sin avisar. Intentó penetrar entre las filas de los soldados y provocar el desorden, la inobediencia y la indisciplina; y así reinar en el caos. Pero el almirante contuvo la retaguardia al formar una cadena de escudos…
Al despertar, tenía un cierto sabor a victoria.

MacGyver

Yo quería ser como MacGyver, así que, me compré un juego de química para hacer explosiones en atmósferas controladas. También me encerraba deliberadamente en el baño para probar mi pericia escapista y llevaba un chicle a todas partes por lo que pudiera pasar. Luego me di cuenta de que la física, la química y todas las ciencias que subyacían bajo el genio de mi héroe, no eran lo mío. Después de provocarme mis cuatro primeras caries por el abuso del chewing gum, mis sueños de futuro se desvanecieron. Pero yo siempre quise que el mundo evolucionara.

Nada nuevo

El experimento al fin se llevó a cabo: un gemelo inició un viaje a la velocidad de la luz y otro permaneció en tierra. Tiempo después, cuando los hermanos volvieron a encontrarse, todos pudieron comprobar que la teoría de la relatividad era cierta ya que, a la vez, aquellos hombres sentían lo mismo pero ya no eran iguales.