Microrrelatos 2016

La ley de las arvejas

Todo lo que hay arriba, abajo, afuera, adentro tiene que tener una razón, tiene que haber una fuerza que lo sostiene todo. Una fuerza que hace que las cosas ocurran. Ocurre una vez y se repite. Sin fallar. Lo hago y no lo puedo entender. Por ahora seguiré dejando caer mis arvejas desde el plato una y otra vez. Sé que mis padres, a quienes al principio les parecía muy gracioso, ya no lo ven con tan buenos ojos. Pero es la única manera en que puedo resolver el universo cuando solo tengo un año de vida.

Vida y Color

El anciano profesor de Ciencias Naturales susurra a sus alumnos las respuestas del examen.
Y así, año tras año, desde el día que murió.

Deducción

Unos incipientes científicos acaban de hacer públicas unas interesantes deducciones:
Tras diversos modelos podemos decir que un rinoceronte de seis patas no correría más que un ejemplar de cuatro patas y además aseguramos que levantaría más polvo. No obstante ese problema de coordinación para sincronizar el simple paso del animal de seis patas, ha sido perfectamente solventado por la evolución de su especie, afortunadamente para todos. Esperamos que con este hecho aprendamos a deshacernos de los miembros que obstaculicen nuestro paso y como hemos explicado en otras ocasiones, no podemos extrapolar esta información para suprimir una de nuestras cámaras.

El Metro (2050-2100)

– ¿Me permite?
Claro pase. Giro las piernas para que pase el androide y pueda sentarse al lado del cargador eléctrico del metro. Yo sigo con lo mío, lo último en Holographic University War Games para móviles magnéticos. Paso el rato entretenido en conexión con mi último rival. Absorto e inconsciente de mi alrededor van pasando las estaciones.
– ¿Me permite?
Si claro. Detrás de mis gruesas gafas distingo la silueta de un androide. Yo sigo con lo mío, lo último en Third Age Holografic Games. Sin perder un segundo. ¡ Es que el tiempo pasa tan rápido!

Experimentum crucis

Avanzaba yo, intrépido, arropado de una muchedumbre enfervorizada, pero de algún modo compacta, cuando súbitamente arremetió contra nosotros una gigantesca figura vidriada. La indefensión se apoderó de mí al comprobar que una gran proporción de mis compinches sucumbía ante tal acristalado monstruo. No bien había logrado el resto salir indemne, cuando volvió a embestirnos otra mole idéntica. Me estremecí al barruntar la peor suerte, pero nada más ocurrió. A continuación, una voz enfática retumbó: «Bye bye, Descartes».

El descubrimiento

El doctor Svensson necesitó quince años de investigaciones para descubrir que dos miligramos de extracto de jengibre diluido en aceite de oliva era suficiente. ¿Quién lo iba a decir?
Cuando se lo comunicó al director del laboratorio esperaba una reacción mucho más eufórica. Su descubrimiento iba a revolucionar la industria farmacéutica. Erradicar la gripe de un plumazo sería una noticia de alcance planetario. Saldría en todas las revistas. Quizá le dieran el Nobel.
Pero no.
En estos momentos, el doctor Svensson viaja hacia las montañas… Atado de pies y manos…, acurrucado en el maletero de un coche.

Allá en la prehistoria

Es seguro. Quien inventó allá por la prehistoria, la rueda, estaba pensando en una bicicleta de colores y timbre en forma de margarita, y no en una calle infectada de coches tocando la bocina y contaminando el aire. Seguro.

Lluvia sin lágrimas

Existe un lugar llamado Onkalo que se perderá en el tiempo. Nadie caminará por sus túneles ni verá la cara del grito aterrador de Munch, heraldo de un mensaje del pasado al futuro. Esa era la idea que tuvieron nuestros ancestros hace doscientos años; sepultar doce mil toneladas de residuos radiactivos de uranio y plutonio que debían ser olvidadas. Así ha sido hasta hace poco; hasta que han ido a buscarlas los que no entendieron que con el átomo no se juega. Está lloviendo y lloro, pronto no quedarán lágrimas que la lluvia pueda llevarse.

Simbiosis

El olor a trementina opacaba el aroma del café que vertía en su taza Aníbal esa mañana. Entrevé en el portavaso manchado, un círculo cromático que le recuerda su amor por Mario. Sonríe al pensar en los tímidos besos robados en la clase de artes y en cómo, por culpa del chico nuevo, 20 años después se pelearon. La voz de la psicóloga de la radio lo despierta de su ensoñación: -Las parejas comienzan en perfecta simbiosis, el amor y la admiración los une.
-Y el divorcio los vuelve parásitos. Grita Aníbal mientras tira al piso unos papeles

Salvar los fenómenos

Me llamo Claudio, y esto es lo que ocurrió:

Lo nuestro se retrogradó aparentemente. Con el ánimo de salvarlo, intenté explicarlo, de modo deferente alejado de aquella excéntrica, acudiendo a la tan manida excusa de que se trataba de un simple epiciclo. Le aseguré que si lo enfocábamos desde un punto de vista ecuante, obtendríamos una solución. Durante un tiempo, pareció funcionar. Hasta que llegó ese advenedizo polaco y lo estropeo todo.

Cyberpunk: no hay futuro en el futuro

Quedo en Malasaña con Joe Strummer, año 2030, 2077 para él. Nos conocimos en TimelessConnect.

Aterriza en su Dragon Dron V50 y me cuenta mientras tomamos un nano ginto virtual en “The Titty Twister” que… las mega-corporaciones dominan el mundo, que los crímenes son numerosos y oscuros: contrabando de datos e implantes genéticos, espionaje tecnológico… Que los criminales van dopados de implantes hasta las cejas clonadas, que vive en la Megalópolis Londinense donde si no estás mutado no eres nadie…

¿Quieres quedarte aquí le pregunto? No, me vuelvo a los 80, ¿te vienes conmigo? me respondió sonriendo…

La magia de la ciencia

-Papá, mira ¡Tengo poderes!
– Sí cariño, ya lo veo. Eres toda una brujita.
-No, yo soy un hada con poderes mágicos.
-Pero no sólo las hadas tienen magia, Olivia. Hay muchas más cosas mágicas de las que crees.
-¿Ah si? ¿Cuáles?
-Muchas. Es más, la magia existe aunque la gente diga que no. ¿Sabes dónde? La magia existe en la ciencia.
-¿En la ciencia?
– Sí, cariño. Sino es magia ese pequeño marcapasos que hace latir tu corazoncito, ¿Qué lo es? La ciencia es la magia más poderosa del mundo, nunca lo olvides.

Inteligencia

El cuadro que presentaban los pacientes era desolador: falta de concentración, reducción de la capacidad de análisis, somnolencia, pérdida de memoria, dificultad para aprender, ansiedad, depresión, irritabilidad, fatiga e insomnio. Algunos, en fase avanzada. Alarmada la comunidad científica, se formó una comisión de investigación, integrada por biólogos, matemáticos, psicólogos, físicos y químicos, a cuyo frente se nombró a un prestigioso médico. Dicha comisión, tras exhaustivos análisis, detectó una progresiva pérdida de inteligencia en la especie humana, debida con toda probabilidad a una pobre alimentación. Las máximas autoridades mundiales lo celebraron y ordenaron la inmediata disolución del comité.

Última gota

Brotó del lagrimal. Se paseó por el surco de la nariz. Descansó en la comisura de los labios agrietados y secos. Recorrió el borde de la barbilla, y cuello abajo se precipitó a la arena del desierto.

La verdadera ciencia

Había grandes hombres que se denominaban a sí mismos como científicos, y decían ser hijos de la ciencia, más muchas veces dejaban de lado la funcionalidad que la investigación a la vida de los demás daba, y escribían por prestigio y fama, esperando ganarse algún día el Nobel, soñaban. Pero un día Felipe, sin querer, pensaba, sobre cómo crear cosas que a la humanidad ayudaran; fue ahí cuando la ciencia empezó a buscar algo más que patentes y ecuaciones para finalmente lograr respuestas para la guerra, la enfermedad y la pobreza.

Entre bastidores

Piensa en los ojos inyectados en sangre, en las manos temblorosas con restos de café, en la pantalla donde su hija le desea buenas noches, en el jetlag, en el tacto áspero del delantal, en el olor a amoniaco, en los resultados negativos, en los callejones sin salida, en los papeles del divorcio, en el llanto incontrolable, en el momento en que los días se fundían indistintamente con las noches y dejó de reconocerse en el espejo; luego afirma el micrófono, se aclara la garganta por última vez y sonríe: “Señores, tenemos la cura”.

El Antiguo

El Antiguo vaga por el océano de arena montado en su mula, cargando antiguos tomos de cuero desgarrados por el sol y el viento. Solo en los caseríos encuentra un refugio temporal. La tradición dicta que es el anciano del lugar quien le debe hacer una ofrenda de oro líquido. Solo luego de este rito, el Antiguo relata sus historias, historias de la Tierra antes del tiempo, de grandes torres de brillantes que sostenían los cielos, de mulas mecánicas hambrientas de aceites y de gentes que vivían encerradas en pequeñas cajas luminosas.

Ingenio

El hombre caminó bien temprano en la mañana por las estribaciones que rodean la capital, con extremo cuidado, se introducía por las zonas donde la niebla se encontraba más densa, los madrugadores que lo habían visto pasar, pensaban; ¿Se habrá vuelto loco”?.

Pasaron los días, y lo volvieron a ver rumbo al lugar donde la niebla estaba más densa, llevaba mallas de alambres, después pasaría con postes, herramientas, canalones, mangueras, grifos y bidones vacíos.

Lo creyeron irremediablemente loco cuando trajo el bidón lleno de agua, recolectado con las mallas en el medio de la niebla.

Transmisión urgente

Aunque innumerables fueron las preguntas que nos permitieron llegar a la inmortalidad, fallamos en hacernos la única que importa: ¿Qué hacer con ella? Es por eso que, atrapados en nuestros cuerpos corruptos, enviamos este mensaje a través de la Galaxia con la esperanza de que otras especies no repitan el mismo error que nosotros. Vivan, crezcan, aprendan, descubran, elévense, pero siempre, siempre cedan a sus sabios cuerpos y al susurro del tiempo cumplido. Háganlo, hermanos, con la dignidad que tanto anhelamos y que nunca volveremos a recobrar.

Nosotros, la Humanidad Maldita

A 5.000 años luz

Lo siento Martina, pero no lo acepto. Ejerces más atracción sobre mí que la propia gravedad. Y, a pesar de sentir lo mismo, sigues diciendo que lo nuestro es imposible.
Es cierto que tú estás en Orión y yo en Sagitario, pero no somos tan distintos, al menos nos encontramos en la misma brana. Piénsalo bien. En el último momento, justo antes de que Andrómeda y nuestra vía colisionen, no quiero que te arrepientas de lo que pudo ser y no fue.
Hazme llegar tu respuesta por salto cuántico. No hay tiempo que perder.

Siempre tuyo,
Roxt

Escisión

La voz, como amordazada por la distancia, dijo:
-Oiga.
Yo conteste desde la callada penumbra:
-Diga.
-Oiga. ¿Quién es el que sueña? ¿Usted o yo?, Oiga ya no puedo dormir, porque vivo soñándolo.
Y la voz llama cada noche desconcertada sin saber quién es el que sueña, he llegado a tenerle cariño.

El homicida imaginario

El jefe dio un fugaz repaso a los archivos y le dijo que estaban mal sin darle explicación, después giró para darle la espalda. Lleno de indignación apuntó su mano hacia el desgraciado. Imaginó un cinematográfico disparo, como el de los westerns. Una reluciente Mágnum 45 restalló en los límites de su imaginación, vio la bala rebanando el aire y desapareciendo en el interior de la figura blanca. Sólo milésimas de segundo después, lo vio retorcerse asido a su escritorio, luego caer sobre la alfombra. El médico dictaminó más tarde un paro cardíaco. Él vivió convencido de que lo mató.

Amor a primera vista

Corría rápido, con una seguridad implacable. Sabía que si no corría con todas sus fuerzas perdería la oportunidad de conocerla. Había escuchado el mito antes; una vez que saliera debía llegar a sus brazos o morir en el intento. Su alrededor se nubló, estaba solo en el camino. Se le entumecía el cuerpo por la velocidad a la que iba. Sentía el viento en el rostro azotándolo. En un par de segundos, y sin percibirlo, la vio aparecer, una ninfa dorada que lo esperaba con ansias. Cuando se presentó ante ella, fueron uno solo de inmediato, fecundaron, me dieron vida.

Agujero líquido

Las ecuaciones sin resolver de los años luz del agujero negro Solace 32K28 empapelaban las paredes. Nunca imaginó que todo ocurriría después de abrazar a su mujer. Su mujer le susurró algo al oído. El la miró extasiado. Se sumergió en sus pupilas oscuras y viajó hasta un mar en calma. La abrazó, y una pregunta cruzó su mente: ¿Se puede amar y viajar por la oscuridad hasta encontrar el número exacto de noches en un mar líquido?. Claro que sí, se respondió. No tenía fuerzas para llamar a Tom, su colega del Monte Palomar.