Microrrelatos 2015

Me prometió dinero infinito

Me prometió dinero infinito en forma de pequeña renta semanal.
-¿Eres rico? – le pregunté.
-No
-¿Mago?
-No. Mejor, soy matemático – respondió haciéndome pensar que había subestimado a este gremio toda mi vida.
Colocó un euro delante de mis narices a modo de primera cuota de mi sueldo inagotable y sonrió – La semana que viene te pagaré la mitad, la siguiente un tercio, la siguiente…
¡Malditos matemáticos!

Ella teme siempre ir a la seca letrina

Ella teme siempre ir a la seca letrina y aunque el hambre reduce la frecuencia, la sensación de sequedad en su piel y cabello la hace sentir sucia por dentro y por fuera; con sed íntima, saciada con las tres únicas lluvias desde su último cumpleaños; después del represamiento y desvío del Río Ranchería. Sin nubes, sin río, el recuerdo de las montañas es ya más lejano que de donde le envían botellas de agua en carros de la Cruz Roja, niños cuyos padres pagan online a la refresquera que las envía sin costo de flete a la Guajira.

Generador Portátil de Oxígeno

El joven terminó de ajustar su casco y su Generador Portátil de Oxígeno.
Cuando era pequeño su abuelo le había contado una historia, que hace muchos siglos atrás, en el Planeta Origen, se podían encontrar Generadores de Oxígeno más altos que el Domo Mayor, creciendo tan juntos y en tal cantidad que uno podía perderse y nunca regresar.
Desde entonces el joven quiso saber si los humanos que vivieron allí sabían lo suertudos que eran.
“No te olvides de regarlo todos los días.”
“Sí mamá.”
Las vibrantes hojas verdes se mecían bajo su aliento, como saludándolo. Nunca podría olvidarlo.

Nubes de creación

Para el viejo jesuita, imbuido de las teorías de Teilhard de Chardin, la vida no podía haberse creado de manera espontánea en la Tierra, sino que debía ser un fenómeno universal dirigido sin duda por un orden rector. Y para demostrarlo, noche tras noche escrutó los cielos con el novísimo espectroscopio Vaticano hasta hallar la prueba: en las interminables nubes interestelares con presencia de agua, cerca de estrellas medianas y en ausencia de gravedad, se formaban los rudimentos de la vida que como esporas germinaban los planetas. Enardecido, sentenció: “la vida se creó en los cielos, no en la tierra”.

A principios del 2020

A principios del 2020, desafiando las leyes científicas de la Tierra. Los gobernantes de todos los países, unieron sus recursos tecnológicos para buscar agua en el lejano Plutón. Para realizar la ingente misión que salvaría de la sequía a los campos de nuestro planeta, devolvería la posibilidad de realizar labores agrícolas y paliar el hambre que comenzó con el cambio climático y que devastaba ya cinco continentes; fabricaron una nave que viajaba por la quinta dimensión y que transportaba fragmentos de casquetes polares plutonianos para desintegrarlos al tocar la atmósfera terrestre. La fantástica idea logró salvar a la humanidad.

El zahorí

Con esa exactitud tan característica que tiene la ciencia infusa, intentaba mi abuela Aurelia explicar cómo mi abuelo apodado “El zahorí”, cuando reclamaban sus servicios, iba en busca de su “varita mágica”, una rama de olivo en forma de uve. Se ponía serio, se concentraba y dejaba hacer a las ramas que sujetaba, que fueran a su libre albedrío. Caminaba despacio y las varas se disparaban con estrépito hacía arriba señalando el camino. Ya en el punto exacto comenzaba a excavar a la antigua usanza con pico y pala hasta que el agua manaba a borbotones.

Gracias por el abrazo

Hola pequeña, bienvenida al mundo.
¿No son hermosos los rayos del sol?
Yo he estado aquí mucho tiempo, mi semilla olvidada por un animalillo distraído.
Tú llegaste del pico de un ave migratoria.
Gracias por el abrazo.
¿Necesitas más agua? Toma de mis raíces.
¿Necesitas más alimento? Toma de mi tronco.
¿Necesitas más luz? Úsame como escalera para alcanzar el sol.
Gracias por el abrazo.
Me siento cansado, estoy viejo y no puedo competir con tu juventud.
Me iré a dormir, disculpa por dejarte sola.
Gracias por el abrazo, Higuera.

Es la luz, la única vida en Oklit

Es la luz, la única vida en Oklit (planeta Tie45 // constelación B7V-2). Al localizarla Jon en su visor, supo que había algo especial en esa luz viva. El espectrógrafo marcó un registro normal y el histograma mostraba extraños perfiles. Para verlo con sus propios ojos, pidió permiso a la base. Realmente lo hizo porque le apeteció, no eran datos relevantes pero, era su cumpleaños y necesita hacerse un regalo. Jon nunca había hecho una percepción sensorial propia y consultó el manual PPSP (Procedimiento de Percepciones Sensoriales Propias). Descubrir, que la luz viva era agua, fue un magnífico regalo…

2136

No hay agua potable. Pero nos rodea la que no puede dar cobijo a especie alguna. Flotamos sobre ella en lo que llamamos «la isla», ese continente en el que vivimos con corazón y alma de plásticos. Morimos, mientras navegamos llevados por corrientes anteriores a nuestra vida y que nos sucederán en esta latitud olvidada. Suena un llanto de bebé, quizá el último habitante de la Tierra. De pronto llueve. Salimos de las covachas que nos sirven de resguardo. Gritamos cogiendo lo que sea que nos sirva para acumularla. Es ácida, pero prolonga la vida y nos salva.

Evolución final

Un ojo cósmico miraba la gota de agua. Con delicadeza la aproximó a su pupila y vio pasar, con vertiginosa rapidez, un pequeñísimo ser que culebreaba en el precioso líquido. Creció, le salieron aletas y siguió creciendo… ¡Cuánto espacio…! Le salió una cola. Se revolvió al engrosarse su cola y surgir patas y feroces dientes; se alargó su cuello y empezó a empequeñecer. En milisegundos se transformó una y otra vez: alas, trompa, pico, hocico, patas, cuernos. Cuatro patas y cola… Dos piernas y dos brazos. La gota se puso negra, mientras el cambiante ser desaparecía para siempre.

Última lluvia

Todo estaba seco. Y casi todo, muerto. Hacía mucho que no llovía. Los ríos y los lagos moribundos apestaban ya a carroña. Casi todo muerto: los animales, las plantas, la gente… Quedaban pocos cientos de personas. Lo que no acabó la contaminación, lo terminó la guerra; lo que no mataron las guerras lo asesinó la contaminación.
Con infinita esperanza el reducido grupo de hombres y mujeres, como espinas en un tronco sobre el mundo muerto, vieron ensombrecerse el cielo con nubes grises. Pero sus sonrisas murieron cuando cayeron del cielo las primeras gotas de sangre y de petróleo…

A veces me siento junto a la ventana

A veces me siento junto a la ventana para dejar de lado todo aquello que me une a la razón. Guardo mi bata, los aperos y, sin más, me siento en el alfeizar a esperar la llegada de la lluvia. Y, aunque en ocasiones no llega, me da igual. Incluso, lo prefiero. Porque entonces cierro los ojos con fuerza deseando que caiga una gota que empape el cristal. Lo deseo con todas mis fuerzas. Como si realmente fuese capaz. Aunque para mi desgracia nunca pasa nada.
Así y todo esta tarde volveré a sentarme en la ventana.

¿Has incrementado tu presencia en la atmósfera?

H2O: – ¿Has incrementado tu presencia en la atmósfera?

CO2: – Sí, la utilización de combustibles fósiles y la desforestación me obligan. Yo antes sólo era liberado por las plantas, los volcanes…

H2O: – ¿Es por eso que la temperatura aumenta y estoy menos en los glaciares?

CO2: – Sí, mi concentración atmosférica contribuye al efecto invernadero.

H2O: – ¿Puede ser una amenaza para los seres vivos?

CO2: – ¡Por supuesto! Habrá olas de calor, inundaciones, extinción de especies, malas cosechas…

H2O: – ¿Se puede frenar?

C02: – La demanda energética debería abastecerse con renovables y no con petróleo y gas natural que tanta contaminación acarrean.

En medio del golfo de México

En medio del golfo de México, a más de 150km de la costa, impregnado en salitre y solo, completamente solo. Quien iba a imaginar que aquel niño, que soñaba con ser ingeniero y construir pistolas láser, acabaría en medio de una plataforma petrolífera al borde del colapso. No había mucho que meditar, era el único que sabía lo que se tenía que hacer. Y pese a no haber utilizado un soldador de corte arco-O2 en su vida, llegó a manejar el soldador de su padre como un escritor manejaría su pluma. Podía intentarlo. Debía intentarlo. Y saltó.

Soy una gota de agua

Hola, ¿quién eres?
Soy una gota de agua, me llamo CanaryGot, aunque tú me ves como una lágrima de emoción y alegría, he luchado contra tu cáncer desde dentro de tu cuerpo, desde el día que tomaste agua en la fuente de la vida, desde ese día he viajado junto a ti y no me he rendido en apagar el fuego que destruía cada rincón de tu cuerpo.
Mi trabajo está realizado y ahora caeré al suelo, me evaporaré, llegaré a una nueva nube, donde viajaré y caeré de nuevo en algún lugar para ayudar a la vida.

El suero

-Túmbese, esté tranquilo.
-Pero, ¿es seguro?
-Claro –mintió al ayudante- yo mismo lo he probado.
-Es que…
-No se preocupe.
Cuando el operario empezó a inyectarle el suero, se dio cuenta de que era tarde para arrepentirse, de que no tenía que haber mentido. Que, en realidad, él no quería olvidarse de ella.
Sintió un cosquilleo en el brazo y los párpados se le empezaron a cerrar. En vano intentó fijar en su memoria un recuerdo de ella con la esperanza de que fuese más fuerte que el suero. Pero qué tenue, qué frágil era aquel recuerdo ya.

Mientras comprobaba que no había pulso

Mientras comprobaba que no había pulso se dio cuenta de que la sangre había manchado su bata de laboratorio. Disimulando cerró la puerta detrás de él mientras comprobaba que el pendrive seguía en el bolsillo. Había sido feo pero no podía permitir que aquel descubrimiento viese la luz. El mundo cambiaría demasiado.

Cuando vio aquel líquido

Cuando vio aquel líquido transparente empapando la mesa del laboratorio, sintió un nudo en la garganta y los ojos se le llenaron de lágrimas. Había conseguido crear agua. Ahora tenían otra oportunidad

En 100 palabras

En 100 palabras es imposible explicar lo que es el agua, porque ello implicaría relatar la base de la vida, de la humanidad, de nuestra existencia y subsistencia en muy pocas palabras, si eso es posible, es que somos demasiado poco. Quizás es eso, porque, de hecho, sobran 99: H2O.
O, espera, quizás, con agua… hacemos posible lo imposible.

Manos

Cinco dedos,
en cada mano,
danzan por la bata hasta abrochar el último botón.
Dos vueltas,
la mano abre la puerta y golpea el interruptor.
Pinzando el bote de laca de plata,
para suavemente trazar una fina capa de metal conductor.
La mano torpe, temblorosa,
ajusta la muestra sobre los motores piezoeléctricos,
mientras la otra fija su posición con un diminuto destornillador.
El día sucede entre infinitos giros en tornillos micrométricos,
martilleos de teclas y bailes de ratón.
Hasta que, entrada la noche,
el chorro de agua relaja las manos de rastros de plata
y algún pensamiento sin aparente solución.

Aireando

El GPS indicaba que a la derecha se situaba el parque eólico, gracias al cual se transformaba el viento en electricidad. Frenó y puso punto muerto en su coche híbrido, de manera que parecía que estaba apagado. Se hizo un «selfie» con el parque de fondo y lo subió a su red social preferida. Cuando llegó a su casa, conectó el ventilador, encendió el ordenador y vio en tamaño grande la foto que se había realizado. Mientras le daba el viento provocado por las aspas del ventilador, se dijo: «todo gira en el mismo sentido».

A sus noventa y cinco años

A sus noventa y cinco años, muchas cosas habían cambiado desde que era un niño. Por el camino se había dejado atrás la inocencia, el vigor de sus piernas, su memoria…
No sabía qué había desayunado, pero los recuerdos de la infancia permanecían intactos. Allí estaba su madre, enseñándole a cepillarse los dientes.
– Hijo, el agua no sale del aire, hay que cerrar el grifo.
Sus ojos se iluminaban al recordar ese momento, quizá por su madre, quizá porque aunque ya no lo recordase, ese niño, años más tarde hizo posible que el agua sí brotase del aire.

A Amina le costó creer

A Amina le costó creer que con madera, lino y agua se elaborara papel. Khalid le mostró como en la fábrica de Xàtiva, las muelas verticales del molino accionadas por caballos, trituraban la madera de pino, eucalipto o lino para después mezclar esa pasta con agua. Los musulmanes trabajaban sin descanso, aplastando y estirando la mezcla consiguiendo fardos enormes que con la ayuda del rozamiento y del calor se iban dispersando en láminas de fibra cada vez más finas hasta transformarlas en el papel donde ellos escribirían las más bonitas palabras de amor; relatos que los convertirían en leyenda.

Ella…

Es tan lineal, tan hermosa, que me abriría en canal porque me amara. Miro mi cara de idiota posando en la portada de Nature, junto a ella. «¿Cómo la definiría, profesor?», me preguntaban los periodistas, agolpados para la presentación. Y yo pensé en decirles que como la mujer que amaba. Luego recapacité, sólo era el mayor logro científico de los últimos cien años. Y aún así la amaba, en cada uno de sus circuitos biológicos, en cada uno de sus pensamientos implantados, en cada uno de los recuerdos vívidos que habíamos creado para ella en el laboratorio.