Microrrelatos 2015

Incomprendido

Sin voz, gritó y gritó.
Pero aquel intruso parecía no comprender…
Sintió que atenazaban su cabeza. Una presión insoportable ¡Insoportable!
Y el bebé ya no sintió nada más.

ESCAPAR A DÓNDE?

Pensaba que el ruido de la Olivetti, el carillón en la antesala y el analógico lo dejaban loco, pero llegó el siglo 21. Al principio, pensó que era una maravilla el avance de la ciencia y de la tecnología. Nunca, en la historia, de la humanidad han logrado a hacer cosas increíbles para facilitar su trabajo: teléfono móvil, ordenador. Pero eso ya estaban le causando tremendo mal, él no tenía más paz. Entonces, decidió comprar una granja, para restaurar su tranquilidad. Al principio, todo parecía perfecto, los pájaros, los animales. Pero su calmaría se rompió cuando oyó los vehículos automotrices.

La densidad de los finales

Los instantes se miden bajo noches estrelladas y los silencios se ocultan en frecuencias inaccesibles. Pero todo momento tiene un final que pesa, con poco sentido y mucha masa. Ninguno sigue teorema y paralizan sin parametrizarse, es difícil de explicar y hay que tener mucha paCiencia para sobrellevarlos.

horizontal

Había ascendido montaña arriba, a mucha altura y sin mucha dificultad.
El entorno cada vez era más blanco, a medida que la temperatura descendía iba aumentando el viento que empujaba a subir más alto, allí donde se veía la claridad del sol y se intuía un cielo azul.
De golpe chocó con unas agujas, se envolvió en un remolino. Eran minúsculas hojas circulares y allí quedó impregnada, se escurrió y formó una gota tras otra.

Conclusión final

-Las condiciones necesarias para el desarrollo de vida en otro planeta son casi infinitas. Requisitos primordiales son la presencia de agua en estado líquido y estar ubicado en un sistema solar con una estrella tan estable como nuestro Sol…
El eminente astrofísico hablaba orgulloso en la conferencia sobre Vida Extraterrestre ante un aforo absorto.
-…Por lo tanto, mi conclusión final ratifica que es prácticamente imposible la existencia de organismos superiores en cualquier otro planeta.
La extraña figura, escondida en la parte más oscura de aquel lugar, sonrió complacida. Con teorías así, su civilización y todo su planeta seguían a salvo.

Otro momento

Faltan dos meses, siete días, cuatro horas, veinte minutos y treinta y tres segundos, para completar los cinco años que lleva encerrado en el laboratorio tratando de armar la máquina de tiempo estanco. Una idea novedosa para la física cuántica, sugerida por la amante: preservar el momento glorioso e inolvidable de sus encuentros amorosos.
Desde entonces, escucha una y otra vez los mismos golpes en la puerta, y los mismos gritos de su mujer: abre ya, abre ya, abre ya…

Proyecto Vida

No había mañana en la que no tuviera que recorrer varios kilómetros. No había día en el que no trabajara en pos de una alternativa. El peligro se anunció hasta la saciedad, quizá por eso los avisos alarmantes dejaron de ser eficaces. El daño era una posibilidad futura que pasó a ser una realidad constatable. El impacto fue funesto. Millones de damnificados por los cambios del clima. Un modo de vida insostenible con el que nos dimos de bruces. Hoy, como cada mañana, se dirige hacia el pozo más cercano, su plan está en marcha: Proyecto Agua, Proyecto Vida.

Razonar sin razón

Me fascina el Universo. Es complejo, intangible para nuestra razón, pero no lo quiero conocer. Porque en él hay millones de puntos diminutos, como los astros en el cielo, que lo unen y lo hacer ser. Y dentro de cada uno de estos puntos hay uno en concreto que distorsiona toda visión. Y es que, ¿cómo sería vivir sin reflexión? Quita la Psicología de todo, apártala de tu mente. No puedes. No hay horizonte en nuestra mente entre el pensar y el no pensar. Ciencia que se interpone, ciencia que nos permite, ciencia que nos desafía, ciencia de verdad.

Un mundo tecnológico

Una oscuridad infinita abrazaba las luces de todo el mundo. Comenzó a pasear por los anillos de Saturno, observando, junto a Galileo, las diferentes fases de la luna. «Está sensación es bastante extraña, es como no tener alma», cerró los ojos y empezó a imaginar que era una estrella fugaz, la que más brillaba, la que más lejos podía llegar. Galileo sonrió, tampoco podía hacer mucho más.
El pequeño se quitó como pudo el simulador de la cabeza. Se tocó el pecho, su corazón latía, ya no era un producto informático, aunque el mundo real lo parecía. Suspiró.

Atracción

Me tenía loco. Daba vueltas sin parar a mi alrededor y para mí, que siempre he sido centrado y estable, aquel movimiento suyo, constante, a un tiempo me mareaba y me maravillaba.
A fuerza de observarle, de seguirle con la mirada, descubrí lo imposible, lo impensable: que yo le atraía tanto como le deseaba.
A día de hoy, somos inseparables y el inicio de una casta, Hidrógeno nos hacemos llamar y así nos llaman.

El silencio de las estrellas

Mi abuelo era niño cuando los obuses le reventaron los tímpanos y le dejaron los ojos llenos de tierra. Hubo de renunciar a las palabras y vivió bajo el régimen sigiloso, pero implacable, de la añoranza. Un día, poco antes de morir, le pregunté si en sus sueños oía algún tipo de sonido, si a ellos llegaba, aunque fuese fugazmente, alguna música.
Me respondió que sólo soñaba, en noches de embriaguez, con un rumor oscuro.
Se me olvidó decirle que un radiotelescopio muy potente descubrió recientemente que el eco del Big Bang, a pesar de todo, sigue siendo silencio.

Los gatos solo tienen dos vidas

Aunque trabajábamos juntos, carecíamos de una relación estrecha. A veces coincidíamos y hablábamos de cosas, sobre todo de física cuántica. Un día me confesó que tenía pesadillas atroces, que soñaba que era el gato de Schrödinger. Me despierto sin saber si estoy vivo o muerto, agregó lúgubremente. Me miró suplicante, como si una zarpa apresase sus pulmones. Estábamos en el laboratorio y guardé un silencio glacial. Entonces, silbando por la falta de aire, me preguntó:
– ¿Qué opinas?
Yo le empujé la cabeza hacia adentro y le dije:
– Te lo diré después de abrir la tapa.

Las mediciones

Después de algunos meses de intensas excavaciones maritales e incipientes pruebas de las dopaminas, la ingeniera petrolera y el bioquímico han resuelto un riguroso divorcio. Especialmente porque ella no pudo evitar hacerle una estratigrafía a su marido con hallazgos no precisamente de hidrocarburos aprovechables. Y debido a que cuando él analizó el ácido desoxirribonucleico de su vieja le asustó el mega tamaño de sus taras.
Otra vez la ciencia arrojando resultados que nada tiene que ver con la complacencia del amor. Y decretando infiernos sopesados.

SANTO REMEDIO

– Le recetaré amoxicilina- dijo el médico a su paciente.
– ¡Otra vez amoxicilina!- protestó la bacteria joven.-¡Estoy harta!
– ¿De qué te quejas?- preguntó su compañera, más avezada.- Con los años hemos aprendido a defendernos. Que la usen, nomás. Mejor para nosotros.- Sacó un frasquito de su bolsillo.- Toma.
-¿Pe…nicili…nasa?- leyó con dificultad la bacteria joven.
– Sí. Santo remedio.
Más tarde, las moléculas del antibiótico comenzaron a ingresar al estómago del paciente disimuladas en un jarabe.
– Perfecto.- Sonrió la bacteria experimentada.
– Qué sabor horrible tiene este jarabe- dijo una voz humana.- Todo sea por curarse.

Experta inexperta

Nunca le gustó ir a la escuela, pero sabía que de haber ido habría aprendido todo aquello que siempre quiso saber. Aprendió en la cocina ayudando a su madre. Entendió con siete años cuál era el punto de ebullición del agua, cómo se dominaba una llama o la densidad del aceite respecto al resto de líquidos. Aprendió de todo sin ser experta en nada. Reconoció la química en todas y cada una de sus acciones. Al cocinar, al llorar, al enamorarse…
Entendió bien pronto que la vida es pura ciencia y, como tal, le enseñaría teorías que ella debía desmentir.

Agua y roca

¡Persiste y vencerás! ¿Existe algo más blando que el agua? ¿Existe algo más duro que la roca? Pues incluso la piedra a menudo se ve perforada por el agua. No hay límites más sólidos que los que tú te impones.
¡Persiste y vencerás! ¿Existe algo mejor que una derrota? ¿Existe mejor docente que un intento frustrado? No lo olvides: toda experiencia, aún amarga, alberga una enseñanza y nosotros somos los que tenemos que interiorizarla.
¡No temas! Que tu agua golpee tus duras rocas y aprendre de cada uno de esos benditos contratiempos.

El baño

Mmmmm. No sé qué tiene el baño que relaja tanto. Por fin puedo desconectar. ¡Vaya semana! No hay peor mezcla que política y ciencia. ¿Por qué no me dejarán en paz? No quiero meterme en politiqueos. Sólo quiero estar tranquilo en mi laboratorio y trabajar tranquilo.
– ¿Hola?
– ¿Qué quieres?
– Sólo saber que estabas bien. Llevas mucho rato. Te traigo agua caliente. La tuya debe estar ya helada.
– Gracias. Cuidado. Mmmmm. Qué bien.
– ¿Quieres que te acompañe?
– Claro. Métete. Ups!
– No te preocupes, lo fregaré después.
– ¡Espera! ¡Eso es!
– ¡Arquímedes! ¿Dónde vas?

Agua y recuerdo

Recuerdo aquella pequeña construcción con su puerta de madera, igual que si fuera un iceberg. Pasé muchos momentos de mi infancia cerca de él.
A mi mente vienen los días de lluvia, cuando esperaba impaciente que el agua comenzara a bajar a toda prisa por los canalones.
Me acuerdo de cómo mi padre salía bajo el aguacero con una chaqueta cubriendo su cabeza, para abrir el paso hasta su interior.
Recuerdo el sonido del agua cayendo dentro, el eco que se escuchaba desde el otro lado.
Cae la lluvia, y el aljibe siempre me recuerda a mi padre.

INTERVENCIÓN

Toda ciencia se basa en una creencia en torno a la cual crea sus paradigmas. Cuando somos dependientes unos de otros hasta el punto en que podríamos considerarnos un solo organismo en el cual nuestras ideas fluctúan pero los canales permanecen. Como el sonido de una campana que sigue más allá de donde podemos seguirlo, lo que hacemos hoy tendrá consecuencias, más sólo perdurará si es parte de la verdad que nos hace humanos. No vinimos del polvo, sino del agua. Imbuida de luz. Que elige expresarse a través del amor. Así es. O podría ser. Si así lo creyeras.

ENTRÓPICO

Nada más girarme, la vi. Entre todas las moléculas de hidrógeno sólo estaba ella. Un sueño hecho de electrones, y se dirigía hacia mí. Si no me hubiera sentido siempre como media molécula de oxígeno, me hubiera acercado hacia ella, pero pertenecíamos a familias distintas. La nuestra era una reacción imposible. Nunca había ocurrido. Y nunca ocurriría. Y aún así, ahí estaba. Cuando, de alguna manera sintió mi predisposición y retrocedió. Arrastrándome tras ella. Ya no imaginaba mi existencia solo. Gentilmente, la alcancé. Nuestros orbitales se tocaron. Y me desvanecí en doscientos cuarenta y dos kilojulios de ensueño. Juntos.

APOTEOSIS

Desde la orilla del conocimiento podía contemplar el vasto océano de la imaginación, recorrido por olas de lo que había sido y de lo que podía ser. Fuente y guardián de la vida. Preguntándose si había alguien, al otro lado del tiempo, viviendo en un mundo completamente diferente, que no era sino el mismo visto a través de una diferente mirada. Las múltiples facetas de una única realidad, invisibles en su concepción holográfica a lo definible. Ápeiron de la existencia y del destino cíclico de la renovación hacia el entramado de lo trascendente. Todo en una gota de agua.

Orquesta de cuerdas

La música no le dejaba dormir. La misma melodía interpretada por un cuarteto de cuerda chirriaba incesantemente, sin parar. Las mismas notas, la misma salmodia, que provenía del piso de arriba, resonaba en todo el edificio.

Finalmente, subió. Quería silencio, quietud. El vecino le abrió la puerta, le ofreció un café. Parecía amable.

De repente despertó, aterrado, estaba colgando del techo con una cuerda atada al cuello. Erecto y vibrante se tambaleaba generando una frecuencia monótona. No era el único, había cuatro cadáveres más.

Cerebros masculinxs, cerebros femeninxs

Un espermatozoide de mi padre, que cargaba con un cromosoma sexual «Y», determinó que yo fuera varón.
La testosterona que mis testículos secretaron, desde que estaba en el vientre de mi madre, determinó que yo fuera varón.
El ambiente físico y cultural, en el que crecí y me desarrollé, determinó que yo fuera varón.
Con tanta determinación a cuestas es difícil salirse de la norma.
Afortunadamente mi cerebro conoce poco de determinismos.
Así que respiré tranquila, besé y abracé a mi compañero y sonreí feliz de saber que nada está determinado en la vida.

La chica del laboratorio

Microdisector. Citómetro. Ósmosis. Linfático. Cigoto. Alguna me viene de ojo, porque de algo me tuvieron que servir esos dos años de Latín en el instituto. Pero, ¿qué hice yo mal? ¿En qué momento aparqué esa vida tranquila de hombre de letras y pasé a convivir con la semántica científica? Yo era feliz con mis sinergias, mis bicocas, esas cositas con las que se me llenaba la boca en las conversaciones de barra de bar. Ahora mi vida parece un capítulo en bucle del spin-off de El Comisario centrado en el laboratorio de la Policía Científica. Debió ser por ella…