Microrrelatos 2015
En medio renglón
CO2 + H2O <—> H2CO3 <—> H+ + HCO3-
¿Lo ven? La vida es simple.
LOS TUKUMIKA
—Supongo que has oído hablar de la tribu de los Tukumika
—¡Claro!
—¿Y no crees que fueron los primeros científicos? Porque ellos plantearon la acuosificación esférica de las partículas magnéticas que se encuentran en el óxido de dihidrógeno. Y gracias a esto, han logrado obtener del agua del cuerpo humano, un combustible que permitirá seguir saciando nuestras necesidades energéticas, ¿qué te pareció cuando lo leíste el mes pasado en Science?
—Pues… me emocioné…
—Jajajajajajajaja, tú no eres científica, ¿verdad?
—Capullo
Anna nunca volvió a una fiesta de la Facultad de Ciencias a intentar ligar. Jim sigue sin pareja.
Jóvenes elegantes
¡Añorada juventud!
Desde mi sillón, con las piernas reposando sobre un gran escabel almohadillado, diariamente sigo el Tiempo.
Los satélites lanzan imágenes de anticiclones, isobaras, sistemas frontales, vientos, marejadas, altas o bajas presiones… ¡Bien! Pero, según cómo crujen y duelen mis rodillas, sé que pronto jarreará.
«Mañana, chubasquero.»
Aprendo geografía. Contemplo fotografías fascinantes. ¡Qué elegancia al mostrarlas! Sin embargo, si protestan mis cicatrices, increpo tontamente al televisor: ¿No ves que cambia el tiempo?
«Esta noche, manta adicional.»
Aunque reconozco que… bendita tecnología, tan necesaria: Intenta adelantarnos previsiones meteorológicas mientras alivia eficazmente nuestros dolores.
¡Os seguiré escuchando, jóvenes elegantes! ¡Buenas noches!
El largo camino a casa
SOS para que nadie me salve
Un debate interminable
—Esa teoría de los Universos Paralelos, menuda estupidez,— afirmó el Doctor Everett, arrellanándose un poco más en la butaca de cuero.
—No estoy de acuerdo en absoluto, Everett— respondió el Doctor Menninger, preparándose para lo que sabía era el preludio de una de sus interminables discusiones.
—Esa teoría de los Universos Paralelos, menuda estupidez,— afirmó el Doctor Everett, arrellanándose un poco más en la butaca de cuero.
—No estoy de acuerdo en absoluto, Everett— respondió el Doctor Menninger, preparándose para lo que sabía era el preludio de una de sus interminables discusiones.
Anillo
Cuando el último de los policías hubo desaparecido en el interior del coche, el hombre de la gabardina se adentró en el portal. Cruzó la cinta amarilla y atravesó el pasillo inundado por un revoltijo de cajones vacíos y cojines destripados. Llegó frente al congelador abierto. Extrajo con delicadeza uno de los hielos de la cubitera y esperó pacientemente.
Qué sabe nadie
El pájaro bebedor.
Había aparecido muerto en la jaula de Faraday. En la alfombra, unas palabras escritas con cloruro de metileno rojo: “Golondrina, golondrina, pequeña golondrina”.
El gato de Schrödinger, capturado en los alrededores, no declaró sobre sus movimientos, acogiéndose al principio de incertidumbre. Tampoco ayudaban los chistes malos del agente Newton (“Inspector, en la Luna el problema tendría menos gravedad…”). Nada.
Falto de ideas, volví al escenario. Reparé en unos trocitos de metal gris. Se me ocurrió ensamblarlos: formaban un corazón minúsculo, como de gorrión.
Una dulce pajarita de papel contemplaba la escena. Derramó, exactamente, dos lagrimitas de celulosa.
Orígenes
Cada tarde, K y yo salíamos a recorrer la isla. Aquel día, un viento hiriente me obligó a inclinar la cabeza y cobijar la mirada en la arena, lejos de K. Bajo mis pies, las olas dibujaban vientos cósmicos, agujeros negros, astros en colisión, lluvias de meteoritos, ríos de lava, placas continentales, derivas y, sobre ellas, mesetas, desiertos, grietas, el pueblo en que nací, la ruta 66 y aquel bar de Manhattan, “El diluvio”, donde nos vimos por primera vez.
–¿Aún me quieres?– dijo K, pisando mis huellas.
Cuando abrí la boca, una gota de lluvia cayó en mi lengua.
Entre el mar y el cielo
Ella lo miraba todos los días, desde el alba hasta el atardecer, cuando poco a poco se alejaba. Para él, su encanto y pureza eran únicos, aunque estuviera rodeada de tantas similares a ella.
Entre el mar y el cielo nació así el deseo de una cristalina gota de agua y de un resplandeciente rayo de sol de estar juntos; él la llamó con una cálida caricia, y ella ascendió ligera a su encuentro. Sonrieron, y al tocarse, dieron paso a un hermoso vapor que, a pesar de los cambios, recorrió los cielos y jamás se separó.
Fui agua
Una noche oscura y muda, al recién despertar, noté que por el frío me empezaba a condensar, que mi cuerpo ya pesaba y empezaba a caer, e iba pasando sin quererlo a formar parte del suelo.
Y tras la precipitación, me sentí mucho mejor, era un líquido tibio y nuevo con algunos microbios; se notaba en cualquier caso, que era agua de manantial, con carbonato sódico y uno que otro mineral.
Agua. Oxígeno, sin Nitrógeno ni Argón, sino Hidrógeno. Con la forma del recipiente que me contiene, pero sin color, ni olor ni sabor. Y fui agua, que fluyó.
La molécula de agua
En la existencia.
El agua, fuente de progreso
NAUTILUS
Creo que has resuelto perfectamente los datos técnicos de la nave. Como que tenga dos cascos, que se propulse por electricidad gracias a las baterías de sodio (captado del mar), un espolón triangular con el que derribar barcos… Sólo hay algo que no acabo de ver claro: el método de evaporación para conseguir el agua potable.
Te lo digo como amigo, no como tu editor, Julio, dale una vuelta a esa idea y reescríbela.
EXPLOSIÓN INTERNA
Frustración
Corrió como la pólvora hasta mi posición con la probeta. Dejé cuanto yo hacía y me incorporé para observarle con claridad. No quería creerlo. Lo había perdido todo.
—Apaga la música— me susurró como invitándome a no hacerlo. La melodía de Satie envolvía melosa en su salsa este fracaso.
Estalló de ira por dentro. Mas no pronunció una palabra. Me miró y cogió aire con fuerza. Lo soltó despacio, lentamente, con intensidad mantenida y constante, leve… y dejó escapar una lágrima que resbaló por la mejilla quedando atrapada en su espesa barba negra.
Nada. Lo había perdido todo.
Fenómenos aleatorios
Mi padre, brillante matemático, sigue la estadística a pies juntillas. Todo para él es cuantificable, y no iba a ser menos su propia vida. Por ejemplo ¿qué probabilidad había de que yo fuera niña? Un 50% ¿y de qué eso le hiciera feliz? Un 15%.
Al hacerme matemática, y tener éxito en mis estudios, nuestra relación cambió; sintiéndose un 75% más cerca de mí. Cuando me casé la cifra bajó al 10%. Y en el presente cuyo único nieto lleva su nombre, Alan, su amor hacia nosotros es del 100%.
El Corpus Hypercubus
Ahí estaba, delante de él.
Esa obra era pura ciencia, estrechamente ligada al noble arte de pintar.
Acudí a la galería porque necesitaba verlo ante mis ojos. Ya no me bastaba la teoría o las imágenes en los libros.
El Corpus Hypercubus.
No era muy conocido, que una de las líneas creativas que más utilizó Salvador Dalí, fue la de las ciencias. Pintó obras que expresaban los últimos descubrimientos sobre la desintegración atómica, la mecánica cuántica, la teoría de la relatividad o la representación matemática de la cuarta dimensión.
Mágico pincel.
¡El alma científica del arte!
La científica olvidada
Era fácil olvidar que Lise sólo tenía nueve años. No levantaba metro y medio del suelo y usaba gafas gruesas que le daban cierto aire de anciana, pero era más inteligente que el resto de sus familiares juntos. Su mayor pasión eran los dinosaurios, que poblaban su dormitorio como dibujos o réplicas, pero también le fascinaban temas tan dispares como la teoría celular o la proporción áurea.
Esta niña prodigio crecería para convertirse en una de las más grandes (y más olvidadas) científicas de la Historia: Lise Meitner, descubridora de la fisión nuclear, cuyo nombre -desgraciadamente- pocos han oído mencionar.
Cross country
EN LA ERA DE LAS COMUNICACIONES
NOTICIA POSTRERA
EL DESPERTAR
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