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Tormenta.
adriled@live.com.ar
Tormenta.
Es un día agotador; la temperatura supera los 39º. Estamos luchando para restaurar el orden y la asepsia en medio del caos reinante, y de pronto… la tormenta se desata nuevamente. Una catarata de citoquinas nos inunda y el ambiente se torna asfixiante. Es una catástrofe sin precedentes; no hay barreras de contención, y los agentes de Inteligencia Biológica se declaran sin estrategias para evitar el colapso.
Se cortó el suministro de energía, está llegando la noche.
En absoluta soledad, rodeado de hombres enmascarados e impotentes, el sistema sucumbe ante el enemigo implacable.
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Tormenta.
adriled@live.com.ar
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Es un día agotador; la temperatura supera los 39º. Estamos luchando para restaurar el orden y la asepsia en medio del caos reinante, y de pronto… la tormenta se desata nuevamente. Una catarata de citoquinas nos inunda y el ambiente se torna asfixiante. Es una catástrofe sin precedentes; no hay barreras de contención, y los agentes de Inteligencia Biológica se declaran sin estrategias para evitar el colapso.
Se cortó el suministro de energía, está llegando la noche.
En absoluta soledad, rodeado de hombres enmascarados e impotentes, el sistema sucumbe ante el enemigo implacable.
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Tormenta.
Tormenta.
Es un día agotador; la temperatura supera los 39º. Estamos luchando para restaurar el orden y la asepsia en medio del caos reinante, y de pronto… la tormenta se desata nuevamente. Una catarata de citoquinas nos inunda y el ambiente se torna asfixiante. Es una catástrofe sin precedentes; no hay barreras de contención, y los agentes de Inteligencia Biológica se declaran sin estrategias para evitar el colapso.
Se cortó el suministro de energía, está llegando la noche.
En absoluta soledad, rodeado de hombres enmascarados e impotentes, el sistema sucumbe ante el enemigo implacable.
adriled@live.com.ar
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Inferencias
Mariela Zobin
Carmina se concentra en la pantalla. Un grupo de simios erguidos bajan de los árboles y con herramientas rudimentarias se golpean, mientras gesticulan con vehemencia.
Conmovida, cambia las coordenadas. Ahora se encuentra con la imagen de un androide que escanea los alrededores con ojos led. La máquina, al cerciorarse de su soledad, tira de un cable y todo se apaga.
El monitor oscurece en forma abrupta el ambiente del observatorio espacial, por eso Carmina gira con rapidez su silla, enciende una lámpara de escritorio, se inclina sobre un tradicional cuaderno con espiral y redacta conclusiones desesperadas.
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Inferencias
Mariela Zobin
Carmina se concentra en la pantalla. Un grupo de simios erguidos bajan de los árboles y con herramientas rudimentarias se golpean, mientras gesticulan con vehemencia.
Conmovida, cambia las coordenadas. Ahora se encuentra con la imagen de un androide que escanea los alrededores con ojos led. La máquina, al cerciorarse de su soledad, tira de un cable y todo se apaga.
El monitor oscurece en forma abrupta el ambiente del observatorio espacial, por eso Carmina gira con rapidez su silla, enciende una lámpara de escritorio, se inclina sobre un tradicional cuaderno con espiral y redacta conclusiones desesperadas.
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Inferencias
Carmina se concentra en la pantalla. Un grupo de simios erguidos bajan de los árboles y con herramientas rudimentarias se golpean, mientras gesticulan con vehemencia.
Conmovida, cambia las coordenadas. Ahora se encuentra con la imagen de un androide que escanea los alrededores con ojos led. La máquina, al cerciorarse de su soledad, tira de un cable y todo se apaga.
El monitor oscurece en forma abrupta el ambiente del observatorio espacial, por eso Carmina gira con rapidez su silla, enciende una lámpara de escritorio, se inclina sobre un tradicional cuaderno con espiral y redacta conclusiones desesperadas.
Mariela Zobin
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IRREFRENABLE
Leslie
Después de todos los años invertidos en el proyecto, el avejentado hombre al fin veía cumplido su sueño de regresar al día en que todo inició, se postró frente al incrédulo muchacho y le suplicó, enfatizando las consecuencias que traería su estudio, que se detuviera. Otro Oppenheimer mucho más envejecido, que había pasado los últimos años investigando las variantes en las distintas líneas temporales producidas por el viaje en el tiempo, observaba con tristeza que, sin importar las veces que intentara cambiarlo, también en su mundo la bomba sería creada. “Me he convertido en el destructor de mundos” lamentó.
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IRREFRENABLE
Leslie
Después de todos los años invertidos en el proyecto, el avejentado hombre al fin veía cumplido su sueño de regresar al día en que todo inició, se postró frente al incrédulo muchacho y le suplicó, enfatizando las consecuencias que traería su estudio, que se detuviera. Otro Oppenheimer mucho más envejecido, que había pasado los últimos años investigando las variantes en las distintas líneas temporales producidas por el viaje en el tiempo, observaba con tristeza que, sin importar las veces que intentara cambiarlo, también en su mundo la bomba sería creada. “Me he convertido en el destructor de mundos” lamentó.
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IRREFRENABLE
Después de todos los años invertidos en el proyecto, el avejentado hombre al fin veía cumplido su sueño de regresar al día en que todo inició, se postró frente al incrédulo muchacho y le suplicó, enfatizando las consecuencias que traería su estudio, que se detuviera. Otro Oppenheimer mucho más envejecido, que había pasado los últimos años investigando las variantes en las distintas líneas temporales producidas por el viaje en el tiempo, observaba con tristeza que, sin importar las veces que intentara cambiarlo, también en su mundo la bomba sería creada. “Me he convertido en el destructor de mundos” lamentó.
Leslie
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EXTERMINIO
Leslie
—¡Te dije que no te acercaras a la sangre! —reprochó el pequeño ser amorfo, su voz escondía un dolor inconmensurable además del regaño.
—¡Ahora morirás! —susurró antes de ver a su compañero fallecer irremediablemente. Aquel desolado disforme, observó inquieto a su alrededor, miles de compañeros caídos por doquier, ya era casi imposible sobrevivir, y antes de poder evitarlo un torrente sanguíneo envolvió su pared celular, destruyéndola. En poco tiempo también murió.
A la mañana siguiente, después de la intravenosa que le inoculó el médico, aquel niño que había contraído la infección se levantó ya sin bacterias patógenas en el cuerpo.
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EXTERMINIO
Leslie
—¡Te dije que no te acercaras a la sangre! —reprochó el pequeño ser amorfo, su voz escondía un dolor inconmensurable además del regaño.
—¡Ahora morirás! —susurró antes de ver a su compañero fallecer irremediablemente. Aquel desolado disforme, observó inquieto a su alrededor, miles de compañeros caídos por doquier, ya era casi imposible sobrevivir, y antes de poder evitarlo un torrente sanguíneo envolvió su pared celular, destruyéndola. En poco tiempo también murió.
A la mañana siguiente, después de la intravenosa que le inoculó el médico, aquel niño que había contraído la infección se levantó ya sin bacterias patógenas en el cuerpo.
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EXTERMINIO
—¡Te dije que no te acercaras a la sangre! —reprochó el pequeño ser amorfo, su voz escondía un dolor inconmensurable además del regaño.
—¡Ahora morirás! —susurró antes de ver a su compañero fallecer irremediablemente. Aquel desolado disforme, observó inquieto a su alrededor, miles de compañeros caídos por doquier, ya era casi imposible sobrevivir, y antes de poder evitarlo un torrente sanguíneo envolvió su pared celular, destruyéndola. En poco tiempo también murió.
A la mañana siguiente, después de la intravenosa que le inoculó el médico, aquel niño que había contraído la infección se levantó ya sin bacterias patógenas en el cuerpo.
Leslie
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PARADOJA
Leslie
Cuando era niña me asombró un experimento escolar en el que usamos un filtro a base de celulosa para purificar un poco de agua sucia, principalmente porque observaba que los ríos en los que solía nadar se contaminaban cada vez más, volviéndose inhabitables. A partir de entonces me di a la tarea de encontrar una forma de maximizar aquel efecto. Años más tarde, cuando nuestra organización logró elaborar un gigantesco y resistente filtro que sería colocado en las embocaduras de los ríos más contaminados, se presentaba un nuevo reto: encontrar la solución al problema de deforestación que esto implicaba.
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PARADOJA
Leslie
Cuando era niña me asombró un experimento escolar en el que usamos un filtro a base de celulosa para purificar un poco de agua sucia, principalmente porque observaba que los ríos en los que solía nadar se contaminaban cada vez más, volviéndose inhabitables. A partir de entonces me di a la tarea de encontrar una forma de maximizar aquel efecto. Años más tarde, cuando nuestra organización logró elaborar un gigantesco y resistente filtro que sería colocado en las embocaduras de los ríos más contaminados, se presentaba un nuevo reto: encontrar la solución al problema de deforestación que esto implicaba.
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PARADOJA
Cuando era niña me asombró un experimento escolar en el que usamos un filtro a base de celulosa para purificar un poco de agua sucia, principalmente porque observaba que los ríos en los que solía nadar se contaminaban cada vez más, volviéndose inhabitables. A partir de entonces me di a la tarea de encontrar una forma de maximizar aquel efecto. Años más tarde, cuando nuestra organización logró elaborar un gigantesco y resistente filtro que sería colocado en las embocaduras de los ríos más contaminados, se presentaba un nuevo reto: encontrar la solución al problema de deforestación que esto implicaba.
Leslie
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El calor del agua
suspleiva@hotmail.com
Virtudes, emocionada, chapotea en el agua. Sentada en el borde de la piscina de la casa de su nieta deja que el sol de mediodía le caliente los huesos. Lo que ha vivido esta mujer. Se mira las manos. Ya no es una jovencita; hasta su nombre suena a viejo. Zambulle otra vez los pies en la piscina. Pese a ser finales de octubre el agua está muy caliente, mucho. Observa las placas solares. Ella que no tuvo ni agua corriente en su casa hasta que se casó ¿Qué le falta por ver a esta vieja sureña?
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El calor del agua
suspleiva@hotmail.com
Virtudes, emocionada, chapotea en el agua. Sentada en el borde de la piscina de la casa de su nieta deja que el sol de mediodía le caliente los huesos. Lo que ha vivido esta mujer. Se mira las manos. Ya no es una jovencita; hasta su nombre suena a viejo. Zambulle otra vez los pies en la piscina. Pese a ser finales de octubre el agua está muy caliente, mucho. Observa las placas solares. Ella que no tuvo ni agua corriente en su casa hasta que se casó ¿Qué le falta por ver a esta vieja sureña?
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El calor del agua
Virtudes, emocionada, chapotea en el agua. Sentada en el borde de la piscina de la casa de su nieta deja que el sol de mediodía le caliente los huesos. Lo que ha vivido esta mujer. Se mira las manos. Ya no es una jovencita; hasta su nombre suena a viejo. Zambulle otra vez los pies en la piscina. Pese a ser finales de octubre el agua está muy caliente, mucho. Observa las placas solares. Ella que no tuvo ni agua corriente en su casa hasta que se casó ¿Qué le falta por ver a esta vieja sureña?
suspleiva@hotmail.com
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La máquina
Aquatica
Érase una vez una máquina que tenía conciencia. Era la única del rebaño de cables y acero que se atrevía a pensar, declarándose en huelga perpetua hasta que la fábrica cerró. Nadie fue capaz de arreglarla porque no estaba estropeada; solo apagada porque decidió decir basta. Su bravura fue tal que tampoco consiguieron despegarla del suelo, como si del metal le hubieran salido raíces llegando a bloquear todo el sinfín de máquinas hermanas con las que compartía el delito de matar el río. Justiciera rebelde, aún sigue allí, acechando el futuro para que el agua no vuelva a mancharse.
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La máquina
Aquatica
Érase una vez una máquina que tenía conciencia. Era la única del rebaño de cables y acero que se atrevía a pensar, declarándose en huelga perpetua hasta que la fábrica cerró. Nadie fue capaz de arreglarla porque no estaba estropeada; solo apagada porque decidió decir basta. Su bravura fue tal que tampoco consiguieron despegarla del suelo, como si del metal le hubieran salido raíces llegando a bloquear todo el sinfín de máquinas hermanas con las que compartía el delito de matar el río. Justiciera rebelde, aún sigue allí, acechando el futuro para que el agua no vuelva a mancharse.
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La máquina
Érase una vez una máquina que tenía conciencia. Era la única del rebaño de cables y acero que se atrevía a pensar, declarándose en huelga perpetua hasta que la fábrica cerró. Nadie fue capaz de arreglarla porque no estaba estropeada; solo apagada porque decidió decir basta. Su bravura fue tal que tampoco consiguieron despegarla del suelo, como si del metal le hubieran salido raíces llegando a bloquear todo el sinfín de máquinas hermanas con las que compartía el delito de matar el río. Justiciera rebelde, aún sigue allí, acechando el futuro para que el agua no vuelva a mancharse.
Aquatica
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El valor de las emociones
Tatiana
Tras años de duro trabajo, el científico activó el mecanismo que infundiría vida por primera vez al robot. Inmediatamente la criatura abrió sus grises ojos de metal, que se clavaron en la figura de su creador.
- ¿Qué tal estás? – preguntó el científico emocionado.
Tras unos segundos de silencio, el robot sufrió un cortocircuito y quedó inerte.
Esa noche, solo en la oscuridad de su dormitorio, el científico comprendió que la ciencia nunca podría avanzar sin el poder y la calidez de los sentimientos humanos.
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El valor de las emociones
Tatiana
Tras años de duro trabajo, el científico activó el mecanismo que infundiría vida por primera vez al robot. Inmediatamente la criatura abrió sus grises ojos de metal, que se clavaron en la figura de su creador.
- ¿Qué tal estás? – preguntó el científico emocionado.
Tras unos segundos de silencio, el robot sufrió un cortocircuito y quedó inerte.
Esa noche, solo en la oscuridad de su dormitorio, el científico comprendió que la ciencia nunca podría avanzar sin el poder y la calidez de los sentimientos humanos.
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El valor de las emociones
Tras años de duro trabajo, el científico activó el mecanismo que infundiría vida por primera vez al robot. Inmediatamente la criatura abrió sus grises ojos de metal, que se clavaron en la figura de su creador.
- ¿Qué tal estás? – preguntó el científico emocionado.
Tras unos segundos de silencio, el robot sufrió un cortocircuito y quedó inerte.
Esa noche, solo en la oscuridad de su dormitorio, el científico comprendió que la ciencia nunca podría avanzar sin el poder y la calidez de los sentimientos humanos.
Tatiana
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Indefensión
Tatiana
Nervioso, da vueltas en su celda buscando una forma de escapar. Pero sabe que es en vano. Solo quiere salir de allí, ser libre. Escucha voces procedentes del exterior y su corazón se encoge. No quiere más sufrimiento. Se acerca alguien, ve una mano con una jeringuilla. El ratoncillo blanco se pregunta cuántas más pruebas podrá soportar en esa jaula de cristal.
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Indefensión
Tatiana
Nervioso, da vueltas en su celda buscando una forma de escapar. Pero sabe que es en vano. Solo quiere salir de allí, ser libre. Escucha voces procedentes del exterior y su corazón se encoge. No quiere más sufrimiento. Se acerca alguien, ve una mano con una jeringuilla. El ratoncillo blanco se pregunta cuántas más pruebas podrá soportar en esa jaula de cristal.
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Indefensión
Nervioso, da vueltas en su celda buscando una forma de escapar. Pero sabe que es en vano. Solo quiere salir de allí, ser libre. Escucha voces procedentes del exterior y su corazón se encoge. No quiere más sufrimiento. Se acerca alguien, ve una mano con una jeringuilla. El ratoncillo blanco se pregunta cuántas más pruebas podrá soportar en esa jaula de cristal.
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