Por primera vez en el salón de clases tenía frente a sí una nave exploradora, comienzan las instrucciones: —¡Enciendan la nave, posición erguida, ojos a los lentes oculares y manos al controlador macrométrico!
Con el corazón acelerado logra escuchar, —¡Despegue!— Girando el botón macrométrico comienza a traspasar las fronteras de lo invisible, llega a una zona en movimiento, visión borrosa y dice: —¡Hay turbidez!
Luego de una pausa, escucha tenuemente nuevas instrucciones —Cambia de objetivo, mano al controlador micrométrico!— Cumplidas las instrucciones todo se detiene hasta que puede comunicarse.
—¡LO VEO!— Aquí comienza la historia.