En un humedal de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que vivía un pato Colorado.
Era un gran buceador, muy distinguido, y de gran tamaño; le gustaba ponerse sus mejores galas, vistiendo un maravilloso e inconfundible plumaje nupcial en la época de cría durante la primavera. Un día conoció a Netta Rufina, muy discreta ella.
En invierno paseaban por las aguas del lugar.
Fueron felices en su hábitat palustre, donde por suerte eran una preocupación menor, ya que gozaban de un buen estado de conservación a pesar de la escasez de las aguas.
FIN.