Reverberaciones
El mundo entraba por la ventana. Pero no era el mundo, sino su reflejo. Él continuaba afuera. Y había otro. Un mundo adentro, el que formaban los reflejos y las leyes propias de la intimidad.
Cuando salíamos, los reverberaciones de ese pequeño universo también huían por ventanas y portales. Ambas imágenes se retroalimentaban de manera dialéctica.
Sin embargo ahora, confinados, los reflejos externos pierden nitidez y se diluyen en el rumiar de los días. Los internos también; agonizan en el quicio de la puerta.
Cuando esto termine, no seremos los mismos. Tampoco nuestros mundos.