Kliffdeen miró a través de la ventanilla de la nave y bufó. Eran ya demasiados viajes interestelares como para que aquella visión le emocionara.
- El Sistema Solar, ¡bah! – gruñó
Nunca le había gustado el Sistema Solar. Su estrella no era gran cosa, únicamente había ocho (¿o eran nueve?, siempre lo olvidaba) planetas… ¡y solo cinco estaban habitados! ¡Una cutrez!
Se cruzó de extremidades, esperando órdenes. La gran mancha rojiza de Júpiter le devolvió la mirada y Kliffdeen se revolvió inquieto. Por fin, el capitán ordenó retirada y pudo respirar tranquilo. Sí, definitivamente había algo raro en aquel lugar…