Durante una noche húmeda y fría, me acomodo silenciosa cerca de una charca a escuchar los cantos que vienen del agua.
Coros llenos de energía, que anuncian la llegada de la lluvia y la temporada de conseguirse a una hembra con quién poder transmitir sus genes una generación más.
Observó atenta, como uno de ellos inhala vigoroso a través de sus narinas expandiendo sus pulmones, para después inflar con fuerza un globo escondido debajo de la boca. Vibrando repetidamente, se escucha un ensordecedor y romántico sonido capaz de viajar por centenares de metros, sin siquiera verlo abrir la boca.