Y con garbo el amigable amblipigio recorría la pared, hasta que se encontró con una viuda negra y una tarántula que estaban discutiendo:
-¡Nosotros los migalomorfos somos el mejor suborden de arácnidos que hay!- dijo la tarántula con jactanciosa convicción.
-¡No es cierto, nosotros los araneomorfos somos el mejor suborden de arácnidos qué hay!- respondiole la viuda negra con garbo.
-¿Qué eres tú?- díjole la tarántula al jovial amblipigio.
-¡Soy una araña como ustedes!- respondiole el amblipigio con júbilo.
-No, no tienes fauces. Tú no eres araña; eres de los aracnoides.
-Mmm, estoy muy seguro que no soy una meninge...