¿Los volcanes se reactivan por la crisis climática?

Cuando el mar se seca, ¿los volcanes pueden despertar? Según un estudio reciente, parece que sí, que los volcanes podrían reactivarse debido a las consecuencias del cambio climático como el aumento de temperatura.

Hasta el momento, se sabía que la actividad volcánica tenía un impacto sobre el clima. Ahora se ha conocido la posibilidad de que también pueda producirse a la inversa. Un estudio de Nature ha demostrado que el clima o, mejor dicho, el cambio climático, esté afectando a los volcanes.

Estudio de la actividad volcánica

Un estudio reciente publicado en Nature ha mostrado una investigación basada en el análisis de datos volcánicos durante el período de la Messinia, esto es, de hace más de cinco millones de años. Entonces, el Estrecho de Gibraltar estaba sellado y el Mediterráneo era, en realidad, una suerte de lago separado del Atlántico. Una situación de falta de agua que pudo, según un grupo de investigadores del área de geología de la Universidad de Ginebra, ser la causante de que se durante aquella época se duplicaran en esa zona las erupciones magmáticas.

La observación de ese aumento de actividad volcánica durante ese ciclo condujo a los científicos del estudio de Nature a concluir que el crecimiento de la actividad volcánica podría atribuirse, casi de manera exclusiva, al secado del mar. Así, la crisis de salinidad que es características del periodo de la Messinia, que tuvo como causa la reducción del Mediterráneo en casi dos kilómetros, fue la causante de que se generasen cambios en la presión, produciendo un considerable aumento de la actividad volcánica. El aumento del nivel del mar ocasiona que la presión cambie en las profundidades. Esto acaba afectando de manera negativa a la producción de magma. Así, a través de la erosión y la hidrología, el cambio climático puede influir en la producción de magma.

Amenaza para el ser humano

Las erupciones volcánicas representan una amenaza significativa para la civilización humana. Sin embargo, la actividad volcánica también ha proporcionado a los humanos importantes recursos. Hay muchos tipos diferentes de erupciones volcánicas y actividad asociada; erupciones freáticas (erupciones generadas por vapor), erupción explosiva de lava con alto contenido de sílice (p. Ej., Riolita), erupción efusiva de lava con bajo contenido de sílice (p. Ej., Basalto), flujos piroclásticos, lahares (flujo de escombros) y emisión de dióxido de carbono.

Todas estas actividades pueden representar un peligro para los humanos. Los terremotos, las aguas termales, las fumarolas, las ollas de barro y los géiseres suelen acompañar a la actividad volcánica. Los gases volcánicos pueden llegar a la estratosfera, donde forman aerosoles de ácido sulfúrico. Estos pueden reflejar la radiación solar y reducir significativamente las temperaturas de la superficie. El dióxido de azufre de la erupción del Huaynaputina probablemente causó la hambruna rusa de 1601-1603. Las reacciones químicas de los aerosoles de sulfato en la estratosfera también pueden dañar la capa de ozono, y ácidos como el cloruro de hidrógeno (HCl) y el fluoruro de hidrógeno (HF) pueden caer al suelo en forma de lluvia ácida.

Consecuencias de su activación

Las erupciones volcánicas explosivas liberan dióxido de carbono, un gas de efecto invernadero, y por tanto proporcionan una fuente profunda de carbono para los ciclos biogeoquímicos. Las cenizas arrojadas al aire por la actividad volcánica pueden representar un peligro para las aeronaves. Especialmente para las aeronaves a reacción, donde las partículas pueden derretirse por la alta temperatura de funcionamiento; las partículas fundidas luego se adhieren a las palas de la turbina y alteran su forma, interrumpiendo el funcionamiento de la turbina.

Esto puede causar importantes interrupciones en los viajes aéreos. Se cree que un invierno volcánico tuvo lugar hace unos 70.000 años después de la supererupción del lago Toba en la isla de Sumatra en Indonesia. Esto puede haber creado un cuello de botella en la población que afectó la herencia genética de todos los seres humanos en la actualidad.

La actividad volcánica puede haber contribuido a importantes eventos de extinción, como las extinciones masivas del final del Ordovícico, del Pérmico-Triásico y del Devónico tardío. La erupción de 1815 del Monte Tambora creó anomalías climáticas globales. El ño se conoció como el “Año sin verano” debido al efecto sobre el clima de América del Norte y Europa. El gélido invierno de 1740-1741, que provocó una hambruna generalizada en el norte de Europa, también puede deber sus orígenes a una erupción volcánica.