Sostenibilidad

#SinContaminación por Plásticos: vivir sin ellos es posible

Rechazar lo que no podemos reusar, sobre todo, si es de plástico. Esa es la invitación que nos hace Naciones Unidas en el Día Mundial del Medio Ambiente de este año. El objetivo de esta cita mundial es concienciar sobre la lucha contra la contaminación por plásticos, un producto que constituye el 10 por ciento de todos los residuos que generamos.

#SinContaminación por Plásticos es el lema con el que la ONU quiere sensibilizar a la ciudadanía sobre el gran problema al que se enfrenta la humanidad si no se para la producción masiva de plástico que ya ha saturado los sistemas de tratamiento de desechos.

Un estudio publicado en 2017 en la revista Science Advances demostraba que en el año 2015 se habían generado unos 8.300 millones de toneladas de plástico. Esta cifra equivale a lo que pesarían un millón de torres Eiffel. Si hacemos la relación con la población mundial, que en 2018 se estima en 7.500 millones de personas, a cada habitante del planeta le corresponderían unos 1.100 kilos de plástico. De ese número total de plástico generado, unos 6.300 millones de toneladas ahora son residuos, y el 79 por ciento de ellos se encuentra en vertederos o en el entorno natural.

Según la ONU, en el año 2050 los océanos tendrán más plástico que peces. Cada año, ocho millones de toneladas de plástico van a parar al mar. El 80 por ciento de la basura que acaba en el agua procede de la tierra y entre el 60 y el 90 por ciento de la basura marina está formada por polímeros plásticos.

Las bolsas de plástico: el gran problema

Uno de las causas principales de esta contaminación por plásticos es el uso masivo de bolsas de este material en nuestra vida cotidiana. En el mundo se consumen 500.000 millones de bolsas de plástico cada año. En España utilizamos anualmente 144 bolsas de plástico por persona, es decir, 6.800 millones cada año. A nivel europeo la cifra asciende a 177 por habitante, más de 100.000 millones puestas en circulación por la industria, según los datos que maneja la Comisión Europea.

El tiempo medio de utilización de cada una de estas bolsas de plástico es de 15 minutos. 8.000 millones acaban en el medio natural cada año y, según Greenpeace, solo se recicla un 7 por ciento. Esta inmensa cantidad de residuo plástico tarda en descomponerse entre 50 años y cuatro siglos.

La Unión Europea se ha marcado como objetivo que todos los plásticos sean reciclables antes del año 2030 y ha elaborado una estrategia de acción que puedes ver en esta infografía.

La contaminación por plásticos es un desafío ambiental determinante para nuestro tiempo. En los próximos 10-15 años, la producción mundial de plástico se duplicará. Para evitar el esta situación es necesario un replanteamiento completo de la forma en la que producimos, usamos y gestionamos el plástico.

En definitiva, el problema con el plástico es un problema de diseño. Nuestros sistemas de fabricación, distribución, consumo y comercio de plástico en la economía global deben cambiar. El modelo lineal de obsolescencia planificada, en el que los artículos están diseñados para desecharse inmediatamente después del uso, debe finalizar y debemos tender a una economía circularen la que el consumidor rechace lo que no se pueda reutilizar.

¿Cómo podemos luchar contra el uso masivo de plástico?

Aunque las cifras de producción y consumo de plástico son espeluznantes, existen iniciativas que contribuyen a reciclarlo de manera correcta para que sea convertido en un nuevo producto siguiendo un sistema de economía circular.

Esa es la filosofía del sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR), un modelo de reciclaje de envases de bebidas que se instauró en varios países europeos y que, a grandes rasgos, consiste en gravar envases de vidrio, plástico y latas que contengan cerveza, refresco o agua con una pequeña cantidad de dinero que sólo se recupera al devolver el envase para su reciclaje. El objetivo es doble: por un lado, evitar que miles de latas y botellas queden abandonadas en parques, playas o espacios naturales; por otro, sacar el mayor partido a todo ese material de buena calidad que los recicladores pagan a buen precio.

El éxito del sistema –que en Alemania y en otros países donde también se utiliza como Noruega, Dinamarca, Suecia o Finlandia ha conseguido tasas en el reciclaje de envases de este tipo de entre el 80 y el 98%- ha hecho que en los últimos meses varios organismos internacionales, entre ellos las Naciones Unidas o la Unión Europea, y multinacionales de la bebida como Coca-Cola o Tesco, hayan apoyado el modelo SDDR ante el enorme desafío medioambiental que supone la contaminación de los océanos. El último ha llegado del Parlamento Europeo, que en una resolución adoptada el pasado 16 de enero por 558 votos a favor y 25 en contra, instaba a la Comisión a “introducir un Sistema de Depósito global a nivel europeo para todos los envases de un solo uso”.

En España, hace años que se puso en marcha un proyecto que propone recoger el plástico vertido en el mar aguas para convertirlo en hilos de alta calidad. La fundación española Ecoalf dedicada a confeccionar ropa ecológica lanzó Upcycling The Oceans, limpiando océanos, una iniciativa a nivel mundial que comenzó en 2015, para reciclar el plástico de los océanos. Todo el plástico recogido es reciclado y transformado en hilos sintéticos de primera calidad que pueden transformarse en cualquier producto textil que lo requiera.

Foto: http://www.corresponsables.com/actualidad/ecoalf-bcorp

La ONU estima que cada milla cuadrada de océano contiene un promedio de 46.000 trozos de plástico flotantes. En forma de micro esferas, pulverizado o en piezas sólidas como vasos descartables o bolsas, así terminan los polímeros y derivados plásticos en el océano. En el medio acuático, los procesos de degradación del plástico son bastante más lentos que en la tierra, lo que agrava la situación de la contaminación en los ecosistemas oceánicos y marítimos.

Cientos de barcos pesqueros a nivel mundial se están uniendo a la iniciativa, cuyo fin es recoger la basura de los fondos marinos que a estas alturas suponen el 80 por ciento de los residuos que hay en este ambiente. España, por ejemplo, ya suma más de 160 barcos pesqueros al proyecto. Los pescadores incluso separan el plástico que queda atrapado en sus redes, para posteriormente ser reciclado.

El plástico se separa por composición y colores que se pulveriza y se funde para producir hilos sintéticos. Por ahora, el plástico usado es el Tereftalato de polietileno (PET), sin embargo, los demás tipos de polímeros son enviados a otras manufactureras para fabricar otro tipo de productos.

Desde que inició el proyecto, cientos de toneladas de residuos han sido sacados del mar y reutilizados para confeccionar ropa de la marca Ecoalf que recientemente ha iniciado su expansión internacional con sus colecciones de ropa fabricadas con tejidos que salen de plástico reciclado.

Bioplásticos degradables

El plástico que utilizamos normalmente es la tercera aplicación del petróleo más usada en el mundo. Proviene, por lo tanto, de una fuente no renovable, contaminante y no biodegradable, puesto que puede tardar hasta más de 1.000 años en descomponerse.

Como alternativa, se está impulsando el uso de bioplásticos, que consiste en conseguir polímeros naturales a partir de residuos agrícolas, celulosa o almidón de patata o maíz. Son 100% degradables, igual de resistentes y versátiles, y ya se usan en sectores como agricultura, industria textil, medicina y sobre todo en el mercado de embalajes y envases.


Foto: By F. Kesselring CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons

Por las limitaciones de estos polímeros vegetales, se han buscado otros polímeros con mejores propiedades como los ácidos polilácticos (PLA) y los polihidroxialcanoatos (PHAs). Los primeros son producidos a partir de ácido láctico polimerizado, el cual proviene de la fermentación de bacterias lácticas con almidón de maíz; y los PHAs son una clase de poliésteres bacterianos que se producen mediante la fermentación de bacterias y se obtienen después por extracción a partir de sustratos orgánicos, como carbohidratos (glucosa, sacarosa), aceites, alcoholes, ácidos orgánicos, hidrocarburos.

Según un estudio realizado por la Universidad de Utrecht, la capacidad de producción global de bioplásticos basados en materias primas renovables incrementará de 0,36 millones de toneladas en 2007 a 4,41 millones de toneladas (en un escenario optimista) o 1,47 millones de toneladas (suponiendo un escenario menos optimista) en 2020.

Atendiendo a la distribución geográfica, la producción actual de bioplásticos se lleva a cabo mayoritariamente en cuatro regiones: Asia, Sudamérica, Norteamérica y Europa, representando Europa el 18,5% de la capacidad de producción mundial.

Estos son algunos ejemplos innovadores para reemplazar al plástico por productos que cumplen las mismas funciones, pero son biodegradables y naturales:

Plástico que “cultivan” los hongos

Desde un rincón del Estado de Nueva York, en Estados Unidos, Eben Bayer produce un material a partir de la mezcla de hongos con residuos de agricultura que bien podría reemplazar el poliestireno o poliespán, un material muy común que se usa para embalajes.

La idea es sencilla: cultivar hongos, alimentándolos con los desechos de la agricultura, y moldearlos para formar todo tipo de embalajes. Según sus creadores, pueden conseguir las mismas propiedades y el mismo nivel de protección que diferentes materiales plásticos, como el poliestireno expandido, polipropileno o poliuretano.

En su planta de Green Island, cerca de Albany, un gran espacio se dedica al cultivo del hongo. En otra parte está la materia prima compuesta por los desechos biológicos de agricultura, que se obtiene en colaboración con los agricultores locales, como residuos de cáñamo o maíz. Lo importante es que tenga lignina, celulosa y alimento para los hongos.

Luego se realiza un “cultivo en 3d” con las condiciones óptimas de temperatura, humedad y cantidad de oxígeno adecuadas para que hongo crezca al igual que lo hace en el suelo de un bosque. Este proceso, dicen sus creadores, imita lo que sucede en la naturaleza, algo fundamental para el sistema de reciclaje de los bosques.

El paso final es el secado, que impide que el hongo siga creciendo, y lo que queda es un producto limpio y crujiente listo para embalar desde botellas a monitores de computadores. Una vez usado, puede reciclarse como abono, o incluso convertirse en macetas de jardín.

Vasos desechables de seda y camarones

Javier Fernández, científico de materiales de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, ha creado un material que parece plástico traslúcido normal que se obtiene de la seda y los camarones y al que han bautizado como shrilk (por shrimp y silk, que en inglés significa camarón y seda). Es un material biomimético inspirado en la piel de los insectos.

Su proyecto toma el diseño y los componentes de la concha de camarón y las combina con las proteínas de la seda en un diseño similar al de los insectos. Con esta mezcla crean un producto similar al plástico con el que quieren fabricar vasos de plástico y otros utensilios desechables, pero, en este caso, biodegradables, puesto que desaparece rápidamente e incluso puede servir como fertilizante porque para producirlo se usa nitrógeno.

Tú también puedes contribuir

Sin duda una de las formas más eficaces de luchar por un mundo #SinContaminación por plásticos es consumirlo lo menos posible. Hay diversas organizaciones y particulares que aseguran que es posible vivir sin utilizar plástico y llegar incluso a no generar residuos. Es lo que se denomina el movimiento Zero Waste.

El primero en utilizar el término Zero Waste aplicado al medioambiente fue Paul Palmer. Un químico que fundó la primera empresa llamada Zero Waste Systems Inc. (ZWS) a mediados de la década de 1970 en Oakland, California. La misión de ZWS era encontrar nuevos hogares y usos para la mayoría de los productos químicos que se fabricaban por la naciente industria de la electrónica. A partir de allí muchos se unieron a la causa. El movimiento ganó publicidad y alcanzó un pico en el periodo 1998-2002. Desde entonces ha llegado a alcanzar a muchas personas de todos los ámbitos, lo llamaron: “zero waste community” (comunidad de residuos cero).

En España, podemos encontrar buenos ejemplos: es el caso del blog Vivir sin plástico de Patri y Fer, que ayudan a buscar alternativas a los productos hechos de este material y ofrece consejos para producir la menor cantidad posible de residuos plásticos o el de las hermanas Esturirafi que nos dan 20 consejos para no contaminar con plásticos o los posts de Marion Delaporte en la web soyresponsable.es

En la Fundación Aquae también hemos querido contribuir a concienciar sobre la importancia de llevar una vida que no esté invadida por el plástico y hemos publicado nuestros consejos para utilizar menos cantidad de este nocivo material y que puedes leer aquí.

En definitiva, se trata de analizar cuánto plástico consumimos y de cuánto podemos prescindir, sustituyéndolo por otros productos que tengan un uso más prolongado en el tiempo o bien transformando los productos de plástico que hemos utilizado para seguir dándoles utilidad.

El Día Mundial del Medio Ambiente 2018 estuvo dedicado al objetivo de acabar con los plásticos. En Fundación Aquae nos unimos a esta recomendación y además preparamos esta página especial con mucho contenido interesante para aprender y compartir.