Sostenibilidad

El reciclaje sostenible y el mayor vertedero del mundo

En el centro de Accra, la capital de Ghana, hay un cementerio electrónico que tiene las dimensiones aproximadas de once campos de fútbol. Es Agbogbloshie, uno de los vertederos ilegales de basura electrónica más grandes del mundo -que no el único-.

En Agbogbloshie se calcula que puede haber alrededor de cuarenta mil toneladas de basura tecnológica procedente de Occidente, amontonando televisores, ordenadores, teclados, teléfonos móviles, baterías de todo tipo, impresoras y todo tipo de artículos electrónicos que, desechados en Occidente, son enviados allí, supuestamente, para su reciclaje y reutilización de segunda mano. Sin embargo, la ONU estima que entre el 25% y el 75% es inservible. Un vertedero que ha sido utilizado para mostrar la brecha entre países desarrollados y países no desarrollados, siendo estos el receptáculo de lo que desde Occidente no sirve.

Ahí reside el gran problema, porque tras una clasificación por tipo de elemento, se suele descuartizar o desmontar para la extracción de metales valiosos como el cobre, el aluminio, el hierro o el oro. Cuando no se pueden extraer de manera sencilla, en una gran mayoría de los casos, se eliminan mediante la quema, siendo más sencillo poder acceder de esta manera a esos metales.

Pero en ese proceso se liberan numerosas sustancias tóxicas para la salud y el medio ambiente. La ONS ha advertido que es un gran riesgo para los trabajadores, algunos de ellos menores de edad, la exposición a los gases que produce el fuego. Varios estudios han detectado la propensión de esos trabajadores al cáncer, por ejemplo, así como la posibilidad de que las toxinas se introduzcan en el cuerpo llegando incluso a la sangre.

Sin embargo, desde el año 2016, se impusieron desde el gobierno leyes contra la quema de esta chatarra electrónica y, sobre todo, se incentivaron los programas de formación para los trabajadores para encontrar nuevas formas de reciclaje que evitasen la quema y la exposición hacia esos gases tóxicos.

Aunque se trata de un proceso lento, dado que muchos trabajadores temen perder el trabajo, cada vez se han extendido más otras prácticas de eliminación de los residuos y del acceso a esos metales valiosos sin necesidad de una exposición continuada hacia la toxicidad que emana de esos fuegos. Desde entonces, en cuestión de dos años, la situación ha mejorado, sin haber desaparecido, al menos, se está imponiendo unas formas de apertura de los aparatos que permiten un trabajo con menos riesgos para la salud de los trabajadores y, por extensión, para el medio ambiente.