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Cortocircuitos hídricos creativos

14/10/2014 - Blog - Roberta Bosco y Stefano Caldana
El agua, sustancia líquida fundamental para toda forma de vida orgánica, no estuvo siempre presente en la Tierra.
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Una de las teorías más acreditadas asegura que apareció hace más de cuatro millones de años en forma de hielo, transportada por una devastadora lluvia de meteoritos que contribuyó a la formación de los océanos. Considerando que los átomos que componen la materia no se destruyen, el hidrogeno y el oxigeno que conforman nuestros mares siguen siendo los mismos que llegaron desde el espacio. Así que, si bien la vida en su esencia y nuestra procedencia continúan siendo un misterio, no es descabellado afirmar que si el 70% del cuerpo humano es agua, nuestro origen se podría definir extraterrestre.

A éste simple compuesto químico inorgánico le debemos la vida y sin embargo no le tenemos ningún respeto y seguimos ultrajando, contaminando y malgastando nuestras reservas hídricas como si fueran inagotables. De todo esto trata Nanodrizas, un proyecto del artista y comisario mexicano, pionero de los nuevos medios, Arcángel Constantini. Nanodrizas se compone de una flotilla de navíos de investigación, que se aproximan física y conceptualmente al agua de nuestro planeta con el objetivo de llamar la atención sobre la importancia de su papel en nuestras vidas.



Nanodrizas es un excelente ejemplo de arte multimedia comprometido con el medio ambiente, algo que nos gusta denominar ‘ecotecnología táctica’. El proyecto propone una solución a los problemas medioambientales locales, mediante dispositivos autónomos flotantes conectados de forma inalámbrica. Estos artefactos acuáticos, creados de forma artesanal con una deliciosa estética vintage, recogen y envían datos sobre la contaminación del agua que monitorizan en tiempo real, mientras liberan remedios bacterianos y enzimáticos in situ.

A pesar de la aparente incompatibilidad técnica entre circuitos electrónicos y elementos líquidos, no deja de extrañar la sensibilidad que la escena artísticas digital ha desarrollado alrededor de una sustancia como el agua. Lo demuestran muchas obras entre las que destaca Regar Corazonadas (Pulse Drip), una instalación interactiva, que Rafael Lozano-Hemmer, uno de los más interesantes y reputados representantes de la escena electrónica contemporánea, realizó ex profeso para Sentido y Sostenibilidad, una exposición organizada en el marco de Urdaibai Arte 2012. La obra plasma la metáfora que une los fluidos con la vida misma en una sencilla manguera reactiva, dotada de un sensor que percibe el ritmo cardiaco de quien la sujeta y emite los chorros de agua al compás de los latidos de su corazón. La manguera, que en aquella ocasión permitía regar el césped de la Torre de Madariaga, sede del Centro de Biodiversidad de Euskadi en Busturia, se plantea al mismo tiempo como un elemento lúdico y didáctico, que promueve la reflexión acerca de la conservación del patrimonio y los recursos naturales, estableciendo un paralelismo entre dos diferentes elementos líquidos portadores de vida como lo son el agua y la sangre.

La célebre frase de Isaac Newton “Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano”, nos sirve para introducir Tele-Present Water del estadounidense David Bowen, una instalación de telepresencia que traslada un fenómeno remoto a un lugar determinado, en este caso el movimiento de la superficie del mar a una sala de exposiciones.



tele-present water from david bowen on Vimeo.

La instalación, que se podrá experimentar en vivo hasta finales de octubre en la exposición Big Bang Data en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), reconstruye una superficie que reacciona en tiempo real a los movimientos de la correspondiente parcela de agua, captados por los sensores de una boya flotante, ubicada en el Océano Pacifico, a 205 millas náuticas de Honolulu. En su rigurosa frialdad, ajena a toda representación poética, Tele-Present Water se propone acercar el público a la realidad de las primeras grandes formaciones acuáticas de nuestro planeta: los océanos, imprescindibles ecosistemas inmensos y casi invisibles, que con indiferencia estamos convirtiendo en gigantescos basureros.

La artista italiana Cristina Finucci ha querido visibilizar este gravísimo fenómeno de contaminación, convirtiendo el Garbage Patch, un gran remolino de basura no biodegradable de 16 millones de kilómetros cuadrados en el Océano Pacífico, en un Estado Federal con tanto de bandera, capital (Garbandia) y constitución. Bautizado Wasteland como el poema de T.S. Eliot, el proyecto, que se inauguró con una performance en la Unesco de París, acaba de cumplir un año abriendo su primera embajada con una instalación en el Museo Maxxi de Roma.

Tal y como asegura la artista, somos a la vez víctimas y verdugos de un desastre que nos involucra a todos porque es obra de todos. Ojalá que el arte consiga obtener la reacción, que la información científica y el pensamiento racional parecen no lograr.

 

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Sobre el autor

Roberta es periodista especializada en arte contemporáneo y nuevos medios y Stefano en cultura digital. Son autores de El Arte en la Edad del Silicio, un espacio permanente dedicado al new media art en El País. Roberta es miembro habitual del jurado del Premio Diseña de Fundación Aquae.

 

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