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Bajo La Palma, explorando cuevas submarinas

21 de Abril de 2015

Volvemos a la isla de La Palma, esta vez bajo sus aguas. El mar de una isla en la primera línea de las Canarias, revitalizada por los vientos alisios y la corriente descendente del Golfo. Vigía altivo en el océano Atlántico con sus 6.500 metros de altura sobre el lecho oceánico. Con un paisaje espectacular de coladas, paredes, arcos y cuevas, testigo mudo de su vulcanismo.

Las cuevas son reducto de una fauna insólita, de delicados seres que encuentran refugio en la oscuridad permanente. Son el alma del volcán, donde el tiempo se desvanece en el olvido. Son testimonios silenciosos de la virulencia de la naturaleza en una época no tan lejana. 

Hoy son remansos de paz, donde la vida parece ajena a la actividad solar. Lo que resulta una sensación errónea: el reloj de los biorritmos sigue funcionando aún sin la luz del sol.

Si bien, no todos los seres son prisioneros de estas cavidades volcánicas, algunos las usan tan solo como un plácido y seguro lugar de descanso. Pequeños manchones de arena se convierten en solicitadas camas para las rayas mariposa o los chuchos, como denominados localmente a la pastinaca.

Aunque estos espacios son sobre todo santuarios marinos para numerosos crustáceos, especies únicas e irrepetibles, como camarones, cangrejos y, sobre todo, la reina del lugar: la langosta pintada Panulirus echinatus.

 

En la calma de estos túneles de lava petrificados se refugia de día a salvo de depredadores, y del hombre, para cambiar la oscuridad de la cueva por la oscuridad de la noche y salir en busca de su alimento: un pez dormido, carroña o algas, cualquier cosa le vale para llenar su estómago.

No son buenos momentos para esta especie que ha visto disminuir sus poblaciones mundiales, ya de por si escasas, en más de un 80%. Comparte geografía con islas del noroeste de Brasil, Cabo Verde, Ascensión y Santa Elena.

Mientras que en el archipiélago canario se restringe a las islas más occidentales, figurando tristemente en el Catálogo de Especies Amenazadas como en peligro de extinción. Algo que debe llevarnos a recapacitar en el modo de cómo estamos gestionando los recursos naturales.

Resulta muy triste una cueva sin vida, como un cofre vacío, por la inconsciencia del ser humano. Las cavidades submarinas son ecosistemas muy frágiles que amparan a unos seres únicos que no podemos permitirnos perder.     

ACERCA DEL AUTOR

Rafa Herrero Massieu
Buceador profesional, realizador y cámara submarino. Director desde 1994 de Aquawork, empresa especializada en documentales submarinos.
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