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¿Qué acciones evitan la desertificación?

15 de Junio de 2020
acciones para evitar la desertificación
Llevar a cabo acciones para evitar la desertificación es clave para acabar con este problema ambiental que afecta a alrededor del 40% de la superficie de la Tierra. En ellas viven 2.100 millones de personas, se encuentra el 50% de la ganadería mundial y el 44% de las tierras de cultivo. El 10-20% de esos 59 millones de km2 ya están severamente degradados y unos 250 millones de personas se ven directamente afectadas.

Los datos más recientes que proporciona Naciones Unidas nos advierten de que cada año se pierden 75.000 millones de toneladas de suelo fértil o que 12 millones de hectáreas se han degradado de manera irreversible, es decir, que hemos perdido la posibilidad de producir 20 millones de toneladas de cereal. Las pérdidas económicas de este desastre se estiman en unos 42.000 millones de dólares. De ahí la importancia de llevar a cabo acciones para evitar la desertificación, y por eso esta se considera uno de los tres problemas medioambientales más importantes de la actualidad –junto a la pérdida de biodiversidad y el cambio climático– y por ello tiene su propia convención mundial, adoptada en 1992.

Además, y como consecuencia del cambio climático, el problema se está agudizando, ya que aumentan las temperaturas, la frecuencia e intensidad de las sequías y se espera un clima más seco, sobre todo en el Mediterráneo. En la pasada década las tierras secas han aumentado un 0.35% y la situación parece que empeorará, puesto que los últimos cinco años han sido los más cálidos desde que contamos con registros.

Desertificación no es erosión

La desertificación es uno problema ambiental sumamente complejo y prueba de ello es que fueron necesarias varias décadas para llegar a la definición de desertificación vigente: “La desertificación es la degradación de las tierras áridas, semiáridas y subhúmedas secas como consecuencia de las variaciones climáticas y las actividades humanas”. Se pueden abordar tres aspectos que dan idea de lo resbaladizo que es este concepto.

En primer lugar es importante señalar que la definición original se refiere a land degradation y no a soil degradation. Lo primero hace referencia al territorio y a todos sus recursos y procesos ecológicos, mientras que lo segundo se centra únicamente en la degradación del suelo. Particularmente reseñable es esta confusión en España, donde desertificación y erosión han sido sinónimos durante muchos años.

acciones para evitar la desertificación

Foto: José Alfonso Calero

La segunda cuestión es establecer qué zonas están potencialmente afectadas. Para ello se utiliza el índice de aridez (IA), definido como el cociente entre la precipitación media anual y la evapotranspiración media anual. En concreto, la desertificación se refiere a las zonas en las que este índice está comprendido entre 0.05 y 0.65 dejando fuera, curiosamente, las zonas hiperáridas, aquellas en las que el IA<0.05. La razón de esta exclusión es que, supuestamente, en estas zonas no hay actividad económica, y por tanto no cumple con el requisito de “actividades humanas inadecuadas” propuesto por su definición. Sin embargo, en el híperárido viven más de 100 millones de personas y la explotación de las aguas subterráneas ha posibilitado la existencia de una agricultura intensiva en lugares impensables.

Desertificación no es avance de los desiertos

El tercer aspecto que hay que destacar, quizás el más equívoco de todos, radica en la diferenciación entre las causas de la desertificación, por más que se expliciten en su definición. La desertificación no es el avance de los desiertos. Estos son ecosistemas maduros donde hay una extraordinaria biodiversidad, considerando los paupérrimos balances hídricos a los que están sometidos. Un desierto responde únicamente a causas climáticas, mientras que para que haya desertificación es imprescindible el factor humano.

acciones para evitar la desertificación

La desertificación está muy lejos de esta concepción simplista, que considera el problema ambiental como la aridificación del territorio. Resulta clave la gestión que el ser humano hace de los recursos. Así, la desertificación no es una cuestión de mala suerte, sino de mala planificación. Igual que sucede en un accidente aéreo, donde nunca hay una causa aislada sino una secuencia de fallos, en la desertificación concurren una serie de circunstancias que incluyen factores políticos, sociales, económicos y, por supuesto, climáticos.

¿Qué podemos hacer? Acciones para evitar la desertificación

Para plantear soluciones efectivas que puedan tener garantías de éxito es necesario conocer bien cómo se interrelacionan estas fuerzas de cambio y tratar de reconducirlas por medio de acciones para evitar la desertificación, especialmente antes de que suceda. En efecto, la estrategia más efectiva es la prevención e intentar frenar este problema ambiental antes de que se superen umbrales irreversibles. Para ello es clave hacer un seguimiento de los procesos y zonas involucrados. Una vez producido el daño las soluciones son mucho más caras y no hay garantía de que funcionen.

Entre las soluciones postdesertificación está la reforestación que, además, es una buena receta contra el cambio climático. Nadie duda de que la regeneración de la cubierta vegetal protege el suelo frente a la erosión, reactiva la circulación de humedad y genera biodiversidad. Pero también es cierto que estos beneficios están determinados por el tipo de cubierta vegetal que se implante y las características del territorio. Existen numerosos estudios en los que se pone de manifiesto que los planes de reforestación a gran escala producen desequilibrios hídricos que aceleran la desertificación. En muchas zonas secas es preferible apostar por la regeneración del monte bajo y de los arbustos en lugar de implantar amplias extensiones de bosque artificial que actúan como verdaderas bombas succionadoras de agua.

La desertificación y sus soluciones son asuntos enmarañados puesto que, como todos los problemas medioambientales, afectan a diferentes estratos de los sistemas socioecológicos. Para frenar este grave problema necesitamos conciliar nuestras necesidades con las de la Naturaleza. ¿Seremos capaces?

ACERCA DEL AUTOR

Jaime Martínez Valderrama
Jaime Martínez Valderrama es Doctor Ingeniero Agrónomo por la UPM especializado en Desertificación y Cambio Global. Tiene más de 20 años de experiencia en zonas áridas de Europa meridional, África, Asia y Sudamérica. Desde 2019 es investigador postdoctoral en el Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio “Ramón Margalef”, de la Universidad de Alicante. Ha participado en más de 25 proyectos de investigación y tiene múltiples publicaciones en revistas científicas, además de varios libros, entre los que destaca Los desiertos y la desertificación.

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