Microrrelatos 2016
Experimentos con mis papás
Papá hace muchos experimentos, hay uno que son dos campanas. Las juntan y les extraen el aire así se quedan como pegadas con “súperglue” y no las pueden separar entre dos ni tres personas ni dos o tres caballos: papá dice que están llenas de vacío y a mí me cuesta creerlo, pero papá es muy listo y yo le creo. Así que con eso me basta. Mamá también hizo un volcán conmigo, lo hicimos con un bote de cristal, bicarbonato y vinagre. Hay otro experimento llamado ”rodillo anti gravitatorio”; va de un rodillo que sube solo. ¡¡¡Me encanta!!! FIN.
Ella
Ella, tan satélite de noches de insomnio y suspiros en la oscuridad, tan reflejo de la luz solar y tan dubitativa que mes a mes cambia de fase, pasando de nueva, cual recién nacida; a creciente, cual niña que sólo quiere aprender, tropezar y volver a mover mareas sin pensar en nada más; hasta lograr esa madurez de sentirse llena, plena, mujer y seguir avanzando en la vida, alcanzando ese cuarto menguante, en el que colmada de arrugas en su rostro, guarda experiencias en su corazón, como si de una reproducción de la propia vida se tratase.
Pruebas dactilográficas
Después de 36 segundos de tecleo continuado y carácter concentrado, (con repetidos jadeos apenas perceptibles y resoplidos igualmente inaudibles) vemos que abre un poco los labios para soltar una resuello de tranquilidad. Karen levanta por un momento la vista, mira a un lado, hacía lo que suponemos una ventana pequeña, por la que entra un haz de luz . La tecnología había inventado mucho mejores artilugios , pero pesar de todo, fidedigna, en lugar de un buen teclado continuaba utilizando aquella vieja antigualla.
Cómplice
Estaba allí desde siempre y luego apareció una acompañante en el día cuarto de la Creación. Un día decidieron jugar muy fuerte y también allí estaban sobreviviendo sus mundos, Carlos y sus amigos después de la detonación, quienes miraban al horizonte con brillos en los ojos.
Han sido neófitos en las aguas, pero qué importa, si no están en ellas, sino sobre ellas. Entonces aquellos dos cómplices ensimismados en sus juegos, se miraron cara a cara, levantó la Luna a la ola tan alta como pudo. Y fue cuando el agua con lloros incontenibles conoció los sueños de aquellos.
Revelación
Estaba y ha estado, pero no lo vieron. Tan grande por ocasiones se ha manifestado, choca, acaricia, brinca, moja, suena, duplica, crea, investiga (…) todavía el diccionario no conoce las infinitas acciones para incorporar. Pacientemente vio desfilar lo primitivo y lo vulgar; se estremeció bajo las pisadas del dinosaurio y hoy vuela cual pájaro sin fronteras.
En su conflicto por mostrarse, el tiempo confidente en la carrera le buscó espacio en la INTERNET,llegó y abordó las letras. -Hombres, abrid ojos es mi era, -y en gritos audibles exclamó:
– ¡Tómenme!, pero real para pasar. Ya basta de ignorarme: ¡Soy Nano!.
Juegos cifrados
—G = (m1 m2 )/r^2 –dijo Newton.
—t = 1/√(1- 〖 v〗^2/( c^2 )) –opinó Lorentz.
—E = mc^2 –respondió Einstein.
Mientras tanto Dios, en su perversidad eterna, los escucha a lo largo del tiempo y se ríe y se alaba a sí mismo por haberse ideado ese divertido juego de las leyes escondidas, para que sus ingenuas criaturas se distrajeran y en algo estuvieran ocupadas.
Comprobación científica
En el movimiento rectilíneo uniforme, las distancias que se recorren son iguales en iguales intervalos de tiempo.
Por lo tanto, la velocidad es constante. No hay aceleración.
Es un hecho: no te alcanzaré nunca.
El invento
Gritó como un poseso: ¡Ahhhhh! Sí, lo había conseguido, por fin daba con ello. Duras las jornadas experimentando, sacando un tesoro de su cabeza, pensando y pensando como nunca nadie lo había hecho. Sí, había rumores, también otros lo estaban investigando. Tenemos que hacer algo, le confiaban sus conocidos, y él se cargó a sus espaldas el procedimiento. La ciencia era eso, aplicar los conocimientos para conseguir un progreso. Cuando finalmente presentó su invento, todos quedaron maravillados, con una luz extraña en los ojos. Murió el inventor sin embargo sin darle un nombre. Aquella magia que hoy llamamos fuego.
El Tesoro (2016)
Salieron treinta a buscarlo. Regresó uno. Tambaleante, moribundo. Entró al domo y cayó arrodillado. El Magistrado lo abrazó como a un bebé.
— ¿Lo encontraron?
— Sí — dijo el hombre. El rostro iluminado, como un ángel— ¡Es lo más bello que…! Pero lo poco… tuvimos que usarlo… está muy lejos…
— ¡¿Dónde?! —Lo sacudió. Pero era tarde.
El Magistrado se levantó, exhausto. Pidió a su servil asistente que le trajera dos píldoras hidratantes. Miró en redondo a la población, que callaba. Sin hablar, fue despacio a su casa pensando que mañana prepararían la décima expedición, a buscar eso que los antiguos llamaban “agua”.
En un mar de Ciencias
Llevaba días sin comer y apenas dormía. Navegando desesperado, en océanos de silencio, el náufrago empuñaba aquella pesada bengala. Alzó con dificultad su último resquicio de esperanza, casi sin fuerzas para mantenerlo erguido. Disparó, y un sonoro chasquido dibujó ante sí un rastro de humo que cruzaba el cielo violentamente. La luz se hizo e inundó aquel horizonte que se mezclaba con las aguas salinas. Las lágrimas de alegría comenzaron a deslizarse por su rostro. Había llegado al fin a su destino, sano y salvo. Su esfuerzo ya no sería inútil, sería recordado por su hazaña: viviría eternamente.
El extrahumano
Sobre una cama yace un extraterrestre. Los estudios de ADN que le realicé concluyeron que el 98% de su código genético es idéntico al del ser humano. Entonces deduzco que los extraterrestres son en realidad humanos tecnológicamente evolucionados, humanos del futuro, que atravesaron el tiempo y el espacio, en esas naves que llamamos ovnis, para estar en nuestra era.
Me aturde la incertidumbre. Necesito corroborar con otros estudios esa hipótesis absurda, pero inesperadamente, el extraterrestre se despierta. Con telepatía, absorbe mis pensamientos, mis vivencias. Y mientras se lleva mis últimos recuerdos, una voz extraña me repite: no somos extraterrestres.
Cada día
Cada día voy al mar, al principio todo está tranquilo y de repente comienza a ponerse bravo; llegan olas y olas; todas pasan sobre mí. Las esquivo y no me hacen nada; en eso, una ola gigantesca viene y me da mucho miedo enfrentarla: me envuelve. Doy vuelta y despierto.
La gran ofensa
Se fue echando pestes por su boca, ofendida. Toda su vida se había reducido al estudio, sacrificando una juventud que nunca volvería, una posible familia y las relaciones con sus amistades. Le daba igual: todo eso no se podía comparar con la satisfacción de descifrar la verdad. Y creía que lo había conseguido. La Ciencia le había iluminado. Pero no pudo aguantar aquella conversación con aquel chico desafiante:
-¿Cómo que cuestión de Fe? -gritó en el aula.
-Sí, cuestión de Fe. ¿Por qué, si no, las nuevas teorías científicas que salen se cargan a los anteriores paradigmas?
Escribir transforma
Me sucedió igual que en otras incontables ocasiones. De pronto, en algún momento, me sorprendió una especie de alarma de aviso mental que me dijo: Hanck, escribe acerca de esto que estás experimentando. Así que, en la noche, me senté frente al computador y lo hice. Escribí acerca de las condiciones humanas que he observado en mi entorno y de cómo me parece que esas condiciones afectan la experiencia de mi vida y la de mi comunidad. Sentí que me entendí más a mí mismo y a ellos. Escribir me ayuda a cambiar, pensé. Es la ciencia de la escritura.
Vota por este microrrelato
La convocatoria cerraba a las 12 de la noche de aquel 16 de diciembre, justo cuando su experimento de persuación social empezaría a funcionar. Si la gente votaba por su microrrelato, la historia tendría un final feliz. Pero su microrrelato no era otra cosa que una invitación a votar por su microrrelato y lo más probable es que no obtuviera ningún voto. Así que si nadie votaba, comprobaría su hipótesis inicial y su experimento habría sido exitoso. Pero si mucha gente votaba solamente para demostrar que su hipótesis era falsa…
Drones
Estoy nerviosa. Salir a caminar por el monte me relaja, tanto que me despisté. Está oscureciendo y no sé qué camino tomar de regreso. Me digo: cálmate, con una llamada de móvil se resuelve mi despiste (imperdonable) ¡¡no hay cobertura!! ¿ahora qué? ¡¡ay!! caí en un enorme charco de agua, mojada, perdida, sin posibilidad de pedir ayuda, tiritando de nervios y frío. Recordé que tengo un chubasquero para emergencias. Oigo un sonido extraño, miro al cielo, pero… ¿Esto qué es? un dron ¡¡me localizó un dron!! Dio unas vueltas en círculos y se fue. Me salvó la tecnología.
Manifiesto
Fue extraño, descubrir la naturaleza genuina de las palabras encubiertas detrás de la mentira y el miedo, aunque no puedo negar que todo emprendió a tomar sentido, la misteriosa vida y la honrada muerte las abordé a distinguir con senescencia.
Al siguiente día, dejé de matar el tiempo porque conocí que era él quien me mataba, cerré el grifo del agua pretendiendo ayudar, miré al sol, y sabía que en las noches hostigaba sin pausa, corté las cadenas que me esclavizaban con un lápiz de tinta tóxica, y escribiendo recomencé a dar pasos hacia ese lugar que no es ninguno.
Bendito insomnio
Llevaba más de cinco noches sin conocer el descanso. Rendirse no estaba en su vocabulario. Comenzaba a bucear en la anatomía del cuerpo humano, así que, no se le iba a resistir aquel sencillo artefacto. Miles de bocetos nacidos de horas de observación sobre la manera de planear de los murciélagos, se extendían por el suelo.
Tomó aire, y, justo en el momento en que la nada se hizo sobre sus pies, Leonardo recordó el diseño del “Tornillo aéreo”, producto de sus múltiples noches de insomnio, mientras rebuscaba en lo laberíntico de su mente, una nueva explicación a sus preguntas…
El encuentro
Unos pies empolvados de tanto caminar, y la noche que avanza; una gota de agua salada motivada por la gravedad por su cien resbala, y el tiempo no para; rojo, naranja, verde y los pitos que llaman; se vende, se compra, se alquila, se permuta y la distancia que cansa; 1, 2, 3 su pecho lo clama; 4… 7… 8… y el tiempo hace pausa… a lo lejos él y un perro que ladra.
Mirada
Quise darle la mano y entonces me di cuenta de que no podía moverse. Su hija me miró con pena y me hizo un gesto en el que percibí todo el dolor e impotencia que le causaba la parálisis de su madre.
La miré a los ojos.
Ojos oscuros, mirando al infinito…
De pronto su mirada encontró la mía y entonces sentí su aislamiento, su cárcel interna. Ella era consciente de su invalidez y a través de su mirada oí su grito interior, su rebelión, su angustia: ¡NO PUEDO MOVERME!
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Aparté la mirada.
Enlace
AJ estaba estudiando Química, pero no podía entender el enlace iónico. Llamó a Mary y ella le explicó: «Imagina que tú y yo estamos completando un álbum de 8 cromos. Si lo completamos, obtenemos un premio. Imagina, además, que yo tengo dos cromos y tú ya has conseguido seis. Para ti, lo más sencillo es conseguir los dos que te faltan; sin embargo, para mí, es más difícil conseguir seis. Por tanto, te doy los míos, y tan contentos. Igual pasa con los electrones del oxígeno y del calcio. El calcio cede dos electrones al oxígeno y ambos quedan estables.»
Encuentros
En esa tabla periódica viven ciento dieciocho elementos. Uno de ellos, llamémosle “H”, lleva tiempo comunicándose con otro que llamaremos “O”. El intercambio de correspondencia ha dado paso a un deseo irrefrenable que les ha impulsado a planear en secreto un encuentro esta misma noche. Conocedores del horario del viejo profesor, saben que el laboratorio pronto quedará vacío.
Efectivamente, ya está abandonando el edificio cuando una combustión le hace retroceder. Sube rápidamente pero lo único que encuentra es un pequeño charco de agua. Desconcertado, comienza a secarlo sin comprender que las chispas que más calientan no suelen ser partículas encendidas.
Viaje a Ganímedes
Houston espera la inminente aparición de los tres afamados científicos TDAH. El astronauta escocés es el primero en llegar, no veo su rostro empero escucho el sonido de su gaita, lo ha vuelto a hacer. Sí, es él. Un centenar de periodistas voltean sus cuerpos, acude el segundo sabio echando pestes en un francés algo soez, parece que su coche del que salió apresurado, ha chocado contra un seto. A tres minutos de la salida del transbordador nada sabemos del profesor Antúnez. Aquí está, impaciente por subir salta precipitándose contra la astronave. Lástima, hoy no podrá viajar.
Leonardo reencarnado
El joven Leo asentó sus pies tras la línea de tiros libres. Sabía que si los alineaba perfectamente con la canasta, formaba un ángulo de 90º con el codo y extendía el brazo lanzador en un ángulo de 180º, el tiro entraría limpio. Pero falló, su equipo perdió el campeonato, y él sus deseos de llegar a la NBA. En cambio, se le metió en la cabeza la idea de fabricar un robot infalible en los tiros a canasta.
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