Microrrelatos 2016

Vida

No quiero ni el agua ni el aire, porque me matan. Amo la vida y a quien ama a nuestra madre naturaleza limpia, agradable, sana.
A quienes luchan por purificar el aire y a quienes escarban limpiando ríos y mares y siembran árboles.
Son ellos y sólo ellos, quienes merecen vivir para garantizar la vida del planeta y sus habitantes, en contravía de quienes viven a costas de nuestros recursos y a favor de sus incansables bolsillos, quienes plenos de egoísmo ignoran los derechos de sus propios hijos.
Serán recordados por su depredación y desaforada ambición, dejando como legado… muerte.

Mi enfermedad y yo

Un Día, la enfermedad que por tanto años padezco, me dijo estoy cansada de verte sufrir, llorar, quejarte por causa mía, pero te digo algo, tú también me has hecho sufrir por tantos medicamentos que tomas, no te das cuenta que me irritas más, que mi proceder normal es defenderme, y generas más tensión entre tú y yo, te invito a que juguemos limpio, me esconderé en tu cuerpo en un sitio donde te haga el menos daño, y tu evitas contrarrestarme, listo le dije, tú no has podido conmigo ni yo contigo, seamos amigo y firmemos la Paz.

Eureka

Había tardado toda su vida en demostrarlo. En el pueblo todos lo creían un loco. Tenía contundentes evidencias acerca del descubrimiento más importante de la historia de la humanidad. Se fue como polizón en un barco pesquero para darle la vuelta al mundo y demostrar que la tierra era redonda. Cuando volvió, muchos años después, la gente siguió pensando que era un demente y no le creyó. Desde ese día el descubridor de la redondez de la tierra enloqueció y ahora es el bobito del pueblo.

La máquina pensante

Mi cuerpo es esclavo de algo que lanza diferentes vectores; mi cerebro, receptáculo de gestos y ritmos mecánicos, antitéticos, grotescos y siniestros. De estas manos brotan luces y sombras; epifenómenos; acciones y reacciones sinsentido. Sonidos me retumban al oído, sin tonalidad y plenos de vacío. Soy el esquizoide del siglo XXI, el posmoderno Prometeo. Habito fuera del tiempo o muchos tiempos: repeticiones, quiebres; no soporto la continuidad y por eso zigzagueo camino a la silla eléctrica. Condenado y amarrado, veo a mi verdugo, a mi creador, estoy en una rueda. Mi cuerpo es esclavo de algo que lanza diferentes…

De bosques y peligros

La vida no es ordenada. Por más que intentemos hacerla así, a mitad de la vida morimos, nos quebramos un pie, logramos nuestros sueños o nos enloquecemos por alguien. Es muy difícil vivirla. Antes no pensaba de esta forma. Todo cambió la primera vez que me enamoré de verdad. Porque hoy descubrí el amor en un bosque lleno de peligros, donde todo parece un desorden; aun así, ahí me siento en paz.

Cosas que ya no se ven

Como por arte de magia
o por obra del demonio,
se perdieron los trebejos
que ayer eran patrimonio

Las máquinas de escribir
y hasta esas para moler,
con esta tecnología
ya no se han vuelto a ver.

Esas cartas tan hermosas
para expresar el amor,
de manera apresurada
hoy se editan con el Word.

Abrazos, cariño y besos
en telegramas se enviaban,
escribiendo abracaribes
si la plata no alcanzaba.

Radiolas y tocadiscos
y elepés de acetato,
han pasado a ser cidís
y uesebes hace rato.

Hasta esos telegramas
para acabar de ajustar,
son hoy mensajes de texto
enviados como whatsaap.

Nano-mundo

Yacía en el laboratorio de pruebas de un científico, su cuerpo inmóvil en una camilla inteligente diseñada para atender las labores de una enfermera. Fue creada por el científico para que ninguno de sus objetos de experimento «Ella» perecieran sin antes haber visto los resultados de aquello que quería probar, cualquiera pensaría por su aspecto que estaba muerta pero no era así, ella estaba viva. El científico inyectó en su cuerpo una cantidad de nano- partículas, exactas para crear un mundo dentro de ella aquel mundo que poco a poco terminaba con el cáncer que en ella se había formado.

Besos de manzana

A Don José no le gustaba eso de la tecnología.
Tenía un hijo, Alberto, al que adoraba. Una nuera, Josefina, que le hacía tomar vitaminas. Y a los mellizos, Felipe y Ángeles, a los malcriaba cada vez que podía.
El único problema eran esos aparatitos conectados a internet todo el tiempo, en la mesa a la hora del desayuno-almuerzo-cena, provocando cabezas gachas y risas ahogadas por doquier.
Hasta que Ángeles le presentó Facebook.
Se reencontró con Aida, el amor de su juventud allá por el año 60 cuando los besos eran dulces como manzanas.
Gracias a Dios por la tecnología.

Fruto prohibido

Querido conocimiento, obtenido por la fruta del mal llamada Logos que el gran Lucifer entregó a Eva y ésta a Adán nos despertó los ojos y la gran conciencia de nosotros y nuestros alrededores. Querido conocimiento, siembre anhelado, siempre temido, siempre un secreto llamado magia y fuerzas oscuras: una aberración a la humanidad. Logos nos has dado un hijo el cual fuimos cuidando y observando primero en nuestra propia evolución, en el cielo y las estrellas, en la gran y temerosa alquimia- y he aquí el presente: todo lo observamos, todo lo cuestionamos, lo mejoramos…todos somos ciencia.

La amada secuencia de Fibonacci

Era perfecta a sus 33, pero los números no daban. Por exactitud matemática, debí esperar un año para acercarme de nuevo. A sus 34, la secuencia de Fibonacci se cumplió. Después de mis ruegos aceptó intentarlo de nuevo. No me soportó y terminamos al mes. No importaba. Debía continuar con la serie que define que los dos primeros números suman el número siguiente. El 21 de mi amor anterior y el 34 de la reciente daban 55. Busco, a mis 24 años, recién graduado de ciencias exactas, una mujer que complete esa cifra. Me aterra lo que vendrá luego.

Quimeras

Ella descubrió en su camino que tenía manos para amar, silencios para llorar y sonrisas para besar. Él, en cambio descubrió que tenía cerebro para crear, manos para transformar y palabras para pensar. Ella era poesía, él era ciencia y entre los dos descubrieron que la ciencia sin pasión no era posible y el amor sin la razón no le hubiera permitido descubrir la ciencia del corazón humano.

En cien palabras

Había escrito términos relacionados con laboratorios, microcircuitos y naves espaciales, cuando una amiga me abordó.
– ¿Qué haces?
– Intento escribir un relato en cien palabras cuyo tema central sea la ciencia. ¿Me ayudas?
– ¡Escribamos un poema!
– No veo la relación entre poesía y ciencia.
– Observa este silogismo: Sin palabras no hay conocimiento. Sin conocimiento no hay ciencia. Luego, sin palabras no hay ciencia.
– ¡Ajá! ¿Y la poesía?
– Es el traje de gala de las palabras, las mismas que utiliza la ciencia. Si reordenamos las palabras de una teoría científica, creamos un bello poema. ¡Intentémoslo!
– Habrá que reordenar éstas. ¡Ya tenemos cien!

Explosión demográfica y ceguera científica

Preocupados los científicos por el crecimiento de la población mundial, pero insisten en crear vida a través de la clonación.

Mi búsqueda

Todo lo que me cautivó lo investigué y siempre el cotejo fue el mentor de mi curiosidad… amigo fui del doble ciego y el placebo… me sometí a la mesurable verificación enfrentando la frustración de lo ignoto, pero también disfruté la emoción de lo plausible… lo que ayer fuera utopía hoy es rutina por esa velocidad con la que evoluciona el conocimiento y por eso mañana todo será posible… fue gratificante este ejercicio, pero después de haber trabajado incansablemente en esa ciencia inagotable, indubitablemente he podido comprender que el aprendizaje mejor navega en las apacibles aguas de la intuición.

Y la tierra se defendió

Ya no había otra salida, era su vida o la de su enemigo más cruel. El ataque comenzó, la tierra se agitó dejando grietas insondables y nubes que oscurecieron el cielo por completo; las aguas se desbordaron cubriendo las bases enemigas, aniquilando todo. La raza humana desapareció. Los demás seres que lograron sobrevivir entendieron que era el momento del renacer sin el enemigo que tanto daño y dolor les había causado. Ese enemigo que nunca comprendió que la importancia de la inteligencia no es el poder razonar, la inteligencia es tener la capacidad de respetar. La vida inteligente triunfó.

Inmortalidad y la ciencia.

Nacer es comenzar a morir, hay un tiempo límite en nuestra vida. Pero ese miedo a morir, nos hace vivir, nos hizo evolucionar, inventar la medicina, nos hizo progresar.
Algunos le temen a la eternidad, otros a la muerte. En mi caso la eternidad estremece mis células. Nuestro paso efímero por el universo es que nos da las ganas de vivir, ¿qué sería si fuéramos inmortales? Se perdería el sentido de la vida, perdería su belleza. Quiero vivir un tiempo más prolongado, quiero deslumbrarme con los avances científicos que se avecinan y sé que la ciencia lo va lograr, pero no eternamente. Inmortales volveríamos la tierra un átomo opaco del mal.

La pesca

—¡Ya picó! — gritaron los peces emocionados. Y jalando fuertemente el sedal, descendieron al hombre al agua.

Relato epistolar

Esperé por largos meses la respuesta, la isla está lejos, y de pronto llegó como ave perdida de papel. Pensé que flotando en el mar las corrientes llevarían mis palabras con mayor velocidad, dicen que el sonido viaja más veloz por el agua y pensé de nuevo quién llegaría primero si él ave o el pez. Al final la decisión fue más sencilla de lo que estaba planeando, para mi desgracia la carta que trajo el ave estaba en blanco.

Breves líneas

Te inventé en las breves líneas de este cuento porque mi corazón estaba purulento. Aquí te vi crecer, te hiciste niña y luego mujer. Aquí me diste tu amor, pero también la dentellada en el corazón y tan duro me mordiste que busqué la forma de vengarme, había decidido matarte, pero no encontraba la fórmula que me llevaría al crimen perfecto y cuando estuve a punto de acribillarte, te vi parada en la esquina rosada, tus perfumes volaron hacia mi alma y enseguida te perdoné, pues cobraste vida y te dejé para mi.

El fin del Agua.

Para cuando logró hallar la solución al daño, el Sabio se dio cuenta que las aguas ya habían cesado.

El kimono de seda.

Estando de caminata por el bosque encontré una crisálida, cubierta de resina vegetal y adherida al tronco de un árbol. Mi curiosidad quiso saber en qué estado se encontraba el insecto dentro, así que la abrí y grande fue mi sorpresa al descubrir una diminuta prenda de deliciosos matices orientales; en lugar de mariposa, un pequeño kimono de seda salía volando por los aires.

El fin del Internet.

Buscando por Internet grupos eco-anarquistas, me dejaba conducir hasta llegar a un link que al darle clic me mostró una ventana pidiendo la descarga de un archivo. Cerrándola rápidamente por temor a que se tratara de un virus informático, cambié de opinión al instante, un poco decepcionada ante mi cobardía y pensando en que nada podía suceder si no estaba haciendo algo indebido. Cuando hice clic nuevamente en el link, salió la misma ventana pero esta vez no con la opción de la descarga de un archivo sino con una inscripción que decía “Usted ha llegado al fin del Internet”

2052

Luego de la tormenta eléctrica los sensores se habían estropeado, el refrigerador no había enviado las ordenes y habría que ser creativo, el ambiente estaba congelado y oscuro, el ordenador no había logrado actualizar desconectado de la red, los teléfonos servían solo para llamadas, caos, incertidumbre, desazón, hasta que te levantaste y tu sonrisa ilumino todo, tu abrazo desnudo calentó nuestro aliento y en un momento lograste que nos conectáramos una vez más con el universo. A veces la naturaleza tiene estos trucos para recordarnos que los sensores, que nos han mantenido vivos como especie, necesitan mantenerse activos y no pueden acostumbrarse a ser suplantados por la tecnología cuántica. El amor nos recompone.

Un mar embravecido

El mar se rebela y su furia desata contra la inmunda humanidad sin límites, devolviendo afuera lo antes volcado en sus aguas saladas y en los causes dulces de sus ríos internos, el olor fétido envuelve los aires, yacen en las playas los peces que mueren por la gran contaminación, envases de pet, millones de bolsas plásticas y cosas de unicel cubren las bahías, recobrando al fin, lo que fue robado de su inmenso territorio donde empresarios ávidos de riquezas construyeron enormes hoteles y lujosas casas, el mar se reveló luciendo de nuevo su gran esplendor y su claridez.