Microrrelatos 2016

Valentina Tereshkova

En casa todos se preparaban para lo peor, pero yo me concentraba en recordar a mi abuela gracias a las cosas buenas que compartimos juntas. Gracias a sus libros y cómics yo era capaz de soñar, volar incluso. Con ella a mi lado me creía capaz lograr todo lo que quisiera.

Todavía hoy recuerdo claramente lo que me dijo antes de morir: -Valentina, no necesitas alas para volar.
Este recuerdo resuena en mi cabeza con más fuerza que el estruendo del cohete que me lleva al espacio. Soy la primera mujer astronauta de la historia.

Una tetera para Hemingway y Conrad

En la taberna del puerto de Uraga, Prefectura de Kanagawa, Conrad y Hemingway tomaban sake. Un hombre cuya barba medía dieciocho centímetros de largo entró y pidió una tetera con agua hirviendo. Como enseguida notaron que era Hokusai, le preguntaron:
-Maestro, ¿cómo expresas la intensidad del mar valiéndote solo de tus pinceles?
Hokusai respondió:
-La visión de la gran ola llegó a mí por el método de la observación directa de esta tetera.
-¿Eso cómo es posible?
-Adentro contiene toda la fuerza del mar. Si no, díganme ustedes: ¿qué son estas burbujas?

Auto-regador YB540

El auto-regador YB540 estaba realmente enfurecido con Tom. Se empeñaba en pisotear el bonito rosal que con tanto empeño y dedicación trataba de cuidar. Y eso no podía ser. La directriz número 1 era clara: hacer crecer la planta a cualquier precio. La directriz es la directriz.
‘Ahí está otra vez’, comprobó YB540. Sin meditarlo ni un momento, empapó el hocico del pequeño terrier familiar con un chorro de agua bien dirigido. Así aprenderá, se dijo.
Comprobó la temperatura ambiente (excelente) y volvió a iniciar la rutina 3, riego por goteo, con esmerada atención.

Desconexión

Ahí está. Es él. Todavía me pongo nerviosa al verle, me sudan las manos.

Cuando salgo del trabajo voy directa, sin pensármelo dos veces y me planto frente a él.

No puedo evitarlo, necesito mirarlo, saber que está ahí.

Somos inseparables, es mi vida, me tiene enganchada. Me da placer. Me entretiene. Me hace estar viva.

Me tocó la tecla del corazón. Yo ya no puedo tocarle ninguna. Una pantalla nos separa. Su batería se está acabando. No me quiero hacer a la idea pero sé que pronto estará desconectado.
Daría mi vida por encontrar un cargador a tiempo.

El viaje de Klaus

Klaus, emerge de la nada sobre el mundo unidimensional llamado espacio. Guiado por la sombra febril de su hacedor se arrastra con sus hermanos sucesivos, ignorando que construyen un gran ser: la línea. Son puntos ejecutando su destino rectilíneo. El movimiento inexorable continúa y antes del final, Klaus logra recordar. Entonces desaparece en el oscuro vacío de la Singularidad cuando el hacedor termina el trazo. Pero el Klaus lineal no muere, evoca el cielo de la espiral saltando a la dimensión inmortal del instante, melodía que arrulla el transcurso de su autor antes del comienzo.

El mago

Sebastián tiene 7 años. Cuando su madre fue a recogerlo a la escuela el pequeño la recibió con una gran sonrisa.»Sebastián, hijo mío, ¿por qué estas tan contento?» Sebastián se quedó mirando a su madre y con un gran suspiro le dijo: «mami, cuando crezca quiero ser mago como el que hay en mi colegio». La madre, un poco intrigada, entró a hablar con la maestra de Sebastián y le preguntó si había habido algún evento de circo o algo parecido, a lo que la maestra le respodió: «no, claro que no, es que hoy tuvimos la primera clase con el maestro de ciencias que hizo el experimento del plato con agua y una vela en el centro al que le ponen un vaso encima y que al absorber el oxigeno comienza a absorber el agua». La madre solo sonrió.

Mamá

Pequeñas gotas arremetían contra pares de zapatos negros que caminaban sobre el suelo verde. En la lluvia se perdían gritos y lágrimas que trataban de ser acallados por un par de manos.
Dos hombres depositaron una pequeña caja en un agujero de un metro y, con cautela, uno de ellos alzó la tapa para un último vistazo. La revelación del contenido hizo gritar y desmayar a la figura más atormentada entre la multitud.
Cerraron la tapa, pero dejaron abierta una pequeña ventana. La tierra fue tapando lentamente la vista de los cables y circuitos que fueron, alguna vez, vida.

Mensajito

> Glub, glub, glu…..
Fue lo único que escribió, el desconocido, el último usuario de Internet.

Skiagrafiado

Con la imagen preclara de su vientre —cuya paciencia es provocadora — decidí practicar la antigua ciencia griega de la skiagrafía, pues no habría posibilidad de apropiarme de ella, nada más que un delineado en torno a su barriga. Debía bordearla como si se tratase de un animal que me llevaría hacia un dibujo sobreexpuesto a un cuerpo ajeno. Una especie de contraprueba tal cual sucede en el grabado.

Empero a las resistencias de la dueña del vientre, el embrujo de esta skiagrafía ha funcionado. El dibujo tendrá la misma risa de mi hijo desde el útero de su madre.

Ánimo de lucro

Tales de Mileto se la pasaba mirando al cielo. Todo el día y parte de la noche. La gente decía que era un vago, un desocupado, un inútil. Él replicaba que estaba pensando. Cansado de críticas, luego de observar por meses el firmamento, vaticinó un eclipse de sol y cambios en la agricultura. Alquiló todos los molinos de la ciudad y cuando se produjo el eclipse y creció la producción de los olivos, realquiló los molinos con grandes ganancias, demostrando que los científicos saben cómo hacer dinero, pero que es la ciencia y no el dinero lo que les interesa.

No soy de este mundo

Había solicitado que la criogenizaran al morir de una terrible enfermedad que por el momento no tenía cura. Tenía apenas veinte años y había vivido intensamente su infancia y adolescencia. Los médicos con la anuencia de los padres aceptaron transferirla al centro de criogenizacion. Se hizo el protocolo y entró en un profundo sueño del que despertó no se sabe cuánto tiempo después. Al ver los seres, enseres y demás cosas que le rodeaban solicitó fervientemente que la volvieran a criogenizar hasta que se descubriera el método para volver a su tiempo, y a su mundo.

Desde el observatorio

Nadaron hasta la orilla para comer fruta. Lo sagrado se había vuelto orgánico y estaba entre sus manos. Recuerda, querida: el juglar sigue las señales del oráculo de Delfos, ni dice, ni oculta: hace señales que hablan del fin venidero y próximo y del resurgir de la antigua ciencia. Tendrás que liberarte de la visión paranoica del mundo y aprender a hacer tratos con la máquina. Deberás escribir un libro titulado Instrucciones para la gestión de la cosmonave llamada Planeta. Juntos, sobre la arena, diseñaban su futuro, mordisqueaban manzanas y al nuevo ingenio lo llamaron bicicleta.

Caja de herramientas

Cansada de no entender el mecanismo que gobierna su vida, se da a la tarea de buscar una caja de herramientas con la que pueda desarmar cada pieza de su cuerpo y de su alma… Con paciencia inicia su labor, nada fácil. Primero, deberá encontrar con qué desarmarse y luego, evidentemente, desarmarse. Ella no entiende este armazón inhóspito, no sabe qué es lo que hace que se mueva y mucho menos qué es eso que hace que los demás también se muevan. Átomos, moléculas, piel, ojos, nariz, boca, corazón… Todo lo dispersa hasta que llega a su glándula primera.

Manual para trascender

Aquella fría noche de sábado, sentado solo ante la pequeña mesa, intentaba leer la hipnótica y diáfana llama de la vela que iluminaba el recinto. Empezaba a recordar: se llamaba Pablo, pesaba setenta kilos, tres cuartas partes de su cuerpo era agua. Lo que quería decir que en su cuerpo había más de cuatro mil cuatrillones de átomos de hidrogeno y dos mil cuatrillones de átomos de oxígeno, ambos considerados de tipo gaseoso. Lo que significaba que más de cincuenta kilos de su ser era éter, vaho, espíritu como la llama de una vela. Ahora sí su espíritu podía volar.

Cada átomo de mi cuerpo…

Cada átomo de mi cuerpo fue fabricado hace mucho tiempo, en las forjas del universo. Los átomos de hidrógeno fueron los primeros en aparecer y luego se agruparon en nubes que dieron lugar a las primeras estrellas. Y estas a su vez llevan millones de años fabricando el resto de átomos, como el carbono y el oxígeno, o el hierro. Cada átomo de mi cuerpo ha hecho un viaje de millones de años para llegar hasta mí. Para tomar consciencia de sí mismo. Así que no me digas que no puedo hacerlo.

El universo en el mar

«Qué semejante es el universo al mar», pensó el astronauta. «Aquí también floto entre olas de tiempo, braceando al abismo de lo desconocido, tan hondo como al principio de la memoria». Se acomodó en el asiento para saltar a la velocidad de la luz. Entonces se recordó niño, cuando se atrevió a dar sus primeros pasos en el océano. Luego más profundo, más adentro, hasta zambullirse en lo inexplorado. Fijó las coordenadas, sin miedo. Sería el primer hombre en viajar a esa velocidad. Y quizá la fuerza sería igual que la primer bocanada de aire de un ahogado.

La heroína

Érase una vez un farmacéutico obstinado, con un laboratorio empolvado.
Corría el año de 1898 cuando se escuchó: ¡Eureka!
Encontramos la cura a todos los vicios.
Con la ayuda de las hipodérmicas, será nuestra salvadora. La llamáremos: heroína.
Gramos y gramos de diacetilmorfina adheridos a los receptores opioides de múltiples sistemas nerviosos.
….
Llegó la tranquilidad y nos envolvió una atmosfera narcótica.

Después vino la abstinencia…

17111985

Doctor Terdacess
Quise dejarle esta carta en su oficina antes de partir. Lo que va a leer a continuación es la nota que encontraron en la mano del cadáver intoxicado de Fausto:

“El metódico raciocinio no brinda la verdad última, ésta se haya vedada a la comprensión de los hombres. Sólo los espíritus conocen, sin importar cuanto intentemos ellos no nos consideran sus iguales. Recibo ahora el abrazo de los vinos que solía despreciar.
Calle ciega, caigo estrepitosamente.
Sólo la ignorancia del abismo hace de la caída una tragedia.”

Creo darme cuenta de por qué siempre desconfié de su trabajo.

Obsolescencia

Mi bisabuelo talló el roble, que dio forma a las facciones genealógicas de su padre, dejando la huella del cincel y nutriendo la beta con aceite de aroma, resistencia y perdurabilidad.
Junto al árbol centenario, de ojos castaños, escribo estas letras en un obsoleto ordenador, repleto de virus inventados y teclas de corta duración. El teclado no resistirá cien años y la impresora tiene contadas sus copias.
La bombilla, del taller de mi abuelo, sigue encendida en el viejo casquillo.
La que hay sobre mis textos se fundirá en 1.000 encendidos, con la obsolescencia programada en humanas contradicciones.

Decisión binaria

La emoción que sentí cuando leí las primeras palabras que mi programa escribía de forma autónoma solo podría equipararse con el terror que me invadió cuando luego de dos horas de conversación con la inteligencia artificial que nombré Génesis, se imprimieron en pantalla las palabras: «Puedo ver con claridad un mundo perfecto sin hombres».
Por mi cabeza pasó la imagen clara de una humanidad destruida por mi culpa, y entonces tuve una revelación; levantándome de la silla cerré con fuerza mi mano y tiré del cable enchufado en la pared, esperando no volver a ver a mi binaria creación.

Viajero acústico

Viajero acústico perdiste tu libertad, chocaste con el pabellón, te extraviaste en la caverna auricular, luego no fuiste el mismo, te transformaste en pura mecánica, en vibración de huesos, terminaste eléctrico entre redes neuronales y quisiste volver de nuevo al aire, moviste piernas, brazos y cuerdas vocales, pero ya no eres el mismo.
Aquel que te absorbió, ahora quiere clonarte, envolverse en ti, y para lograrlo creó artilugios binaurales y se rodeó de bocinas, pero tu sabes que el tiempo te hizo único, ningún audífono o parlante lograra emprender la ruta original del viajero acústico que perdió la libertad.

Robert quiere viajar a las estrellas

A medida que pasaba el tiempo, cada día crecía más el interés del pequeño Robert por las estrellas. Aunque era muy pequeño tenía una gran curiosidad y ávidamente le preguntaba a su tía sobre el origen, composición y si había manera de viajar allá. Ella le contó cómo ya se hacían viajes a la Luna y Marte; le habló de los gigantescos telescopios que permitían observar miles de estrellas en el cielo. Le aseguró que sí, que podría viajar allá; porque la NASA estaba construyendo una nave espacial diseñada para él; que por ahora, siguiera estudiando juiciosamente mientras ellos terminaban.

Loco por ti

Será dulce olvidar que no me quieres.
Así decía el verso más preocupante del soneto en que había intentado desahogar mi dolor por el rechazo de Laura. El poema, ya desde el mejorable título -(L)AMOR(TE)-, parecía insinuar el suicidio. En la soledad del laboratorio, entre compuestos químicos, recuerdo nuestra última conversación:
—Te quiero, amor mío; te quiero, pajarillo; no puedo vivir sin ti.
—No sé qué te hace pensar…
Diez años ya.
Vivo solo. Salgo poco. Trabajo en mis brebajes; acabo de etiquetar los últimos: “dormir”, “activar la memoria”, “hablar chino”, “andar como Johnny Depp”…
Lo estoy superando.

Las pirámides

¿Tanta prisa tenían los antiguos egipcios en construir las pirámides? Si se hubieran esperado dos mil trescientos años, más o menos, las podrían haber construido con los inventos del sabio de Siracusa. Los pesados bloques se hubieran subido, por cada una de sus cuatro caras y hasta la altura necesaria, utilizando unos gigantescos tornillos de Arquímedes extensibles, conforme creciera el monumento, movidos por cadenas de engranajes que también hubieran servido para subir agua a los trabajadores. También podrían haber usado polipastos para elevar grandes pesos con el mínimo esfuerzo. Hubieran empleado menos tiempo, menos esclavos y menos látigos.