-Amigo mío, en este país la Ciencia es todavía cosa de mártires y visionarios. Nuestras universidades, un erial, y nuestros dirigentes, ajenos o directamente contrarios al progreso de la investigación.
-Pero sus propios logros evidencian que el enfermo muestra mejoría...
-¿Mis logros? Mis logros los desluce la impotencia de saber que algunas plagas que siegan miles de vidas podrían erradicarse si los poderosos nos brindaran apoyo y financiación suficientes.
En ese momento el conserje del Ateneo se acercó y entregó discretamente la siguiente nota a quien describía tan oscuro panorama: "Don Santiago, unos señores suecos desean comunicarse con Usted".