Introducimos al gato en la caja. La probabilidad de que el dispositivo se active y libere el veneno es del 50%.
Hay que esperar dos minutos. No resisto, trato de abrir la caja y salvar al gato. Los demás me lo impiden, me sujetan de los brazos. Me resigno a esperar; a confiar en el otro 50%.
Una alarma anuncia el final de experimento. Corro hacia la caja. El profesor Schrödinger se levanta; ordena: «no abran la caja, podrían matar al gato definitivamente. Ahora mismo el gato está vivo y muerto a la vez»