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Mensaje astral
palacio
Cierto día, Henry recibió una carta. Entró al salón de clase luego del recreo, abrió el cuaderno y entre sus hojas... eureka! Algo sencillo: Quiero amarte. Firma: Margarita. Henry era aficionado de los números, los dinosaurios y los planetas. El tiempo pasó y las palabras de esa carta revotaban en las paredes de su cerebro mientras estudiaba cómo construir un cohete espacial, ese emprendimiento fue motivo de su existencia. Con 34 años buscó por Tinder y Tik Tok a Margarita. Escribió: Yo también te quiero. Construí una nave para viajar a Marte como me pediste la última vez que hablamos.
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Cierto día, Henry recibió una carta. Entró al salón de clase luego del recreo, abrió el cuaderno y entre sus hojas... eureka! Algo sencillo: Quiero amarte. Firma: Margarita. Henry era aficionado de los números, los dinosaurios y los planetas. El tiempo pasó y las palabras de esa carta revotaban en las paredes de su cerebro mientras estudiaba cómo construir un cohete espacial, ese emprendimiento fue motivo de su existencia. Con 34 años buscó por Tinder y Tik Tok a Margarita. Escribió: Yo también te quiero. Construí una nave para viajar a Marte como me pediste la última vez que hablamos.
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Cierto día, Henry recibió una carta. Entró al salón de clase luego del recreo, abrió el cuaderno y entre sus hojas... eureka! Algo sencillo: Quiero amarte. Firma: Margarita. Henry era aficionado de los números, los dinosaurios y los planetas. El tiempo pasó y las palabras de esa carta revotaban en las paredes de su cerebro mientras estudiaba cómo construir un cohete espacial, ese emprendimiento fue motivo de su existencia. Con 34 años buscó por Tinder y Tik Tok a Margarita. Escribió: Yo también te quiero. Construí una nave para viajar a Marte como me pediste la última vez que hablamos.
palacio
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El realismo físico de Alberto
palacio
Cansado del estudio grecorromano, Alberto pisó la biblioteca del Gymnasium de Luitpold y buscó entre los estantes alguna Monadologie. Este hurto se convertiría en piedra basal de una revolución científica. Se olvidó de devolverlo antes de dejar el instituto por la constante persecución político-religiosa. Alberto repasaba gustosamente los parágrafos del texto leibniciano. El cálculo infinitesimal y la armonía preestablecida hicieron de su cerebro un isótopo inestable, pero él entendía a las matemáticas como una herramienta simple e intuitiva: los conceptos abstractos adquirían valor si se traducían en el reino físico... así casi destruye el mejor de los mundos posibles.
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El realismo físico de Alberto
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Cansado del estudio grecorromano, Alberto pisó la biblioteca del Gymnasium de Luitpold y buscó entre los estantes alguna Monadologie. Este hurto se convertiría en piedra basal de una revolución científica. Se olvidó de devolverlo antes de dejar el instituto por la constante persecución político-religiosa. Alberto repasaba gustosamente los parágrafos del texto leibniciano. El cálculo infinitesimal y la armonía preestablecida hicieron de su cerebro un isótopo inestable, pero él entendía a las matemáticas como una herramienta simple e intuitiva: los conceptos abstractos adquirían valor si se traducían en el reino físico... así casi destruye el mejor de los mundos posibles.
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El realismo físico de Alberto
Cansado del estudio grecorromano, Alberto pisó la biblioteca del Gymnasium de Luitpold y buscó entre los estantes alguna Monadologie. Este hurto se convertiría en piedra basal de una revolución científica. Se olvidó de devolverlo antes de dejar el instituto por la constante persecución político-religiosa. Alberto repasaba gustosamente los parágrafos del texto leibniciano. El cálculo infinitesimal y la armonía preestablecida hicieron de su cerebro un isótopo inestable, pero él entendía a las matemáticas como una herramienta simple e intuitiva: los conceptos abstractos adquirían valor si se traducían en el reino físico... así casi destruye el mejor de los mundos posibles.
palacio
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Entre Doctores
palacio
Solía encontrarse a la Doctora Malbec con el guardapolvo puesto dando vueltas hasta tarde en su laboratorio. Se pasó la vida dibujando y borrando números en pizarras. La inmanencia ere ese misterio que le daba insomnio. Buscaba el algoritmo de dios, la ecuación de la creación, o la constante del equilibrio. La teoría del big bang le recordaba a los delirios místicos del suicidio de dios. Ella quería algo fáctico, que se pudiera reducir a un enunciado protocolar. Un día conoció al Doctor Faustroll, quien la convenció que lo importante no es importante, y volcó sus estudios a la cocodrilogía.
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Entre Doctores
palacio
Solía encontrarse a la Doctora Malbec con el guardapolvo puesto dando vueltas hasta tarde en su laboratorio. Se pasó la vida dibujando y borrando números en pizarras. La inmanencia ere ese misterio que le daba insomnio. Buscaba el algoritmo de dios, la ecuación de la creación, o la constante del equilibrio. La teoría del big bang le recordaba a los delirios místicos del suicidio de dios. Ella quería algo fáctico, que se pudiera reducir a un enunciado protocolar. Un día conoció al Doctor Faustroll, quien la convenció que lo importante no es importante, y volcó sus estudios a la cocodrilogía.
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Solía encontrarse a la Doctora Malbec con el guardapolvo puesto dando vueltas hasta tarde en su laboratorio. Se pasó la vida dibujando y borrando números en pizarras. La inmanencia ere ese misterio que le daba insomnio. Buscaba el algoritmo de dios, la ecuación de la creación, o la constante del equilibrio. La teoría del big bang le recordaba a los delirios místicos del suicidio de dios. Ella quería algo fáctico, que se pudiera reducir a un enunciado protocolar. Un día conoció al Doctor Faustroll, quien la convenció que lo importante no es importante, y volcó sus estudios a la cocodrilogía.
palacio
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Oro blanco.
Beliv
Soy millones de años, soy espacio infinito.
Soy del tiempo que conforma, polvo de estrellas a atmósferas.
Ya en la Tierra el agua dulce, me abriga entre suelo y roca.
Aquí el hombre me ambiciona, y llama a la superficie.
Sobre una pileta de sal, el sol me vuelve cristal.
No llevo el brillo del oro, soy Litio: blanco y liviano.
Litros de agua perdidos para llegar a tu mano.
Recuerda mi recorrido, en el Zoom de próxima hora,
soy la energía en tu móvil desde un pedazo de Nova.
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Oro blanco.
Beliv
Soy millones de años, soy espacio infinito.
Soy del tiempo que conforma, polvo de estrellas a atmósferas.
Ya en la Tierra el agua dulce, me abriga entre suelo y roca.
Aquí el hombre me ambiciona, y llama a la superficie.
Sobre una pileta de sal, el sol me vuelve cristal.
No llevo el brillo del oro, soy Litio: blanco y liviano.
Litros de agua perdidos para llegar a tu mano.
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Oro blanco.
Soy millones de años, soy espacio infinito.
Soy del tiempo que conforma, polvo de estrellas a atmósferas.
Ya en la Tierra el agua dulce, me abriga entre suelo y roca.
Aquí el hombre me ambiciona, y llama a la superficie.
Sobre una pileta de sal, el sol me vuelve cristal.
No llevo el brillo del oro, soy Litio: blanco y liviano.
Litros de agua perdidos para llegar a tu mano.
Recuerda mi recorrido, en el Zoom de próxima hora,
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Beliv
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Parto
karfogel
Primero todo fue tremores, vibraciones distantes y quejidos oxidados, anticipando un parto difícil.
Luego, una gota turbia como la esperanza colgó henchida y en precario equilibro hasta que su propio peso la precipitó al suelo reseco.
Abierta la senda, la siguieron chorros espásticos cargados de toses violentas, salpicaduras arteras y barrosos escupitajos que hicieron tambalear todas las convicciones.
La calma sobrevino por fin tras un último pujo arenoso. A presión constante, el líquido cristalino desalojó las impurezas, manando fresco y confiable.
Pulmones llenos de vida lanzaron gritos eufóricos dando la bienvenida al milagro del agua potable.
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karfogel
Primero todo fue tremores, vibraciones distantes y quejidos oxidados, anticipando un parto difícil.
Luego, una gota turbia como la esperanza colgó henchida y en precario equilibro hasta que su propio peso la precipitó al suelo reseco.
Abierta la senda, la siguieron chorros espásticos cargados de toses violentas, salpicaduras arteras y barrosos escupitajos que hicieron tambalear todas las convicciones.
La calma sobrevino por fin tras un último pujo arenoso. A presión constante, el líquido cristalino desalojó las impurezas, manando fresco y confiable.
Pulmones llenos de vida lanzaron gritos eufóricos dando la bienvenida al milagro del agua potable.
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Primero todo fue tremores, vibraciones distantes y quejidos oxidados, anticipando un parto difícil.
Luego, una gota turbia como la esperanza colgó henchida y en precario equilibro hasta que su propio peso la precipitó al suelo reseco.
Abierta la senda, la siguieron chorros espásticos cargados de toses violentas, salpicaduras arteras y barrosos escupitajos que hicieron tambalear todas las convicciones.
La calma sobrevino por fin tras un último pujo arenoso. A presión constante, el líquido cristalino desalojó las impurezas, manando fresco y confiable.
Pulmones llenos de vida lanzaron gritos eufóricos dando la bienvenida al milagro del agua potable.
karfogel
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Gigante
karfogel
El primero de los gigantes, pálido, se elevó palmo a palmo sobre su única pierna. Los lugareños, atónitos, lo contemplaron desconfiados, manteniendo las distancias. Nada parecido se había visto en la zona, reducto olvidado a donde no conducía ninguna autopista. No eran pocos los que sostenían que su presencia sólo traería calamidades.
Exiliado en tierra hostil, desoyó las habladurías y aguardó paciente vientos propicios. Bailarín solitario en lo alto de la colina, agitaba los brazos buscando compañía.
El molino, desde su puesto de centinela, ahuyentó los miedos, llenando de luces las tinieblas y trocando en música los silencios.
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Gigante
karfogel
El primero de los gigantes, pálido, se elevó palmo a palmo sobre su única pierna. Los lugareños, atónitos, lo contemplaron desconfiados, manteniendo las distancias. Nada parecido se había visto en la zona, reducto olvidado a donde no conducía ninguna autopista. No eran pocos los que sostenían que su presencia sólo traería calamidades.
Exiliado en tierra hostil, desoyó las habladurías y aguardó paciente vientos propicios. Bailarín solitario en lo alto de la colina, agitaba los brazos buscando compañía.
El molino, desde su puesto de centinela, ahuyentó los miedos, llenando de luces las tinieblas y trocando en música los silencios.
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Gigante
El primero de los gigantes, pálido, se elevó palmo a palmo sobre su única pierna. Los lugareños, atónitos, lo contemplaron desconfiados, manteniendo las distancias. Nada parecido se había visto en la zona, reducto olvidado a donde no conducía ninguna autopista. No eran pocos los que sostenían que su presencia sólo traería calamidades.
Exiliado en tierra hostil, desoyó las habladurías y aguardó paciente vientos propicios. Bailarín solitario en lo alto de la colina, agitaba los brazos buscando compañía.
El molino, desde su puesto de centinela, ahuyentó los miedos, llenando de luces las tinieblas y trocando en música los silencios.
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Carta al Señor Nobel
Abarman9
Señor Nobel
Perdone mi anonimato. Baste decir que unos asaltantes volaron con dinamita el ferrocarril que conducía mi marido. No le culpo, Señor. Como tampoco culparía la viuda de Abel al burro (perdone la comparación) que dejó su quijada al alcance de Caín. No, Señor Nobel, no. Usted no es custodio de su descubrimiento. Y por ello le ruego que acepte este humilde donativo para su futura fundación. Sé que la ciencia nunca explicará la maldad humana, pero quizá sí consiga aclararnos cómo nuestro corazón, tan frágil que solo dura una vida, puede ser lo bastante fuerte como para perdonarla.
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Carta al Señor Nobel
Abarman9
Señor Nobel
Perdone mi anonimato. Baste decir que unos asaltantes volaron con dinamita el ferrocarril que conducía mi marido. No le culpo, Señor. Como tampoco culparía la viuda de Abel al burro (perdone la comparación) que dejó su quijada al alcance de Caín. No, Señor Nobel, no. Usted no es custodio de su descubrimiento. Y por ello le ruego que acepte este humilde donativo para su futura fundación. Sé que la ciencia nunca explicará la maldad humana, pero quizá sí consiga aclararnos cómo nuestro corazón, tan frágil que solo dura una vida, puede ser lo bastante fuerte como para perdonarla.
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Carta al Señor Nobel
Señor Nobel
Perdone mi anonimato. Baste decir que unos asaltantes volaron con dinamita el ferrocarril que conducía mi marido. No le culpo, Señor. Como tampoco culparía la viuda de Abel al burro (perdone la comparación) que dejó su quijada al alcance de Caín. No, Señor Nobel, no. Usted no es custodio de su descubrimiento. Y por ello le ruego que acepte este humilde donativo para su futura fundación. Sé que la ciencia nunca explicará la maldad humana, pero quizá sí consiga aclararnos cómo nuestro corazón, tan frágil que solo dura una vida, puede ser lo bastante fuerte como para perdonarla.
Abarman9
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Un descubrimiento atroz
Abarman9
Sin duda un descubrimiento atroz – pensé –, pero absurdo de todos modos. “Galardonados estudios – continué leyendo – apoyan la existencia de agujeros negros que unirían distintas dimensiones del universo…” ¡Absurdo! – insistí, y tras devolverlo al estante cogí otro libro y leí lo siguiente: – “Apenas lo abrió, su atención se detuvo en aquel punto... él sintió la gravedad del punto… lo vio crecer y crecer, transformarse en un enorme agujero… alrededor del agujero, entretanto, comenzaron a gravitar letras, palabras, páginas blancas, partículas de luz, átomos de su rostro... Sin duda un descubrimiento atroz – acababa de pensar –, pero absurdo de todos modos...”
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Un descubrimiento atroz
Abarman9
Sin duda un descubrimiento atroz – pensé –, pero absurdo de todos modos. “Galardonados estudios – continué leyendo – apoyan la existencia de agujeros negros que unirían distintas dimensiones del universo…” ¡Absurdo! – insistí, y tras devolverlo al estante cogí otro libro y leí lo siguiente: – “Apenas lo abrió, su atención se detuvo en aquel punto... él sintió la gravedad del punto… lo vio crecer y crecer, transformarse en un enorme agujero… alrededor del agujero, entretanto, comenzaron a gravitar letras, palabras, páginas blancas, partículas de luz, átomos de su rostro... Sin duda un descubrimiento atroz – acababa de pensar –, pero absurdo de todos modos...”
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Un descubrimiento atroz
Sin duda un descubrimiento atroz – pensé –, pero absurdo de todos modos. “Galardonados estudios – continué leyendo – apoyan la existencia de agujeros negros que unirían distintas dimensiones del universo…” ¡Absurdo! – insistí, y tras devolverlo al estante cogí otro libro y leí lo siguiente: – “Apenas lo abrió, su atención se detuvo en aquel punto... él sintió la gravedad del punto… lo vio crecer y crecer, transformarse en un enorme agujero… alrededor del agujero, entretanto, comenzaron a gravitar letras, palabras, páginas blancas, partículas de luz, átomos de su rostro... Sin duda un descubrimiento atroz – acababa de pensar –, pero absurdo de todos modos...”
Abarman9
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Divulgación
Abarman9
Abrió el periódico y leyó:
Hombre joven y sano ofrece: piel (pulgada), 5€; cuero cabelludo, 20€; semen, 40€; sangre (litro), 60€; bazo, 100€; intestino delgado (metro): 200€; ojo derecho o izquierdo, 800€; 3/4 riñón, 5.000€; mano y antebrazo, 18.000€; 1/2 hígado, 40.000€; Envíos a toda España. Acepto pago contra reembolso. Análisis de laboratorio incluidos. Envíos en 24/48h. gratis si supera 800€ al comprar. En caso de rechazo o infección, no se admiten devoluciones; n.º referencia del anuncio 39392…
–¡Y además en la página dos! –exclamó mientras pasaba la hoja– ¡Para que luego digan que la ciencia no está bien divulgada!
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