A mis casi 40 años y tener una vida muy activa con mucha adrenalina, probando deportes de alto riesgo como moto velocidad, paracaidismo, montañismo, senderismo, surf y otros inventos, que me hacían sentir muy grande.
Un día mi primo Manuel trajo un telescopio portátil muy novedoso y potente para ver la próxima lluvia de estrellas. Le solicité aprender un poco del mundo exterior, a los días siguientes, descubrí el mundo de la astronomía, encontrando cosas inimaginables y entendiendo que pequeños somos nosotros en esta ventana al maravilloso universo, desde entonces soy un astrónomo más.