-¿Para qué sirve la ciencia, papá?
En el mismo instante en que esas palabras entraron en su oído fueron transmitidas y transformadas en impulsos eléctricos que viajaron a velocidades increíbles a través de enormes vainas de mielina hasta llegar a su cerebro. Allí, en las profundidades de su mente, una red neuronal de una complejidad inabarcable descodificó la información y elaboró una respuesta en nanosegundos. Tras ello se activaron todos los nervios motores necesarios para controlar y regular los cientos de músculos que le permitieron finalmente expresar la respuesta a la pregunta de su hija:
-Para nada realmente útil, supongo.