Aquella extraña lista, escrita en papel amarillento, fue lo que encontré ordenando los cajones de nuestra abandonada casa familiar. En el encabezado se hallaba el nombre de Eleanor Bernal, mi bisabuela, y al final una frase: “Objetivos para nunca cumplir. Contestar dentro de 100 años si así ha sido”.
Miré por la ventana y le respondí. Espero que pudiese escucharme.
- ¿A qué te refieres? - Preguntó asombrada su madre.
- ¿Es que no lo ves? Por fuera y por dentro. Las calles, los mares… pero también los corazones - respondía enojada.
- ¿Los corazones?
- Sí. Nadie en su sano juicio destrozaría el lugar que nos da la vida, los pulmones del planeta. Si lo hacen, es que no tienen el corazón limpio.
- Y… ¿qué podemos hacer nosotras?
- Limpiar corazones mamá, con nuestro ejemplo.