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Proxima-b, un mundo potencialmente habitable en nuestro vecindario cósmico

5 de Octubre de 2016
Sin duda alguna, ha sido una de las grandes noticias científicas de lo que llevamos de año. El pasado 24 de agosto, un equipo internacional de astrónomos liderado por el Dr. Guillem Anglada Escudé, anunció el descubrimiento de un planeta...

De masa parecida a la terrestre y situado dentro de la zona de habitabilidad estelar (ZHE) de Proxima Centauri, la estrella más cercana a la Tierra después del Sol, una enana roja situada a 4,23 años luz.

¡Un planeta potencialmente habitable a la vuelta de la esquina desde el punto de vista astronómico! Naturalmente, un hallazgo de este calibre ha provocado una «sacudida sísmica» de gran intensidad, y no solo en el seno de la comunidad astronómica. Las elucubraciones acerca de las posibilidades de que este mundo vecino pueda albergar vida han hecho correr, en muy pocos días, ríos de tinta. Y realmente, el alborozo no es para menos, pero dicho esto, hemos de ser muy prudentes al respecto, puesto que lo que conocemos es poco, y lo que desconocemos mucho. Intentemos aclarar algunos puntos clave de este asunto.

Lo que conocemos

Como ocurre con la gran mayoría de los exoplanetas que hemos descubierto hasta el presente, no hemos detectado la presencia de Proxima-b observándolo directamente.

Es demasiado débil y está demasiado cerca de su estrella para que podamos verlo utilizando nuestra tecnología actual. La detección de Proxima-b se ha llevado a cabo observando las variaciones de la velocidad radial de la estrella, es decir, analizando el pequeño vaivén periódico que sufre, debido a la presencia del planeta y a que ambos cuerpos giran alrededor del centro de masas común. Este método de observación solo nos permite determinar el período de revolución del planeta (es decir, su «año») y un valor mínimo para su masa. En nuestro caso, el período es de 11,2 días, y la masa mínima es de 1,3 masas terrestres. Suponiendo que la órbita sea circular, el período de revolución nos indica que Proxima-b orbita a unos 7,5 Mkm de Proxima Centauri; y ello, teniendo en cuenta que se trata de una enana roja de luminosidad muy baja, implica que, en la actualidad, el planeta se halla dentro de la zona de habitabilidad estelar, es decir, la zona donde un planeta de características parecidas a la Tierra podría albergar agua líquida en su superficie. De hecho, la temperatura de equilibrio en la superficie de Proxima-b ha de ser de unos –39 °C; aunque, si su atmósfera presentara cierta cantidad de gases invernadero, como el CO2 o el vapor de agua, la temperatura fácilmente subiría por encima de los 0 °C (recordemos que la temperatura de equilibrio de la Tierra es de –18 °C).

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Variaciones de la velocidad radial de Proxima Centauri debidas a la presencia del planeta Proxima-b.

Por lo que respecta a sus características físicas, el planeta podría ser un cuerpo rocoso, de tipo Tierra o supertierra, pero también podría tratarse de un minineptuno. La clave está en conocer su densidad, parámetro que de momento no conocemos. De todas formas, los distintos modelos con los que se trabaja parecen indicar que la masa total será posiblemente inferior a 3 masas terrestres, con lo que es muy probable (aunque no seguro) que estemos ante un planeta rocoso.

Lo que podemos suponer

Dado que el planeta se encuentra tan cerca de la estrella, podemos suponer, con un alto grado de confianza, que el eje de rotación será perpendicular al plano de su órbita (con lo que no habrá estaciones) y que muy probablemente presentará una rotación sincrónica, tal como le ocurre a la Luna con respecto a la Tierra.

Esto quiere decir que en un hemisferio del planeta siempre será de día, mientras que en el otro reinará una noche perpetua. En este caso, las condiciones ambientales del planeta dependerán, en gran medida, de la magnitud de la atmósfera que posea (si es que la tiene), y de su composición, así como de la cantidad de agua presente en su superficie. Si Proxima-b posee unas características físicas parecidas a las de la Tierra, podríamos estar ante lo que se denomina un eyeball planet. En este caso, si el volumen de agua superficial fuese limitado, el hemisferio que mira hacia la estrella sería desértico, mientras que el hemisferio nocturno tendría una acumulación de agua congelada. En tales circunstancias, las zonas de crepúsculo perpetuo podrían gozar de unas condiciones ambientales óptimas para la vida tal y como la conocemos. Si la cantidad de agua fuera considerable (del orden del 60 % de la de la Tierra o más), si la atmósfera ejerciera una presión superficial del orden de 1 bar, y si el nitrógeno fuese el principal constituyente, podríamos estar ante un mundo océano, completamente congelado salvo en la región que mira hacia su estrella. Con el mismo rango de presiones superficiales, la misma cantidad de agua y una atmósfera dominada por el CO2, podríamos estar ante un planeta completamente recubierto de agua líquida. Pero, por otro lado, con una atmósfera de CO2 más masiva, se habría dado un efecto invernadero descontrolado y, entonces, el planeta sería un exovenus, es decir, un mundo tan poco hospitalario para la vida como Venus, nuestro falso gemelo en el sistema solar.

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Dos posibles aspectos de Próxima-b como eyeball planet (Fuente: Blog Eureka)

Todo esto no son más que conjeturas basadas en modelos que pueden ser más o menos adecuados. El hecho es que estamos ante un planeta de masa terrestre situado en la zona idónea para que pueda albergar vida; sí, un mundo potencialmente habitable, ¡pero esto no quiere decir en absoluto que lo sea! Y en todo caso, el término habitable debe tomarse aquí en su sentido más amplio; por tanto, un mundo con condiciones ambientales extremas, inhabitable para nosotros pero no para ciertos tipos de microorganismos, por ejemplo, ya cabría en dicha definición.

 

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Temperatura superficial de Próxima-b en función de la composición atmosférica y el tipo de rotación La temperatura media de la Tierra es de 287 K (14 °C) (Turbet et al.)

Las incertidumbres son tales que no podemos ir más mucho allá. Sin embargo, no tardaremos mucho en saber algo más. Proxima-b se halla «tan cerca» de nosotros que futuras generaciones de telescopios ahora en proyecto, como el E-ELT europeo, de 39 metros de diámetro, o el TMT estadounidense, de 30 metros, podrán observarlo directamente, con lo que podremos determinar propiedades fundamentales, como, por ejemplo, las características de su atmósfera. Puede que de aquí a cien años, nadie salvo los especialistas se acuerde de la existencia de este planeta, o puede que pase a los libros de historia como el primer planeta habitable que descubrimos.

Sea como sea, Proxima-b no será una Tierra 2.0. Pero cada vez estamos más cerca de nuestro gran objetivo.

Para más información al respecto, recomendamos consultar los excelentes artículos del astrofísico Daniel Marín en su blog Eureka: https://danielmarin.naukas.com/2016/08/24/el-dia-que-la-humanidad-descubrio-un-planeta-habitable-alrededor-de-la-estrella-mas-cercana/

ACERCA DEL AUTOR

Jordi Aloy i Domènech
Físico y astrónomo con amplia experiencia en el mundo de la astronomía amateur. Miembro del Área de Ciencia, Investigación y Medio Ambiente de la Fundación "LaCaixa" y autor de numerosas publicaciones.
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