El pez que no tiene miedo a nada

Su radios espinosos que lleva sobre su cabeza ovalada le atribuyen su peculiar nombre: pez ballesta. Es popularmente conocido entre los aficionados al buceo. Y es que esta especie no tiene miedo a nada, tampoco a los humanos, entre los que nada sin temor alguno. Mónica Fernández-Aceytuno, bióloga y escritora, nos cuenta las peculiaridades de este pez, cada vez, más común entre nuestras aguas.

El nombre científico del pez ballesta es Ballistes Carolinensis, pero también se le conoce como pejepuercos. Esta especie de pez pertenece a la familia de peces coloridos y el orden de los Tetradontiformes.  Suele medir alrededor de los 40 centímetros y lo que más llama la atención es sus radios espinosos sobre su cabeza que le permiten defenderse cuando se siente amenazado.

El pez ballesta posee una piel dura y cubierta de ásperas escamas de color gris. A diferencia con otros peces de esta misma familia, los Balistidae poseen dos espinas: una primera rugosa y una segunda más pequeña, que cuenta con un saliente óseo. Cuando el pez ballesta levanta esta última, forman una estructura rígida que le permite defenderse de sus depredadores.

Sus ojos se mueven libremente, cada uno a su aire, al igual que sus aletas. El pez ballesta tiene una boca picuda y rugosa, que alberga ocho dientes afilados.

Características del pez ballesta

Los peces ballesta son solitarios y diurnos. Su carácter confiado lo convierte en un pez muy habitual entre los buceadores. No tiene miedo a los humanos y por ello, suele nadar junto a ellos sin inmutarse. Como explica Mónica Fernández-Aceytuno, para el pez ballesta “somos una especie más”.

Estos peces no son buenos nadadores, suelen moverse mediante impulsos ondulantes de las aletas dorsal y anal, lo que provoca que sus movimientos sean muy lentos. Por su parte, la aleta caudal suelen reservarlas para agilizar su nado en caso de verse amenazados. Y es que el pez ballesta, cuando se siente en peligro, nada a toda velocidad en busca de grietas o agujeros donde esconderse. Es en este momento cuando utiliza su aleta dorsal como armadura para bloquear su escondite o bien para lucha contra su adversario.

El pez ballesta se alimenta de invertebrados zooplancton o algas. Son auténticos moradores del fondo marino y suelen cavar en las profundidades en busca de alimento. Lo hacen agitando sus aletas y lanzando chorros de agua por la boca. Sin embargo, también utilizan sus afilados dientes y mandíbulas para comer erizos o animales que poseen cochas más duras.

Como hemos comentado anteriormente, el pez ballesta es una especie solitario, pero esto cambia en periodos de apareamiento, que suelen coincidir con los ciclos lunares y las mareas. En esta época de reproducción se vuelven muy agresivos y territoriales. Y es los machos suelen establecer una serie de zonas donde forman el nido que suele albergar cerca de miles de huevas. Las hembras cuidan de sus huevos hasta que eclosionan y lo hacen soplando sobre ellas para proporcionarles oxígeno.

¿Dónde viven los Balistidae

El pez ballesta suele encontrarse en todo tipo de fondos marinos, pero, principalmente, es popular entre las aguas subtropicales. Cada vez es más común verlo en todas las aguas de nuestra península como el Mediterráneo o el Atlántico. Pero prefieren los fondos rocosos, los arrecifes o las ruinas marinas, siempre cerca de la costa.

Existen más de 40 especies de peces ballesta y viven en los mares y océanos de todo el planeta. Aunque su mayor concentración se ubica en la región del Indo-Pacífico tropical. Entre la familia de los Balistidae existen especies pelágicas, que prefieren vivir cerca de la superficie, y otras que optan por las profundidades marinas.

Su coloridas escamas lo han convertido en un pez muy singular. Precisamente por esto, su principal amenaza es la pesca masiva para su venta en acuarios y particulares. Esta popularidad le está costando la supervivencia de algunas de sus especies, como la de el pez ballesta reina (Balistes vetula)