Historias del cambio
Josefina Castellví, pionera de la ciencia española en la Antártida
La bióloga española Josefina Castellví fue una pionera en el estudio de microorganismos adaptados a condiciones extremas y centró su trabajo en la Antártida, ayudando a crear una base científica permanente española en el continente helado
Hablar de la presencia científica española en la Antártida supone hacerlo inevitablemente de Josefina Castellví. Su nombre está ligado a uno de los capítulos más apasionantes de la ciencia española contemporánea: la llegada de España al continente helado y la consolidación de un programa científico que hoy forma parte de las grandes redes internacionales de investigación polar.
Bióloga, oceanógrafa, microbióloga y divulgadora, Castellví dedicó gran parte de su vida al estudio del océano y de los ecosistemas extremos. Gracias a su trabajo y a su perseverancia, España logró establecer una presencia estable en la Antártida y participar en investigaciones clave sobre cambio climático, biodiversidad y océanos. Fue pionera en muchos aspectos científicos, y también al lograr abrirse camino en un ámbito de trabajo y una época en los que la presencia de mujeres era mínima.

Josefina Castellví Piulachs nació en Barcelona en 1935. Desde muy joven mostró interés por la naturaleza y la biología, una inclinación poco habitual para las mujeres de aquella generación, especialmente en un país donde las oportunidades científicas femeninas eran limitadas.
Estudió Ciencias Biológicas en la Universidad de Barcelona y pronto orientó su carrera hacia la microbiología marina. En aquellos años, la oceanografía española estaba todavía dando sus primeros pasos modernos, y dedicarse al estudio científico del mar era casi una aventura intelectual.
Tras completar su formación, comenzó a trabajar en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), institución con la que desarrollaría prácticamente toda su carrera profesional. Su especialización en microbiología marina la llevó a investigar organismos microscópicos capaces de sobrevivir en ambientes extremos, una línea de trabajo que acabaría conectándola con los ecosistemas polares.
Ciencia en la Antártida
En 1984, Josefina Castellví participó en una expedición científica internacional a la Antártida, convirtiéndose en una de las primeras mujeres españolas en trabajar allí. Aquella experiencia marcaría el resto de su vida.
En una época en la que España apenas tenía presencia en la investigación polar, Castellví comprendió rápidamente el enorme valor científico y estratégico de formar parte del sistema antártico internacional. La Antártida no era únicamente un territorio de exploración: era también un espacio de cooperación científica global y de diplomacia internacional basada en el conocimiento.
Desde entonces, dedicó grandes esfuerzos a impulsar la participación española en la investigación antártica. Durante los años ochenta, España comenzó a plantearse seriamente la necesidad de desarrollar un programa científico polar propio. El país aspiraba a integrarse plenamente en el Tratado Antártico, el acuerdo internacional que regula las actividades científicas y políticas en el continente.

Una vista de la Base Antártica Española Juan Carlos I, en la isla Livingston. | FOTO: Wikimedia Commons
Josefina Castellví desempeñó un papel decisivo en ese proceso. Su experiencia científica, sus contactos internacionales y su capacidad organizativa fueron fundamentales para convencer a las instituciones españolas de la importancia de establecer una presencia permanente en la Antártida.
Ese esfuerzo cristalizó en la creación de la Base Antártica Española Juan Carlos I, situada en la isla Livingston, en el archipiélago de las Shetland del Sur. La base comenzó a operar a finales de los años ochenta y se convirtió rápidamente en uno de los principales centros científicos españoles en el continente helado.
Castellví asumió la dirección de la base durante varias campañas antárticas. No era una tarea sencilla. Las condiciones extremas del entorno obligaban a coordinar logística, seguridad, investigación y convivencia en un lugar aislado, sometido a temperaturas extremas y cambios meteorológicos bruscos.
Aquellas campañas exigían una enorme capacidad de liderazgo y resistencia física. La científica catalana supo combinar el rigor investigador con una visión profundamente humana del trabajo en equipo. Muchos de los investigadores que participaron en aquellas primeras expediciones recuerdan todavía hoy su energía, disciplina y capacidad para resolver problemas en situaciones complejas.

Paisaje de la Antártida, el lugar con la mayor acumulación de hielo del mundo. | FOTO: Alkalenski vía Pixabay
Aunque su figura suele asociarse a la construcción del programa antártico español, Josefina Castellví nunca dejó de lado la investigación científica. Su especialidad fueron las bacterias marinas y los microorganismos adaptados a ambientes extremos.
Los ecosistemas polares ofrecen condiciones únicas para estudiar formas de vida capaces de resistir temperaturas muy bajas, escasez de nutrientes y largos periodos de oscuridad. Estos organismos ayudan a comprender mejor la evolución biológica y los límites de la vida en la Tierra.
Castellví defendió siempre la necesidad de proteger la Antártida como espacio dedicado a la ciencia y la cooperación internacional. Para ella, el continente blanco representaba también un ejemplo de cómo el conocimiento puede unir a países diferentes en torno a objetivos comunes.
Una pionera para las mujeres en la ciencia
Josefina Castellví desarrolló su carrera en décadas en las que las mujeres apenas ocupaban puestos de liderazgo científico y donde la presencia femenina en expediciones internacionales era excepcional.
Su trabajo ayudó a abrir camino a nuevas generaciones de investigadoras españolas en ámbitos como la oceanografía, la biología marina, la geología o la climatología polar.
Con el paso de los años, se convirtió en una referencia habitual en iniciativas de divulgación y programas destinados a fomentar vocaciones científicas femeninas. Recibió numerosos premios y distinciones. Uno de los homenajes más simbólicos fue la denominación de un monte de la isla Livingston como “Castellví Peak”, un reconocimiento reservado a figuras de especial relevancia científica en la exploración del continente.
Josefina Castellví falleció en febrero de 2026, dejando tras de sí una vida dedicada a la ciencia, la exploración y el conocimiento.





