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El continente blanco alberga el 90% de agua dulce del planeta

¿Sabías que la Antártida también ha sido conocido como el “continente blanco”? Esto se debe a la predominancia del color blanco en su superficie. Sin embargo, esto no ha sido siempre así y debido a la crisis climática, científicos y expertos auguran que este territorio donde predomina el hielo vuelva a convertirse en un lugar de frondosos bosques.

La Antártida es un continente situado en el hemisferio sur y se encuentra rodeado por el océano atlántico. Contiene el polo sur y gracias a su extensión de 14 000 000 km² es el cuarto continente más grande del mundo.

Desde su descubrimiento, hace más de 200 años, el continente blanco es un auténtico hervidero de exploraciones e investigaciones científicas. En 1959 se firmó el Tratado Antártico que sienta las bases de las relaciones internacionales con respecto a la Antártida. En este tratado se expone que “la libertad de investigación científica en la Antártida y la cooperación hacia ese fin” y que “la Antártida se utilizará exclusivamente para fines pacíficos“. 

La Antártida, o continente blanco, posee una serie de características que lo convierten en una zona única. Su promedio de precipitación anual, oscila entre los 101 y 152 mm, similar a la zona más seca del Sáhara.

Además, el 90% de los recursos de agua dulce disponible en el planeta se encuentran en el continente blanco a pesar de que no existen ni ríos ni lagos en su territorio. Y a su vez, el agua dulce es solo el 0,01% del total del agua del planeta.

Las principales amenazas del continente blanco 

La cantidad de agua presente en la Antártida lo convierte en un continente indispensable para la vida en el planeta que, sin embargo, se está viendo amenazado por la crisis climática. El calentamiento global es una de las mayores amenazas del continente blanco, pero no el único.

La colonización de especies invasoras en la Antártida es otro de los riesgos medioambientales que sufre el polo sur. Debido al calentamiento global, numerosas especies son capaces de adaptarse a las condiciones de este helado continente. La crisis climática y la actividad humana en el continente blanco están debilitando esas barreras y permitiendo la recepción de especies invasoras como el “mosquito sin alas”.