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Doñana superó Aznalcóllar pero sigue en peligro

25 de Abril de 2017

Doñana ha vuelto a ser noticia durante los últimos meses por la reducción de sus recursos de agua y por el proyecto de construcción de un gran deposito de gas natural en su subsuelo.

Algunas entidades ecologistas han advertido de que estas amenazas podrían poner en peligro la condición de Doñana como Patrimonio de la Humanidad, distinción concedida en 1994 por la UNESCO. La explotación del agua -en muchos casos de forma irregular- por parte de los agricultores está reduciendo día a día los recursos que de forma natural alimentan las marismas de una zona que está considerada como uno de los espacios naturales más importantes de Europa.

Este 25 de abril, no obstante, Doñana nos vuelve a la memoria por el siniestro de 1998 en Aznalcóllar. Como se recordará, la presa de la balsa de decantación de la mina que gestionada la empresa sueca Boliden AB se rompió y se escaparon de su interior unos 4,5 millones de metros cúbicos de agua contaminada y lodos con altos contenidos de metales pesado. El vertido afectó a una superficie de más de 4.600 hectáreas en la cuenca de los ríos Guadiamar y Agrio. Afortunadamente no se produjeron desgracias personales.

Las hemerotecas y los archivos en internet nos ayudan a recordar con todo detalle aquel desastre, y puestos a escoger recomendaría la lectura del informe La rotura de la balsa de residuos mineros de Aznalcóllar (España) de 1998 y el desastre ecológico consecuente del río Guadiamar: causas, efectos y lecciones, firmado por Francisco José Ayala-Carcedo (investigador del Instituto Geológico y Minero de España) y publicado en el Boletín Geológico y Minero.

Además del relato de los hechos creo imprescindible que destaquemos que, ante de aquel fatídico 25 abril, diversos estudios habían advertido del riesgo que suponía -en especial para el Parque Nacional de Doñana la existencia de una balsa con grandes cantidades de residuos mineros peligrosos en la cabecera fluvial de la que se alimentan las marismas del delta del Guadalquivir. También es de lamentar que 19 años después del incidente todavía no se hayan depurado las responsabilidades por aquel suceso y su impacto sobre el medio ambiente.

Nuestro planeta estaría mucho más seguro y tranquilo si los humanos aprendiéramos de nuestros errores. Por desgracia, el accidente de Aznacóllar no sirvió de ejemplo para evitar que este tipo de situaciones se sigan produciendo en muchos otros puntos del planeta.

Miles de explotaciones de todo el mundo siguen acumulando sus residuos contaminantes sin las más mínimas medidas de seguridad. Solo en España, en un balance no oficial difundido por Greenpeace en 2010 se indicaba la existencia de unos 80 embalses mineros potencialmente peligrosos.

Recuerdo dos ejemplos muy concretos que advierten que este tipo de acumulaciones de lodos puede acabar en tragedia.

El 4 de octubre de 2010, la balsa de residuos de la fábrica de alúmina de Ajka (Hungria) se fracturó y dejó escapar cerca de un millón de metros cúbicos de agua contaminada y barro de color rojizo, con altos contenidos de óxido de hierro e impurezas de titanio, vanadio y otros metales pesados. La riada provocó 10 muertos y afectó a casi 40 kilómetros cuadrados de terreno.

En Brasil, el 5 de noviembre de 2015, la rotura del dique de contención de una balsa de agua y residuos de una mina de la compañía Samarco destruyó completamente el poblado de Bento Rodrigues e inundó parcialmente otros seis poblados del estado de Minas Gerais (sudeste de Brasil). Los equipos de rescate encontraron 12 cadáveres y 11 personas más fueron dadas por desaparecidas.


Nivel de los lodos alcanzados en el vertido de la mina de Aznalcóllar en la rivera del Guadiamar.
Autor:  Pablo,CC BY 2.0, via Wikimedia Commons

Volviendo a Aznacóllar, es cierto que el enorme impacto mediático y social del siniestro de 1998 provocó una reacción política que ayudó a recuperar la zona que más tarde se conocería como el corredor verde del Guadiamar. Los trabajos de limpieza de la zona afectada por el vertido fueron controvertidos y complejos; aunque finalmente se consiguieron resultados globalmente positivos (pese a que todavía quedan pequeños puntos contaminados).

Ente los aspectos más negativos, destaca la evidente falta de previsión por parte de las administraciones públicas, la falta de escrúpulos de empresas como Boliden y la decepcionante respuesta de los órganos judiciales. 

El corazón de Doñana se salvó de los efectos directos de la tragedia de Aznalcóllar. Esperemos que también supere los retos actuales y siga ostentando títulos como el de Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad.

ACERCA DEL AUTOR

Joaquim Elcacho
Joaquim Elcacho. Periodista especializado en medio ambiente y ciencia. Coordinador de La Vanguardia Natural, canal/sección de medio ambiente y naturaleza de la edición digital de La Vanguardia. http://www.lavanguardia.com/natural
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